EFE

El nacionalismo vasco da un último adiós a Arzalluz en su Azcoitia natal

Arnaldo Otegui y Gabriel Rufián, entre los presentes

AzcoitiaActualizado:

Sobre el féretro con los restos mortales de Xabier Arzalluz, una pantalla proyectaba el mensaje: «Porque cada árbol se conoce por sus frutos», del Evangelio según San Lucas. Más allá de las virtudes y vilezas del legado que deja tras de sí, al histórico militante del PNV no le ha faltado gente que recoja los frutos que sembró a lo largo de sus más de dos décadas como presidente del partido. Familiares y excompañeros, así como decenas de vecinos y simpatizantes, le dieron este sábado un último adiós en la parroquia de Santa María la Real de Azcoitia (Guipúzcoa), el municipio en el que nació hace 86 años.

Muchos se vieron obligados a quedarse en pie en una iglesia abarrotada desde dos horas antes de que comenzara la ceremonia. La plana mayor del PNV apareció en una comitiva encabezada por su actual presidente, Andoni Ortuzar; y el lendakari, Iñigo Urkullu. Minutos antes llegaron otros dirigentes de la formación nacionalista como su portavoz en el Congreso, Aitor Esteban.

Al margen del partido asistieron también personalidades políticas como la secretaria general del PSE, Idoia Mendia, que estuvo acompañada por su secretario de organización, Miguel Ángel Morales. En el plano cultural, destacaron el director del Bellas Artes de Bilbao, Miguel Zugaza; y su padre, Leopoldo.

Tampoco han faltaron representantes del soberanismo catalán como Gabriel Rufián o Eduard Pujol y dirigentes de Sortu y EH Bildu encabezados por Arnaldo Otegui.

«Uno de los nuestros»

Se esperaba la presencia de diversos dirigentes del nacionalismo radical. Desde el anuncio del fallecimiento, los soberanistas han dejado constancia de los lazos ideológicos que les unían con el histriónico líder del PNV. Algunos de sus dirigentes lo llegaron a calificar de «referente» en su causa secesionista: «Era uno de los nuestros», clarificó Otegui tras su visita del viernes al tanatorio bilbaíno de Begoña.

No es de extrañar el apego de los radicales a la figura de Arzalluz, tan alabado por sus dotes oratorias como cuestionado por su posición respecto a la actuación de ETA. Su armonía con los terroristas, a los que dio alas mientras negociaba en Madrid los límites del autogobierno vasco, quedó reflejada en aquella fórmula de «unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces» que se le atribuye durante un encuentro con dirigentes del sindicato LAB.

No había en la iglesia guipuzcoana representantes del PP a pesar de la visita al tanatorio de Francisco Álvarez Cascos, exvicepresidente del Gobierno. «Hemos mandado nuestras condolencias al PNV -explicó previamente el presidente de los populares vascos, Alfonso Alonso-. Y creo que lo mejor que podemos hacer es no decir lo que nos sugiere la figura de Arzalluz».