José Luis Rodríguez Zapatero, ayer en rueda de prensa. - JAIME GARCÍA

Zapatero encumbra a Rubalcaba y cambia su proyecto político para intentar la remontada

Prescinde de De la Vega, ficha a Jáuregui en Presidencia, aúpa a Jiménez a Exteriores, liquida Igualdad y Vivienda y descabalga a Pajín de Ferraz

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GABRIEL SANZ

MADRID

«Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo», parecía decir Zapatero a los periodistas, parafraseando a Ortega y Gasset, cuando ayer le preguntaron por qué no dijo la verdad el pasado domingo. Sabía que muchos de los que asistían a su rueda de prensa en La Moncloa estaban indignados porque le habían oído un claro «no» cuando, tomando un aperitivo en Ponferrada, se le preguntó si cambiaría a alguien más que el ya ex ministro de Trabajo Celestino Corbacho. En lugar de reconocer que no dijo la verdad, ayer eligió el camino de la reserva mental para justificarse: «El primer paso para la remodelación lo di el domingo por la tarde y solamente se toma una decisión de este tipo cuando se da el primer paso».

Pero quitar a la que ha sido su «mano derecha» durante seis años y medio de gobierno, María Teresa Fernández de la Vega; para nombrar vicepresidente a Alfredo Pérez Rubalcaba, con todas las lecturas «sucesorias» que eso conlleva; quitar al ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos; para aupar a la derrotada en las primarias del PSM Trinidad Jiménez; hacer el guiño izquierdista de nombrar a la ex portavoz parlamentaria de IU y ex alcaldesa de Córdoba Rosa Aguilar ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, en sustitución de Elena Espinosa; sacar a Leire Pajín de la Secretaría de Organización del PSOE para convertirla en ministra de Sanidad y nombrar como sustituto en el partido a uno de los «barones» más reconocidos, el aragonés Marcelino Iglesias; por no mencionar la supresión de sus ministerios más «queridos», los de Igualdad y Vivienda, y pedir a sus titulares, Bibiana Aído y Beatriz Corredor, que se rebajen el rango —serán secretarias de Estado, a las órdenes de Pajín y de José Blanco en Fomento—... todo eso exige más tiempo que las tres horas que median entre la despedida de los periodistas en Ponferrada y la llegada de Zapatero al Palacio de La Moncloa la tarde del domingo.

En realidad, la crisis abierta por Zapatero en su Ejecutivo (la mayor de todas las que ha acometido) viene a ser una enmienda a la totalidad al proyecto político, con renuncias de fondo y de forma con las que trata de salvar lo que queda de legislatura y su liderazgo, con el objetivo final de intentar una remontada de cara a los comicios de 2012.

La remodelación estuvo acompañada del gen de la improvisación. Algunos miembros del gabinete salientes se enteraron ayer mismo —Aído en Tele 5, adonde había acudido a ser entrevistada—, pero, por ejemplo, Pajín no quiso desvelar desde cuándo sabía que iba a ser ministra. Ya antes del verano su nombre circuló en una supuesta remodelación que Zapatero abortó por las filtraciones de su círculo más íntimo. No le gustó ese episodio, según fuentes del Ejecutivo, ni tampoco el que se produjo en abril de 2009 cuando ABC destripó el primer cambio de gobierno de la legislatura mientras estaba en Washington.

«Capacidad de explicarse»

Así que ayer, después de haber jugado al despiste con la sola sustitución de Corbacho, Zapatero explicó que, una vez garantizado que los Presupuestos 2011 salen adelante y no hay adelanto electoral, «hace falta un Gobierno renovado y políticamente reforzado. Un Gobierno al que se incorporan nuevas personas con un perfil político muy claro y dirigentes con gran experiencia de gestión y con una extensa trayectoria en puestos de responsabilidad, con gran capacidad de comunicación y de explicar con claridad a la sociedad española lo que estamos haciendo». Al igual que la caída de ministerios que él se inventó (Vivienda e Igualdad), justificado en la necesidad de reducir gasto, por el camino de esta remodelación también se ha quedado la paridad —se reduce de 17 a 15 ministerios, ocupados por 9 hombres y 7 mujeres—.

El jefe del Gobierno se refirió implícitamente a la presión que habían hecho los «barones» del PSOE, en especial José María Barreda, para que remodelara ya antes del verano un Ejecutivo que consideraban muerto e inoperante y lo sustituyera por un equipo compacto de comunicadores políticos. «Entiendo que había una cierta expectativa, especialmente quizá de la opinión pública, y de parte de nuestro electorado que venía reclamando una toma de iniciativa, una acción fuerte de ofensiva política. El momento era éste», explicó Zapatero. El próximo sábado, el presidente del Gobierno se presentará así ante el Comité Federal de su partido con el «cambio de rumbo» que se le pedía casi unánimemente ante unas encuestas que dan al PP 14 puntos de ventaja, y con un secretario de Organización indiscutido entre los «barones» porque ha sido uno de ellos hasta hoy. De hecho, lo va a seguir siendo hasta que deje el cargo de presidente de Aragón en mayo. Los «barones» impidieron que fuera Gaspar Zarrías el sucesor de Pajín.

De Rubalcaba, Zapatero dijo que «no vamos a descubrirle a estas alturas» y añadió, para no entrar en si va a ser o no su sucesor: «Las lecturas son libres». Hay que tener en cuenta de que el Gobierno trabaja «para que ETA desaparezca cuanto antes» y en este sentido vino a admitir que ese tema vuelve al primer plano con su decisión de que Rubalcaba mantenga Interior y que el eurodiputado Ramón Jáuregui vuelva de Estrasburgo porque también es un gran comunicador y mantiene una «buena relación» con todos los partidos. Y luego dio una de cal y una de arena: «Nada que ver con aspectos que tengan que ver con el final de ETA», dijo, pero añadió que los esfuerzos de la izquierda abertzale aunque hoy sean insuficientes, «no caerán en balde».