Consuelo Ordóñez, Raúl Guerra, Fernando Aramburu, Fernando Savater y Maite Pagaza
Consuelo Ordóñez, Raúl Guerra, Fernando Aramburu, Fernando Savater y Maite Pagaza - EFE

Literatura para batallar el falso relato de la izquierda proetarra

Fernando Aramburu y Raúl Guerra reciben el XVIII Premio Internacional de Covite

BilbaoActualizado:

En el Palacio Miramar de San Sebastián, acompañada por centenares de amigos, compañeros y otras víctimas del terrorismo, Consuelo Ordóñez lamentaba ayer que la historia pocas veces ha sido escrita por los más vulnerables. Su vía para dar a conocer su visión del mundo, en ocasiones más cruda y próxima a la verdad que las versiones canónicas, ha sido tradicionalmente la literatura. A juicio de la presidenta de Covite, la ficción también ha sido una herramienta para batallar el relato adulterado del nacionalismo radical sobre el terrorismo de ETA. Una empresa a la que han contribuido con sus novelas Fernando Aramburu y Raúl Guerra, que este miércoles recibieron el Premio Internacional que otorga el colectivo de víctimas.

Los años de plomo regresaron en 2016 a la lista de «best-sellers» con «Patria», de Aramburu, que en el pasado ya abordó la violencia etarra con obras como «Los peces de la amargura». Pero la primera novela que situó a una víctima de ETA como protagonista fue «Lectura insólita de “El capital”», escrita por Guerra Garrido, quien en palabras de la presidenta de Covite «ostenta el honor de haber sido el autor con más dificultades para publicar sus libros» debido a la censura «y a la violencia de persecución».

Él mismo reconoció, tras serle entregado el XVIII Premio Internacional de Covite, que el «miedo» ha sido uno de los protagonistas de su carrera, pues fue el causante de que muchas editoriales se negaran a publicar sus novelas: «Hemos estado muchos años explicando lo obvio, y ahora tenemos que salir de nuevo a explicar lo obvio», lamentó el escritor madrileño, que coincidió con Aramburu en que la «fortaleza de la ficción» fue y sigue siendo fundamental en esa «pelea por el relato».

Porque según denuncian las asociaciones de víctimas, la izquierda soberanista vasca ha conseguido exportar una versión tergiversada de los años de violencia en el País Vasco que aún hoy es aceptada en muchos sectores del territorio. Un relato que difunde la existencia de una guerra entre dos bandos y que sitúa a los terroristas como víctimas de una represión policial. Tal y como explicó Fernando Aramburu, esa idea ha calado también en ciertas partes de Europa, algo que corroboró cuando un luterano alemán le confesó que antes de leer «Patria» tenía la certeza de que el País Vasco «era un pueblo oprimido, lleno de policía».

El «crimen del silencio»

Sobre la importancia de la literatura relativa al terrorismo reflexionaron también el filósofo Fernando Savater y la eurodiputada Maite Pagazaurtundúa, que estuvieron acompañados de personalidades del País Vasco como el concejal socialista Ernesto Gasco, el delegado del Gobierno, Jesús Loza; y el director del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Florencio Domínguez. Durante su intervención, Savater puso en valor la capacidad de la ficción para aumentar la «verosimilitud de lo real»: «“Patria” ha conseguido reflejar el alcance de lo que estaba sucediendo en el País Vasco -destacó-. Los dos autores han contribuido a evitar el “crimen del silencio”».