María fue víctima de un arrebato de su ex pareja

El ex novio de la joven hizo vida normal la mañana siguiente: llevó asu otro hijo al fútbol y fue grabadoen una gasolinera con una amiga

CRUZ MORCILLO
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MADRID

Los investigadores sospechan que María Piedad García, desaparecida hace una semana en Boadilla del Monte, pudo morir estrangulada o golpeada en un «arrebato» de su ex pareja, Javier Sánchez, que apareció ahorcado cuatro días después a las afueras de El Escorial. La autopsia de Javier ha revelado que no hay restos de lucha en su cuerpo: ni arañazos, ni marcas, nada. María Piedad no se defendió: no tuvo oportunidad, de ahí que los investigadores sospechen que fue víctima de un ataque por sorpresa. Eso sí, no hablan de cuerpo ni de cadáver en ningún momento, conjurados contra las palabras malditas.

María llegó a la cena de empresa de Mercadona con una amiga, que no bebe y en teoría la iba a llevar de vuelta a casa. A las tres y media de la madrugada, Javier, padre de su hijo de ocho meses (tiene otro de nueve años de una relación anterior) insistió en llevarla. Y ella accedió. Nada extraño,habían compartido su vida durante cuatro años y tienen un hijo en común. Cuarenta minutos después, la amiga recibió un tranquilizador «sms» de Javier: «Ya la he dejado en casa», le dijo. El repetidor de la zona de la ciudad Financiera del Santander, a las afueras de Boadilla, captó la señal del teléfono y una cámara de seguridad grabó diez minutos antes el paso del Renault Modus del hombre. A ellos no se les ve. Según algunas fuentes, María pensaba volver a otro pub donde había quedado el grupo.

A partir de esa hora y hasta las ocho de la mañana, Javier Sánchez se dedicó a juguetear con su móvil y con el de la chica, según captaron varios repetidores. Cuatro horas en los que no solo envió mensajes a la madre de María diciéndole que iba a desayunar en Madrid, sino también a varios amigos de ambos. Unos los mandó desde el teléfono de ella y otros desde el suyo.

Más tarde, esa misma mañana Javier recogió a su hijo mayor, de una edad similar al de María, que vive con su madre, y lo llevó a un partido de fútbol que tenía el crío. A la una de la tarde reaparece, grabado por otra cámara de seguridad y acompañado por una amiga de Logroño en una gasolinera de Majadahonda.

«Estás muy raro, muy apagado», contó ella que le dijo. Y la respuesta de él: «Es que no he dormido, he tenido una cena y luego partido del niño». Ya por la tarde fue al Mercadona de Boadilla donde trabajaba en mantenimiento y arregló unos azulejos que se habían caído. Allí se hizo un corte con una radial de cierta importancia, pero no tanto como para impedirle conducir. Cuando se dirigía al hospital tuvo un accidente. Chocó con la mediana a la altura del kilómetro 30 de la M-45. El coche quedó casi siniestro; su padre lo recogió con la grúa y lo llevó a un taller donde más tarde la Guardia Civil llevaría a cabo la inspección ocular. Solo encontraron unas botas de ella.

En el hospital le dieron a Javier una baja de dos días, que le sirvió para no tener que explicar nada el lunes en su trabajo. Pero hubo otros que sí se las pidieron. La madre y el hermano de María le llamaron insistentemente la mañana del lunes para ver qué sabía. «La dejé a las 4.10 en casa», fue lo único que obtuvieron. Le dijeron que iban a poner una denuncia por la desaparición. Entonces apagó el móvil y huyó de la casa de Móstoles donde vivía con su padre. Se movió mucho y rápido, casi seguro en tren de cercanías, de ahí que los investigadores anden como locos peinando un terreno enorme entre Boadilla, Brunete y Villanueva de la Cañada.

Buitres en Galapagar

El entorno coincide en que Javier era un buen tipo. Aficionado al senderismo —de ahí que conozca bien el campo y eso esté dificultando la búsqueda— y al parapente. En unas vacaciones en la playa salvó la vida a un niño que se estaba ahogando. Para los investigadores resulta extraño que no dejara una carta o una pista cuando se suicidó la noche del martes. Antes habló con su padre que le ofreció acompañarlo a la Guardia Civil. Llegaron a barajar que alguien le hubiera robado la cartera; solo llevaba en sus bolsillos unas monedas.

El viernes un ciudadano avisó de que había visto buitres sobrevolando una zona de Galapagar. Todos se temieron lo peor, aunque fue una falsa alarma. A partir de mañana, la Unidad de Subsuelo se va a meter en cada colector y en cada depuradora de la zona. Una semana sin María empieza a quebrar la esperanza.