Pedro Ontoso
Pedro Ontoso - ABC

Pedro Ontoso: «La Iglesia vasca estuvo en el origen y el final de ETA»

El subdirector de El Correo presenta su libro «Con la Biblia y la Parabellum»

BilbaoActualizado:

Mirar al pasado «siempre es doloroso», reconoce Pedro Ontoso (Baracaldo, 1956). Pero bajo su punto de vista, la sociedad vasca no puede pasar página «sin apenas habérsela leído». Sin ánimo de realizar un «juicio sumarísimo», el subdirector de El Correo expone en «Con la Biblia y la Parabellum» el capítulo propio que merece la Iglesia en la crónica del terrorismo etarra.

«Cuando la Iglesia vasca ponía una vela a Dios y otra al diablo», reza el subtítulo de su libro. ¿A qué se refiere?

En el País Vasco, la Iglesia quería estar con las dos partes. Por un lado condenaba la violencia de ETA, quería buscar una solución. Pero también fue indulgente con la izquierda abertzale.

¿A qué se debía esa postura?

Hay que tener en cuenta que la posición de la Iglesia no es uniforme. No se puede hacer un juicio monolítico porque es una institución plural. En el libro no busco una descalificación o una aprobación en bloque. La Iglesia vasca ha condenado los atentados de ETA desde el primer momento de forma contundente, pero también ha tenido comportamientos menos claros, como el tiempo que tardó en acompañar a las víctimas o el hecho de que hablara de presos políticos. De alguna forma, todo eso contaminaba su mensaje, lo hacía menos nítido.

¿Por qué reaccionó tan tarde con las víctimas? Algunas acusan a la Iglesia vasca de actuar con cobardía.

Creo que esas denuncias son algo injustas, aunque las víctimas tienen razón cuando dicen que se han sentido desamparadas. En el periodo franquista había un clero muy identificado con el nacionalismo que de alguna forma justificaba o entendía las acciones de ETA, y todavía hoy se mantiene un discurso vinculado a lo que es la teoría del conflicto. Aquí tenía mucha fuerza el discurso del obispo José María Setién, que puede considerarse el ideólogo de la Iglesia vasca.

¿En qué momento comenzó a cambiar la situación?

Quizá a partir de los 90, con la llegada de Monseñor Blázquez. La Iglesia reaccionó y comenzó a tener una actitud mucho más cercana a las víctimas. El problema es que los obispos estaban con las víctimas, pero no se les veía. No asistían a los funerales, que perdían significación pública. Eso cambió a raíz del asesinato de Miguel Ángel Blanco.

¿Qué papel jugó la Iglesia como mediadora?

Hombres de la Iglesia estuvieron en el origen, el desarrollo y el final de ETA. Participaron en conversaciones y encuentros entre políticos y líderes de la banda. Por ejemplo, el Gobierno de Felipe González acudió a los jesuitas para llegar hasta Txomín Iturbe. El primer nombre que aparece oficialmente como facilitador es el de Juan María Uriarte, que participó en las conversaciones cuando el Gobierno de Aznar quiso acercarse a ETA después del pacto de Lizarra. El ayudante de Uriarte en ese momento era un sacerdote vasco, Joseba Segura, que acaba de ser nombrado obispo auxiliar de Bilbao. La Iglesia estaba en todos lados.

¿Qué otras comunidades eclesiásticas participaron?

Hubo conversaciones en las que estuvieron presentes comunidades como la italiana Sant’Egidio, que es como la diplomacia paralela del Vaticano. También vino aquí un redenturista irlandés, Alec Reid, que acompañó a Segura a EE.UU. para mantener una entrevista con la familia Kennedy cuando este quería ser senador. Los Kennedy habían tenido una influencia decisiva en el acuerdo de paz de Irlanda, puesto que había un «lobby» irlandés importante en EE.UU. Eso no sucedía en el caso vasco, y de hecho la entrevista no sirvió para mucho. Luego hay otros personajes, como Juan María Laboa o el cardenal Roger Etchegaray, que también tuvieron presencia en labores de mediación internacional.

¿Contó la actuación de la Iglesia vasca con el beneplácito de ETA?

La Iglesia tenía un alto índice de penetración en el tejido vasco, y eso le servía como escudo frente a un ataque. La necesitaban como mediadora. Pero sí que ha habido gente de la Iglesia que ha sufrido atentados. Hubo sacerdotes que fueron amenazados y que necesitaron escolta. No se llegaba a dar el paso de asesinarles, pero sí que estaban amenazadas y se les condenaba al ostracismo.

¿Puede poner un ejemplo?

Hay un caso de varios sacerdotes vizcaínos que en 2003 se presentaron para completar las listas de los partidos amenazados. En aquellos tiempos había una persecución terrible contra los concejales de PP y PSE. Cuatro sacerdotes se presentaron en sus listas en varios municipios vascos. Aquello no fue muy bien visto por toda la comunidad eclesial, les costó muchos disgustos. Cuando fueron a votar les increparon, atacaron el coche de uno de ellos… Fueron colocados en el lado oscuro, porque habían alzado la voz contra ETA.