La puerta del portal, rota ayer tras una bronca entre «Rafita» y su mujer - JOSÉ ALFONSO

Libre desde hoy... y padre en 7 meses

Va a ser padre. Él. «El Rafita». Está esperando un hijo

MADRID Actualizado: Guardar
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Va a ser padre. Él. «El Rafita». Está esperando un hijo. Él. El condenado por participar en el salvaje asesinato, violación y atropello, en el que participó, junto a otros tres sujetos, de la joven getafense, Sandra Palo, con la que se cruzaron de manera fortuita en una parada de autobús el 17 de mayo de 2003. «El Rafita» o «Pumuki» será padre en enero. Él, quien, además, con sus tres cómplices, quemaron a la joven con un euro de gasolina cuando aún estaba viva. Tenía 14 años. Ahora tiene 22. Los mismos años que tenía la infortunada víctima. Y se estrenará como padre en 2011.

Ha vuelto a Alcorcón. A la casa de su conflictiva familia de la que no se quiere separar aunque sepa que ese entorno es como un cáncer para él. Él lo ha elegido así. Ya no se esconde. Veinticuatro horas antes de que termine de pagar su pena y quedar libre ante la Justicia, ABC habló con él.

«A mí todo eso me da igual»

«¿Qué que pienso ante mi libertad?... Joder. Qué pesados sois los periodistas.... Todo eso me da igual; a mí ya me da igual todo», repite constantemente ante nuestra insistencia y con desgana, arrastrando las palabras. Ha costado captar su atención. Le hemos tenido que llamar hasta en tres ocasiones por su nombre hasta que se ha dado por aludido y nos ha lanzado algo parecido a una mirada.

«Pero, ¿algo sentirás ante la fecha y lo que representa, no? ¿No estás contento? Vas a quedar totalmente libre de la Justicia, ya no tienes que esconderte más. Puedes llevar una vida normal si tú quieres: trabajar, estar con los tuyos...», insistimos. Silencio. «¿Sigues descargando muebles y currando en la empresa de informática?». Ni nos mira. Y, constantemente, se protege la cara con la mano: por si le estamos filmando.

«¡Mañana, mañana, mañana! Todo eso me da igual. A mí ya me da igual todo: ¿y si me matan mañana, qué?», espeta, cada vez más harto de nuestra presencia. «¿Acaso tienes miedo?», replicamos. Nos ignora y nos mira de reojo, sin dejar de taparse el rostro. Su móvil, de última generación, lleva un rato sonando inútilmente. No se molesta en cogerlo, aunque sería una buena excusa para darnos esquinazo. En medio de su inmensa apatía, parece hastiado con las preguntas. «No me estarás grabando, ¿no? No lo hagas, ¿eh?», inquiere, lejano y ausente, dando por zanjada la conversación.

Solo. Completamente solo y cabizbajo, estaba sentado en el parque infantil situado frente a su casa, una mancomunidad de ocho bloques del Ivima, situados frente al Hospital Fundación de Alcorcón. Ahí, él intentó robar dos coches del aparcamiento en superficie el invierno pasado. Con el torso desnudo, un pantalón blanco de verano, zapatillas negras de marca y calcetines, este futuro padre, no parecía contento sino ajeno a cuanto le rodeaba.

¿Cabizbajo, cansado...?

Eran las 18.30 de la tarde. El sol pegaba fuerte y él reposaba su espalda sobre la camiseta color caqui con la que había bajado a la calle. El lugar estaba semidesierto. Ocupaba dos bancos —uno frente a otro, en el que reposaban sus pies—, parapetado por los setos, que hacían de barrera e impedía que le vieran desde el exterior, a no ser que alguien entrara directamente al parque.

El otro banco ocupado estaba lleno de mujeres, residentes en los 8 bloques de viviendas en una de las que que vive «El Rafita» y su numerosa familia junto a otras 140. Ellas le miraban. Sabían quien era. Que el rumor era cierto. Que iba a ser padre. Que su «mujer», otra vecina, está embarazada de apenas mes y medio. Que se marcharon a la Cañada Real tras su «casamiento» y que ella, la «morita guapa que se las trae», no le aguanta y regresó a casa de sus padres. Una familia «completamente normal» que vive justo en el portal de al lado de «El Rafita».

«Ella es el garbanzo negro. Han debido tener grandes diferencias porque la muchacha, que de buena no tiene nada, le dejó plantado», explican en la zona. Una semana después llegó él. Cada uno está en su casa con los suyos. «A ella se la ve normal, como siempre, no parece preocupada. A veces fuma porros pese a su estado», murmuran otros.

Desde que ha llegado «Rafa», las trifulcas entre la pareja son constantes. Ha habido dos sonadas a las que ha acudido hasta la Policía. Interviene no solo la pareja, sino los allegados del futuro padre. El martes hubo una muy gorda. «¿Tú que te crees que te vas a ir de aquí como si nada? Ni lo sueñes», le decía uno de los hermanos de «El Rafita» a la joven, el que parecía llevar la voz cantante, mientras la cogía por el cuello, explican. El reventón del portal de ella permanecía ayer como testigo de lo ocurrido.

Hasta 6 coches policiales

El miércoles fue tal el follón que hasta el lugar tuvieron que acudir media docena de vehículos policiales: nacionales y municipales. Gritos, patadas, insultos fueron la tónica al filo de la media noche.... «Ni lo sueñes. Tú no te vas a ir a Marruecos a abortar», aseguran algunos que fueron los gritos que escucharon. Ninguno proferido por «El Rafita» que «no se resigna a esa situación», agregan.

Otras fuentes apuntan, por contra, que es él el que no quiere saber nada del futuro hijo, que su deseo sería que el embarazo no llegara a buen puerto y que a la morita guapa le daba mala vida. Por los testimonios recabados son los menos. Con todo, las diferencias entre la pareja y su fugaz convivencia son patentes. ¿Será esa la causa de la desgana de «El Rafita», es el peso de la responsabilidad lo que le echa para atrás, o es otra cosa?

«Se le ve distinto. Educado. Saluda. Hasta habla de otra manera», indican otros. De su interior solo él sabe cómo está. Lo que siente. Lo que quiere. Lo que espera. Desde luego, la imagen que ofreció ayer no era la de nadie dispuesto a comenzar una nueva etapa. El tiempo lo dirá.