Pez hueco grabado en oro procedente del tesoro de Oxus (500-400 a.C), de la antigua Persia, que sirvió como frasco para aceite perfumado
Pez hueco grabado en oro procedente del tesoro de Oxus (500-400 a.C), de la antigua Persia, que sirvió como frasco para aceite perfumado - The Trustees of the British Museum
Exposición

El lujo como nexo entre las civilizaciones de Oriente Medio

CaixaForum traza un viaje por el mundo antiguo con 217 joyas del British Museum

Madrid Actualizado: Guardar
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Entre joyas de oro, piedras preciosas, refinados cristales y relieves de gran valor histórico, la cáscara tallada de un huevo de avestruz «quita el sueño», literalmente, a Alexandra Fletcher, conservadora del British Museum. Esta frágil pieza, una de las 217 que la institución británica ha dejado viajar hasta España, supone uno de los mejores ejemplos del controvertido paradigma del lujo. En un intento por dirimir dónde reside lo verdaderamente suntuoso de los objetos CaixaForum estrena en Madrid la exposición «Lujo. De los Asirios a Alejandro Magno».

Una muestra que traza un viaje por los símbolos más preciados de la opulencia del poder político, económico y militar de la historia del Oriente Medio en la Antigüedad. Frente a la fragilidad de un material casi tan despreciable como ese cascarón, hallado en la tumba de Isis, en Vulci (Italia) –700-600 a.C–, está la habilidad del artesano que lo transformó en un codiciado objeto de deseo. El anhelo por poseer este tipo de bienes se convirtió en un nexo de unión entre los imperios asirio, babilónico, fenicio y persa que se mantuvo como una constante entre el 900 y el 300 a.C en el vasto territorio que se extiende entre la India y España. El comercio así como los saqueos derivados de las conquistas convirtieron a este periodo de la historia en uno de los más prósperos para el desarrollo de los objetos preciosos.

Placa de marfil de la Fortaleza de Salmanasar (900–700 a. C.)
Placa de marfil de la Fortaleza de Salmanasar (900–700 a. C.) - The Trustees of the British Museum

Tras su paso por Barcelona, Fletcher presentó el pasado jueves en la capital esta muestra divida en siete ámbitos que van desde la guerra y las demandas constantes de bienes como tributo de los poderosos al placer de los sentidos. Lo puramente material y lo hedonístico conviven en un espacio museístico que permite conectar el mundo antiguo con la visión más contemporánea de lo que es el lujo. Entre las muestras de excepcional valor que se pueden contemplar hasta el próximo 12 de enero se encuentran relieves del palacio norte de Nínive (Irak); o fragmentos del obelisco de Rassm, en Nimrud (Irak). Piezas que recogen escenas triunfales sobre pillaje de un botín de guerra tras la conquista de la ciudad Hamanu (al sur del actual Irán) o la importancia del tributo como forma de reforzar el poder político del rey. Ambas fueron levantadas en la Asiria de los célebres reyes Asurbánipal y Asurnasirpal II.

También se pueden ver joyas del tesoro de Oxus, un conjunto de objetos y de monedas hallado en el siglo XIX cerca del río Oxus en la actual Tayikistán. El lujo, como ahora, fue la forma más explícita de mostrar el estatus social. El equipamiento militar no fue ajeno a esta corriente de la que también se pueden contemplar lujosos objetos y joyas que decoraban las armas, la vestimenta o los carros. «Hay que imaginar aquellos carros, con sus exquisitas decoraciones, como un ferrari en el mundo antiguo», bromea la conservadora del British Museum. La fabricación de objetos y el comercio de artículos de lujo trascendió su funcionalidad convirtiéndose en símbolos de prestigio, en la vida y en la muerte. Una elegante estela funeraria de Atenas, dedicada a un fenicio –uno de los muchos que migraron hasta el Mediterráneo– muestra la elevada posición e influencia que llegó a alcanzar esta civilización.

El nacimiento de la moneda

La exposición también se adentra en hitos como el nacimiento de la moneda mostrando algunas de las más antiguas del mundo, acuñadas en electro, una aleación de oro y plata. Su llegada hizo prosperar la compraventa y con ella el florecimiento del mercado del lujo y el consumo de bienes suntuosos. Fletcher recomienda al visitante detenerse en uno de los apartados que, a su juicio, demuestran la cercanía histórica del fenómeno del lujo: la dedicada a las copias –algo así como las «falsificaciones» de la Antigüedad–.

«La imitación y creación de nuevos objetos inspirados en los originales, en ocasiones con materiales más baratos, fue la respuesta de las élites a los nuevos contactos entre las diferentes zonas», explicó Fletcher. Esa acumulación de objetos lujosos alcanzó su culmen con Alejandro Magno, cuya influencia es también objeto de análisis en esta imponente exposición.