Un tesoro rupestre en La Pedriza

La Sierra madrileña alberga casi una veintena de yacimientos en los que se pueden admirar pinturas prehistóricas que cuentan con más de 4.000 años de antigüedad. Se trata de un patrimonio intacto y de gran valor

VIRGINIA SAURA
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La piedra, el lienzo por excelencia de los pintores prehistóricos, domina el entorno de La Pedriza, un enclave situado en la vertiente sur del Guadarrama. Desde sus salientes elevados, cualquiera puede observar la belleza de su enrevesado paisaje, bañado por el embalse de Santillana pero, debajo de sus rocas, se esconde otra faceta que es, si cabe, más digna de admirar: las pinturas rupestres del Abrigo de Los Aljibes.

Arte primitivo que representa un grupo de figuras masculinas que, después de cuatro mil años, han llegado hasta nosotros casi intactas. En 1989 y «por casualidad», se descubrieron estas pinturas datadas entre las fases finales del neolítico y principios de la Edad de Bronce, explicó José Luis Martínez-Almeida, durante su visita a la cueva donde se encuentran. Acto con el que el director general de Patrimonio Histórico de la Comunidad quiso conmemorar el 25 aniversario del traspaso de competencias, en materia de conservación, al Gobierno regional. Un cuarto de siglo en el que se han descubierto la mayoría de los 19 yacimientos de arte rupestre que hay en la Comunidad. «Una de las facetas más desconocidas del patrimonio madrileño», según apuntó Martínez-Almeida.

En concreto, el Abrigo de los Aljibes se compone de varios signos geométricos y hasta 25 figuras antropomorfas de tipo esquemático, cuyo significado «aún se desconoce», aclaró el director de Patrimonio. Aunque todo parece indicar que el dibujo, realizado en diferentes tonos rojizos, representa un rito ceremonial en el que solo participaban hombres.

«El arte rupestre es una de las facetas más desconocidas con las que cuenta el patrimonio madrileño»

Para acceder a este rincón es necesario ascender por peñascos y pasar angostos caminos que llevan a la pequeña oquedad, apenas visible entre la hojarasca del lugar. El Abrigo de los Aljibes es una cueva de seis metros de profundidad, con dos metros de anchura y apenas metro y medio de altura máxima, cuyo acceso se hace irremediablemente complicado. No obstante, éste no está abierto al público. Dos verjas franquean las dos entradas, con el fin de preservar estos vestigios de historia postpaleolítica.

Sin acceso público

Ahora, más de veinte años después de su descubrimiento, la Comunidad está estudiando varias alternativas para que los madrileños puedan acceder a estas pinturas que Martínez-Almeida calificó como un soporte de aquello «que ha ido forjando nuestra identidad desde hace 4.000 años». Actividades de difusión a través de diferentes medios como pueden ser la reimpresión del libro «Dibujos en la Roca», visitas virtuales o la creación de réplicas, son algunas de las opciones que barajan en Patrimonio. En cuanto a las rutas por las cuevas, aunque la Comunidad no las descarta, tampoco las contempla, en principio, para evitar el deterioro de los grabados, al igual que ocurrió en la cueva del Reguerillo.

Esta cueva, situada en la localidad de Patones, fue descubierta a principios del siglo XX y hasta el año 89 fue el único yacimiento de arte rupestre de la Comunidad. El enclave se podía visitar hasta hace poco cuando, a causa del deterioro de sus dibujos, se tomó la decisión de cerrar definitivamente el acceso público, aclaró Martínez-Almeida. La cueva de Reguerillo es el único ejemplo de arte rupestre atribuido al Paleolítico superior, ya que los demás presentan pinturas esquemáticas postpaleolíticas.

«Ya no será necesario viajar a Ávila, Segovia o Toledo porque en Madrid podemos disfrutar del mejor patrimonio»

El Abrigo de los Aljibes y la cueva de Reguerillo son dos de los 19 enclaves con pinturas rupestres que se han encontrado en la Comunidad de Madrid. Entre los motivos más dibujados en estos yacimientos se encuentran las barras, las puntuaciones, los motivos abstractos y geométricos y las representaciones esquemáticas de figuras humanas y de animales.

Estos vestigios del arte primitivo, que datan de miles de años, son una parte del patrimonio histórico que, aunque poco accesible para el público en general, Martínez-Almeida calificó como uno de los «tesoros más antiguos» que se conservan en la Comunidad Madrid.

Legado histórico

No obstante, en estos 25 años, Patrimonio también ha trabajado en otros proyectos que han acercado a los madrileños el legado histórico de sus antepasados.

Y es que, Madrid también es rica por sus restos paleontológicos. Pinilla del Valle y la ciudad romana de Complutum, en Alcalá de Henares, son un ejemplo de ello. Además, desde 1999, la Comunidad cuenta con el Museo Arqueológico Regional, que próximamente será ampliado.

Durante estos años, también se han restaurado infraestructuras civiles como la Plaza de Chinchón o la calzada romana de Galapagar; recintos amurallados, en Buitrago de Lozoya; el castillo de Manzanares; e iglesias y conventos como la Capilla del Obispo o el Convento de las Comendadoras.

Por último, Martínez-Almeida recordó que el patrimonio de Madrid tiene una riqueza que muchas veces los propios madrileños desconocen y que desde su departamento pretende difundir sobre todo al público infantil. «Tenemos más cosas a parte del Museo del Prado», apostilló. «Ya no será necesario ir a Ávila, Segovia o Toledo a ver vestigios históricos porque quedándonos en Madrid podemos disfrutar del mejor patrimonio», puntualizó Martínez-Almeida..

VIRGINIA SAURA