Mil ojos, vigías del asfalto

A través de las miles de cámaras que hay en Madrid, medio centenar de trabajadores de los centros operativos de tráfico y EMT controlan la circulación del transporte de la ciudad

FIRMA TATIANA G. RIVASFIRMA TATIANA G. RIVAS
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Todos los días se registran decenas o centenares de incidencias particulares en las carreteras madrileñas: averías, accidentes, horas punta, camiones de limpieza, manifestaciones..., que independientemente o unidas a las fechas de operación salida y retorno vacacionales, pueden provocar que la capital se suma en un profundo caos. Constantemente se pone a prueba la capacidad de gestión de las entidades competentes sobre la superficie de la ciudad.

En unas fechas tan complicadas como las de este puente, donde confluye festividad y operación verano, los responsables del Centro de Gestión de Movilidad (CGM) del Ayuntamiento de Madrid —donde se controla el tráfico de todo Madrid— y los del Sistema de Ayuda a la Explotación (SAE) de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT) —desde donde se coordinan 216 líneas de autobuses— consideran que no es un periodo tan complicado si se compara con otros hechos recientes. La nevada de enero de 2009 continúa llevándose la palma como acontecimiento caótico, incluso sobre el paro total de Metro que aconteció el pasado 29 y el 30 de junio.

En la actualidad, unas 1.100 cámaras en el municipio de Madrid controlan el tráfico en las carreteras. 200 se corresponden con el Circuito Cerrado de Televisión (CCTV) de tráfico urbano y de superficie de la M-30. Otras 900 pertenecen a los túneles de la Calle 30 y a la Dirección General de Tráfico. De todas ellas se sirven CGM y EMT para hacer que la ciudad ruede con la máxima fluidez.

En el CGM de Albarracín 33, el «Video World» o pantalla gigante muestra hasta nueve imágenes con las vías más conflictivas de la capital. Son las 8.30 de la mañana. En ese momento aparece la A-42, la zona de Torre España, Cibeles, Colón, Alcalá y la Antorcha Norte (arco oeste de la M-30). Parece que el tráfico va circulando mejor, a excepción de la M-30. Cada tres segundos cambian las imágenes en la pantalla central. Los cerca de 25 operadores que durante las 24 horas del día están presentes en la sala —16 operadores de tráfico, seis policías municipales y cuatro agentes de movilidad— pueden desplazar a su antojo las cámaras con giros de 360 grados y movimientos verticales con zoom. Solo las cámaras de los túneles de la M-30 cuentan con el sistema de Detección Automática de Incidentes (DAI). Cuando se produce cualquier percance en estas vías, las cámaras conectan con el problema y rápidamente se envía la información a la calle.

Paneles y semáforos, la batuta

El trabajo que realiza el CGM se plasma en los 600 paneles informativos y semáforos de la ciudad. En Madrid hay 2.104 cruces controlados por semáforos. El CGM tiene conexión con todos. «Aunque el funcionamiento es automático, si ocurre cualquier cosa, nosotros podemos variar hasta un máximo de tres o cuatro segundos la duración de las luces de los semáforos para mejorar la circulación», explica Longinos León, jefe de sección de regulación de circulación zona 3. Longinos lleva 25 años en este lugar. «En el año 85 había 800 cruces y las cámaras que teníamos estaban en blanco y negro», recuerda.

La actividad del CGM no se queda ahí. A través de los cerca de 4.000 detectores o espiras (dispositivos de un centímetro incorporados al pavimento) se recopila información respecto al número de vehículos que pasan por una zona y su velocidad. «No se utiliza para multar, sino para compilar datos», aclara León. El jefe de la zona 3 detalla que diariamente circulan por las carreteras madrileñas 1,2 millones de vehículos. Con la huelga de Metro se incrementó el volumen de tráfico un 25%, detalla.

Una semana después, multa

El CGM también examina y dirige las Áreas de Prioridad Residencial (APR). La información se almacena y se graba. En la sala, una operadora inspecciona durante la mañana las imágenes de aquellos conductores que se han saltado los semáforos una semana antes. Además, se dirigen los bolardos de algunas zonas.

«El semáforo que está en la avenida de Islas Filipinas junto a la calle de Santander es el que más se salta la gente en este momento», explica la trabajadora. En cuestión de un minuto pone en la pantalla varias secuencias de vehículos que hacen caso omiso a la luz roja del disco. «Ahora hay que ver si realmente se puede denunciar a la persona o no. Es un peligro para los peatones este tipo de imprudencia», manifiesta Longinos León.

La misión, llegar a tiempo

El SAE de la EMT, ubicado en Cerro de la Plata, 4, tiene como objetivo que todos los autobuses operativos lleguen a su destino en los tiempos establecidos. En la sala central, a través de 30 puestos se supervisa mediante GPS el trayecto de los autobuses. Cada inspector lleva seis líneas en su ordenador. Los colores en verde, amarillo o rojo les indican si el automóvil está o no en deshora. Las pantallas marcan incluso los minutos de más o menos.

A diferencia del CGM, el SAE tiene comunicación directa con el conductor del autobús para informarle o que avise de la situación del tráfico. «Ante cualquier incidencia, el operador llama al conductor. Si falta un autobús por lo que sea, lo que hay que hacer es que el usuario lo note en el menor tiempo posible. Contamos con medios limitados, pero utilizamos bien nuestros recursos», indica Luis Álvarez, director de operaciones de la EMT.

Los días de huelga total de Metro también pillaron desprevenidos al SAE de la EMT, quienes sufrieron un incremento de viajeros del 47 y el 45%. «Hicimos un refuerzo de atención al cliente a través del despliegue de inspectores en la calle para informar a la gente», detalla Mª Teresa Rozas, jefe de gestión del servicio.

Los autobuses fueron casi al 100% de ocupación, cuando normalmente van al 70 en hora punta. Las líneas que más sufrieron los efectos del parón fueron las «top ten»: 14, 19, 21, 27, 28, 31, 34, 70, 147 y las dos circulares. Si el promedio de viajeros diario es de 1,2 millones, durante el 29 y el 30 se incrementó hasta los 2,1 millones. Al contrario de lo que se pudiera pensar, se produjeron menos incidentes con terceros en cuanto a colisiones, atropellos, averías, conflictos entre usuarios y viajeros lesionados.

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