Operarios del servicio de limpieza, ayer en la expalnada de Puente del Rey. - JOSÉ ALFONSO

Pocos destrozos y mucha caja

Una figura de la escultura de Colón fue rota en la celebración de la Copa del Mundo

CARLOTA FOMINAYA MIGUEL OLIVER
MADRID Actualizado:

Dos días después de tocar el cielo con la punta de los dedos, el saldo negativo de la celebración del triunfo de la Roja lo encontramos en el daño infringido a una de las figuras ornamentales que decoran la base de la estatua de Colón —a quien le falta una mano—, y en una escultura ubicada en el Paseo de la Castellana. «Poco destrozo, para todo lo que podía haber sido», a juicio de los comerciantes y los paseantes de la zona de Colón, y hasta del alcalde de la ciudad, Alberto Ruiz-Gallardón, quien destacó el ejemplar funcionamiento de todo el dispositivo.

Según señaló el regidor, el comportamiento cívico que ha caracterizado a los ciudadanos durante la celebración del triunfo de la Copa del Mundo sólo lo rompieron «algunas excepciones», como estas. El alcalde quiso también lanzar un mensaje de tranquilidad, al apuntar que los daños los había sufrido «concretamente, un elemento ornamental, no de la figura principal, sino de otra, de la estatua de Colón», y que le habían anticipado «verbalmente que los daños producidos son reparables».

Restauración

Para ello los técnicos municipales del área de Gobierno de Las Artes están «realizando un análisis que a día de hoy (por ayer) no se ha terminado» de todo el patrimonio monumental ubicado en el entorno de la Castellana, Recoletos, y la plaza de Colón para comprobar qué daños han podido sufrir para, después, «evaluar la situación, comprobar la documentación de las figuras, y proceder a los arreglos y las restauraciones pertinentes», añadieron fuentes del Ayuntamiento.

Los daños se produjeron a pesar de que el Ayuntamiento de Madrid valló la fuente de Colón, como otras fuentes emblemáticas como Cibeles o Neptuno, tanto durante el día de la final como al cabo de las celebraciones de recibimiento del lunes. Sin embargo, en ambas ocasiones, los aficionados consiguieron derribar las vallas y saltar dentro de la fuente, encaramándose o sentándose en su peana, tal y como se pudo apreciar en numerosas imágenes.

Al igual que el alcalde, la delegada del Gobierno, Amparo Valcarce, trató de restar importancia al tema de las estatuas dañadas tras la celebración madrileña del Campeonato del Mundo, al asegurar que la operación de seguridad había sido un «éxito», para luego añadir respecto a los desperfectos que la institución que encabeza se ocupará de la seguridad «tanto de la estatua de Colón como del resto de Patrimonio de Madrid, aunque no sea competencia de la Delegación».

Preguntados al respecto, los ciudadanos que visitaban ayer la zona afirmaban que ni siquiera habían percibido los daños, y apuntaban a que «era mucha gente y las autoridades no se pueden quejar». Incluso una patrulla de la Policía Nacional de atención al ciudadano instalada ayer a la sombra de un árbol en el centro de la Plaza de Colón reconocía que «esperábamos muchos más desperfectos para la cantidad de gente que se ha movilizado durante estos dos días».

Facturación en la zona

La balanza positiva de la concentración de gente en esta área estuvo, sin embargo, en las cajas que hicieron los comercios colindantes a la plaza. Una de las camareras del bar «Café y Té», situado en la misma plaza de Colón, reconocía que el día del «golazo» a Holanda ella y sus compañeros facturaron «hasta cuatro veces más que en un día normal». En el casi contiguo establecimiento de «Pans&Company» el encargado explicaba a ABC cómo el domingo fue una «auténtica locura».

Este local de comida rápida, que normalmente abre hasta las 12:30 de la noche, amplió su horario hasta las 2:30, porque la cola de clientes, explica este hombre, salía por la puerta. Debido al calor, asegura, los clientes «pedían sobre todo bebidas». Es más, despacharon cinco barriles de cerveza, cuando lo normal es que se agote uno cada dos días.

A última hora lo único que detectó fue el robo de una bandera española que tenían decorando el restaurante que gestiona y el vaciado de un extintor contra incendios en el piso de arriba. «Nada grave», remarca. Él mismo cerró el local y se unió a la fiesta multitudinaria que se celebraba en el exterior, «así que no puedo decir nada».