Jordi Pujol, votando en el referéndum de 1978. CiU también apoyó activamente la Constitución
Jordi Pujol, votando en el referéndum de 1978. CiU también apoyó activamente la Constitución - abc
constitución de 1978

Una Corona que salió de las urnas

El Partido Comunista de España apoyó la Constitución para cuya clave de bóveda se eligió a la Monarquía

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La apelación de la izquierda extrema y del independentismo a favor de un referéndum sobre la monarquía parte de un argumento que se topa de bruces con la realidad. Apela a un supuesto déficit democrático de la Corona por no someterse a la voluntad del pueblo en referéndum. Lo cierto, sin embargo, es que la Corona como la más alta magistratura del Estado sí fue votada por los españoles y respaldada de forma abrumadura.

De hecho, la propia posición del comunismo español se enfrenta a una incómoda contradicción: el PCE respaldó activamente la Constitución de 1978 en cuya clave de bóveda se situó a la Monarquía. Y fue un eurocomunista del PSUC, Jordi Solé Tura, uno de quienes redactaron la Carta Magna.

El PCE -cuna ideológica en la que nació y creció ideológica y casi físicamente el actual líder de Podemos, Pablo Iglesias- pudo haber optado en aquel momento por la ruptura. Santiago Carrillo, sin embargo, apostó por la Constitución de 1978.

Legalizado el PCE e insertado en el juego democrático, Carrillo entró de lleno en la dinámica del consenso que dio lugar a la redacción de la Constitución y a la apuesta por la monarquía parlamentaria.

Redactada la Carta Magna y llegado el momento de votarla en referéndum, con la Corona como pieza esencial de la arquitectura del Estado, el PCE tampoco fue reticente. Otros sí, y pidieron la abstención o el voto en contra. No fue el caso del Partido Comunista, que pidió el sí a la Constitución.

El resultado fue aplastante: con una participación que rozó el 70% -pese a la intensa campaña por la abstención que cuajó en el País Vasco amparada por el nacionalismo, con el PNV al frente-, el 88,54% de los ciudadanos que acudieron a las urnas votaron a favor de la Constitución y la monarquía parlamentaria que consagra. Al contrario de la posición del PNV y de partidos del nacionalismo más radical, CiU apoyó activamente el sí.

Por otra parte, interpretar las elecciones europeas como una ruptura de aquel consenso es una deducción que, pese a ser machacona e interesadamente repetida estos días por la izquierda radical y el independentismo, no aguanta un elemental análisis en Ciencia Política. Primero, porque unas elecciones europeas son lo menos parecido a un referéndum constituyente; segundo, porque si lo hubiera sido, el resultado es demoledor: acudieron a votar menos de la mitad de los españoles, y más de la mitad de los que lo hicieron no apoyaron a candidaturas cuyos programas propugnan una ruptura constitucional y de arquitectura del Estado.

Por otra parte, que el independentismo y la izquierda radical y antisistema de Podemos apelen a un referéndum sobre la Corona no es novedad. En síntesis, reproduce posiciones que ya se expresaron en la Transición. ERC pidió el voto en contra de la Constitución de 1978, como lo hicieron -con respuesta marginal a pie de calle- los partidos de extrema izquierda e independentistas, y los de extrema derecha. Los dos extremos, con distinta motivación, compartieron el mismo discurso e idéntico objetivo.