IGNACIO GIL

Rubalcaba defiende la congelación de pensiones y acusa al PP de «antisocial»

El vicepresidente primero estrena la nueva comunicación del Gobierno pero choca con la portavoz del PP y la realidad del tijeretazo de Zapatero

MARIANO CALLEJA
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Al final ha resultado que la nueva «comunicación» que quería José Luis Rodríguez Zapatero en su Gobierno era esto: ataques al PP para intentar situarle en la derecha troglodita y defensa férrea del tijeretazo social del Ejecutivo socialista. El vicepresidente primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, exhibió ayer en el Pleno del Congreso las armas de este Ejecutivo remodelado que busca la remontada en las encuestas a base de descalificaciones a la oposición y a su jefe de filas, Mariano Rajoy. «El PP es un partido profundamente antisocial», aseguró Rubalcaba. Eso sí, la congelación de pensiones en 2011 impulsada por Zapatero sigue en pie, a pesar de los mandatos reiterados del Parlamento para dejarla sin efecto.

Rubalcaba ocupó por primera vez el que fuera escaño de la María Teresa Fernández de la Vega durante más de seis años. En la bancada de enfrente le esperaba la portavoz del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, con una pregunta que apuntaba directamente al flanco débil del Gobierno socialista: la congelación de pensiones. El duelo parlamentario estaba servido, y el morbo político por ver cómo se resolvería, también. Antes de empezar, algún diputado comentaba: «Si Soraya se centra en las pensiones, puede ganar. Si se dispersa, Alfredo no tendrá compasión».

El rifirrafe previo entre Zapatero y Rajoy fue esta vez un mero trámite, todo el mundo estaba pendiente de sus segundos espadas. Cuando Bono dio la palabra a Santamaría, un rumor de expectación recorrió las filas socialistas. La portavoz del PP fue directa al grano, a la yugular de este Gobierno: «Nada arregla la comunicación cuando lo que se ha perdido es la credibilidad y la confianza, y de nada sirve dar explicaciones diferentes sobre los mismos errores; lo que se exige es un cambio de políticas. Empiecen por dejar sin efecto la congelación de pensiones».

Agujero de credibilidad

Santamaría centró el tiro en una de las medidas más impopulares del Gobierno de Zapatero, uno de los agujeros por donde está perdiendo más votos, al quedarse sin el discurso social que fue su bandera durante los años anteriores. En su primera respuesta, Rubalcaba defendió la congelación de pensiones, pero con la habilidad que le caracteriza vino a decir que el Gobierno no tenía más remedio que cumplir algo aprobado por el Congreso: «Vamos a aplicar la ley, el decreto ley que aprobó esta Cámara el 27 de mayo». Lo que no dijo es que el Congreso convalidó el decreto-ley (lo aprobó antes el Gobierno sin acordarlo con nadie) con los únicos votos del PSOE. Parecía imposible, pero el veterano político socialista, curtido en un millón de batallas de todo signo (unas más oscuras que otras), parecía menos tranquilo, quizás con menos seguridad, que en otras de sus múltiples intervenciones parlamentarias anteriores.

En este primer «round» la victoria se decantaba claramente del lado de Santamaría. Pero quedaba la segunda y definitiva parte del combate. La portavoz del PP tomó la palabra y tuvo un pequeño error: se le olvidó encender el micrófono. Y ahí estaba el presidente del Congreso, José Bono, para echar un cable rápidamente a Rubalcaba, al poner en evidencia a Santamaría: «Debe elevar el micrófono para que se la escuche», algo obvio que solo consiguió arrancar algunas risas y romper el ritmo de un debate que se ponía negro para el PSOE.

Tras la oportuna interrupción de Bono, Santamaría le contestó: «Si no se trata de hablar muy alto, sino de hablar muy claro». Bono tuvo después otro papel estelar al cortar en seco a Cristóbal Montoro cuando aprovechó una pregunta a la vicepresidenta Salgado para dirigirse a Rubalcaba y reprocharle su posición sobre las pensiones. «Señor Montoro, diríjase a la señora vicepresidenta, que es a quien pregunta». Otra vez quedó salvado el ministro del Interior.

Pues bien, en su turno de réplica, Santamaría no se desplazó ni un milímetro del hilo argumental de las pensiones: «Más de lo mismo por los mismos: las mismas respuestas, las mismas políticas y los mismos fracasos. Diga lo que quiera, pero el dinero, los pensionistas, con el PSOE no lo van a cobrar. Déles cifras, excusas y explicaciones, pero hace falta mucho más que química para transformar la mentira en verdad». «¡Muy bien!», gritó algún diputado forofo del PP.

La portavoz popular había conseguido ceñir el terreno de juego a las pensiones, el peor escenario posible para su contrincante, que para salvar el debate optó por pasar al ataque. Primero envió un dardo a Rajoy, que escuchaba atento el rifirrafe: «Le voy a decir la novedad que yo encuentro en este debate, y es que me va a oír Rajoy, porque yo he estado dos años de portavoz y jamás conseguí que se quedara a mis intervenciones». Y luego lanzó su artillería contra el PP: «Quieren lavar una imagen consolidada que tienen de partido antisocial, bien ganada». Listo como él solo, sabía que Santamaría ya no tenía más uso de palabra, y fue entonces cuando acusó al PP de subir las pensiones mínimas respecto al IPC un 3,6 por ciento cuando gobernó, mientras que el Gobierno de Zapatero lo ha hecho un 27 por ciento. «Los españoles no se olvidan de que ustedes son un partido profundamente antisocial», concluyó, con muestras evidentes de que es un parlamentario de primera. Fue Montoro, en su turno, quien recordó que el PP aprobó una ley que garantizaba la estabilidad y el poder adquisitivo de los pensionistas. «¿Dónde estaba usted?», le espetó a Rubalcaba.