DESDE SIMBLIA

¿Según convenga?

Lo alegado por socialistas y comunistas para explicar tan diferente actitud sobre Antonio Cañero resulta poco convincente

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Úno de los periodos más apasionantes de nuestra historia contemporánea es el que los españoles vivieron en el primer tercio del pasado siglo. Los años que van desde el llamado «desastre del 98» y el final de la guerra civil en 1939 son un verdadero laboratorio. Lo digo porque permite estudiar cómo dos formas de entender España no encontraron mejor solución que la de enfrentarse con las armas en la mano. También nos ofrece una excelente posibilidad para comprobar cómo los viejos problemas cuando se enquistan acaban por eclosionar de forma virulenta. La España del siglo XIX no sólo fue incapaz de solucionar cuestiones tan importantes como la educativa, la militar, la social o la religiosa sino que ni siquiera las abordó con decisión. Con el paso de los años se convirtieron en caballo de batalla y al abordarse con el advenimiento de la Segunda República, en medio de fuertes tensiones, condujeron a la guerra y a la más incivil de las guerras civiles. La que, aunque unos más que otros, a la postre, la perdieron todos.

En mi condición de historiador nunca he trabajado sobre esos tres años, me refiero a los que van de 1936 a 1939, que marcaron a sangre y fuego la historia de la España contemporánea. Probablemente no me he sentido atraído porque, salvo raras excepciones, la historia de esos tres años ha sido utilizada a conveniencia por los dos bandos que se enfrentaron. Durante el franquismo, por los vencedores del conflicto bélico, después, cuando han tenido oportunidad, por los vencidos. Unos y otros se la han arrojado a la cara, según ha convenido en un determinado momento. Un mismo hecho, incluso, ha tenido una valoración no ya diferente, sino diametralmente opuesta, según el momento y las conveniencias políticas.

Un ejemplo claro lo tenemos estos días con el caballista y rejoneador cordobés, Antonio Cañero. Una figura controvertida, más allá de su actividad como caballista y rejoneador. Participó activamente en la represión contra los republicanos y donó al obispo fray Albino los solares donde construir viviendas para los más menesterosos, que fueron el germen de lo que hoy es uno de los más populares barrios cordobeses, el que lleva su nombre. ¿Fue Antonio Cañero un represor que acabó con la vida de cierto número de personas? ¿Fue un benefactor a quien la sociedad debe reconocerle sus bondades?

En 2006, con una alcaldesa comunista gobernando Córdoba, se celebró en la Sala Vimcorsa una exposición bajo el título «Tauromaquia cordobesa». En ella se rindió homenaje al Antonio Cañero caballista y rejoneador, como se ha hecho recientemente en Cabalcor. En aquel entonces ni socialistas ni comunistas dijeron esta boca es mía. Nadie alzó la voz para que se le negase tal reconocimiento. Por el contrario, ahora hemos asistido a un ataque frontal al homenaje tributado a Cañero. Incluso el secretario provincial de los socialistas cordobeses, Juan Pablo Durán, que era vicesecretario de dicha formación política en 2006, ha abierto un expediente disciplinario al presidente de Córdoba Ecuestre, el también socialista Rafael Blanco.

Lo alegado por socialistas y comunistas para explicar tan diferente actitud resulta poco convincente ¿Asistimos en torno a Antonio Cañero a la utilización de los hechos, según convenga? A eso me refería más arriba.