Rubalcaba - EFE

La remontada de Alfredo y Marcelino

Todo empezó el domingo pasado. La minicrisis se convirtió en revolución. ABC reconstruye cómo Zapatero ya rumiaba los cambios desde hace meses

GABRIEL SANZ
MADRID Actualizado:

Se coge antes a un mentiroso que a un cojo, dice el refranero. Ayer, a Zapatero se le escapó ante los miembros del Comité Federal del PSOE que el domingo 17 «por la mañana» ya había decidido comenzar la revolución de gobierno esa tarde, aunque por la mañana dijera a los periodistas en León que solo iba a cambiar al ministro de Trabajo... Porque de eso se trataba, de despistar al PP, de pillarle con el paso cambiado. Llevaba meses rumiando la creación de un nuevo gobierno en el que, inevitablemente, no iban a estar ni María Teresa Fernández de la Vega, ni Miguel Ángel Moratinos ni Elena Espinosa después de seis años y medio. La cuestión era cuándo hacerlo.

Por su forma de trabajar estajanovista, sin límite de horarios, De la Vega supuso para Zapatero la figura ideal en la primera legislatura, la de mayor producción legislativa. Imprescindible coordinadora del Consejo de Ministros, desarrollaba una labor legislativa «gris» que compaginaba con el «foco» de la portavocía del Gobierno. Las invectivas parlamentarias de Ángel Acebes y Eduardo Zaplana contra una mujer de aspecto frágil, todos los miércoles en las sesiones de control del Congreso, hicieron el resto. Pero, en esta segunda legislatura, ya no era la misma. El PSOE no tenía aliados estables hasta el pacto con PNV y Coalición Canaria, y son contadas las leyes de enjundia que ha enviado a las Cortes, por temor a verlas tumbadas.

De la Vega se aferró a la coordinación política y comenzaron a llegar a oídos del jefe del Gobierno críticas por su gestión y por «ponerse de perfil» en los asuntos espinosos. El las desoyó. No nombró a José Enrique Serrano ministro de la Presidencia en el rimer gobierno tras las elecciones de 2008, como era deseo de Alfredo Pérez Rubalcaba; oficialmente para descargarla de trabajo, pero, según señalan a ABC alguna fuente, el objetivo era otro: deshacer la «coartada» de De la Vega. Zapatero no solo la salvó sino que un año después, con la remodelación de 2009, no quiso que Manuel Chaves tuviera las competencias de Función Pública y se las dio a De la Vega.

Pero, de un año a esta parte, ya no la defendía, callaba ante las críticas. Y no le gustó nada que el pasado 26 de septiembre, sin consultarle, destituyera a la ya ex presidenta del CIS Belén Barreiro por negarse a cambiar las fechas del «barómetro» de julio. Finalmente la obligó a retrasar el trabajo de campo para que recogiera el efectos de la «victoria» de Zapatero en el Debate sobre el Estado de la Nación. A él, que presume de haber independizado del poder político RTVE y otros órganos del Estado, le repateó.

Así que el domingo pasado, aterrizado en Moncloa la llamó a su despacho y estuvo departiendo con ella largo rato. De la Vega no puso ninguna pega aunque torció el gesto al saber que su sucesor sería Rubalcaba —su entorno bromea con que ha necesitado «tres hombres», Rubalcaba, Jáuregui y Serrano, para llenar su hueco—.

El resto fue fácil. Se reunió por separado con Rubalcaba, José Blanco y Leire Pajín. Fueron Chaves y José Antonio Griñan quienes convencen a Zapatero de que haga ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino a Rosa Aguilar (ex IU), en lugar de Pajín. Es entonces cuando el presidente, que quería nombrar a Bibiana Aído ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, decide que Pajín ocupe este puesto y degrada a Aído a una Secretaría de Estado.

Ni Valeriano Gómez ni Ramón Jauregui tenían idea de que serían ministros. El uno decía que la cartera sería para Chaves y el segundo se veía ya retirado en Estrasburgo. Jáuregui había «sonado» como titular de Trabajo, así que cuando el martes por la noche recibió en su móvil la llamada del presidente, pensó que iba a sustituir a Celestino Corbacho.

Blanco no hará las listas

«Sé que queríais impulso e iniciativa», dijo Zapatero ayer a los miembros del Comité Federal del PSOE. Ya lo tienen. El presidente del Gobierno ha encomendado a Rubalcaba que se coordine con el nuevo secretario de Organización, Marcelino Iglesias. Blanco luchó hasta el final en su reunión con Zapatero para que el sucesor de Leire Pajín fuera el secretario del PSOE en Castilla y León, Oscar López, o, en su defecto, el secretario de Política Territorial Gaspar Zarrías.Cuando vio que Zapatero tenía claro el nombre de Iglesias, aceptó, pero dejando claro que la Acción Electoral sigue siendo suya. Según señala una fuente a ABC, intentó formar parte del Comité Federal de Listas, pero Iglesias dijo no. Será él quien sustituya a Pajín en esa comisión que confiere mucho poder orgánico.

Como Iglesias va a seguir residiendo en Zaragoza hasta que deje de ser presidente aragonés, en junio próximo, esta semana hubo un intento de que Elena Valenciano ejerciera de portavoz transitoria cuando él no esté, pero el propio Iglesias aclaró ayer que lo será él. Otra cosa, dijo, es que vaya dando juego a los miembros de la Ejecutiva. Mañana, lunes, almorzará con Blanco en Ferraz tras la reunión de la Ejecutiva para ver los últimos flecos competenciales. Esta semana y la próxima irá viéndose con ministros y después citará a secretarios generales de federación.