Mil años así
BAJO CIELO
Si los madrileños tienen a la Paloma como su Virgen popular, la Almudena es la que nos acerca al cielo de nuestras leyendas
De Santos e Inocentes
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Iniciar sesiónEn la cuesta de la Vega, Madrid tuvo una muralla que protegía la ciudad de hampones y canallas. Alfonso VI, rey de Castilla, apodado el Bravo, oyó un rumor de cuando los musulmanes tomaron la ciudad. Se decía que, para proteger una figura de la ... Virgen, algunos gatos escondieron en un cubo la talla y la emparedaron en el tramo que llegaba hasta la actual calle de Bailén. Esto sucedió entre el año 711 y el 714. Por eso, cuando el rey de Castilla y Galicia llegó a las puertas de la ciudad, se empeñó, promesa de por medio, en recuperar aquella figura cristiana escondida trescientos años atrás.
El 9 de noviembre de 1085 dieron con ella. Al mudaina es una palabra árabe que significa 'la ciudadela' y se refiere precisamente a eso: a la muralla que protegía Madrid. Así bautizaron a esa figura que había permanecido escondida tanto tiempo y que simbolizaba de forma épica la toma de Madrid. De Al mudaina a la Almudena está la historia que nos ha traído hasta aquí hoy, 9 de noviembre, día en el que Madrid celebra a su patrona. Y lo hace desde el mismo punto geográfico donde encontraron a esa Virgen, sobre la que se construyó cientos de años después nuestra catedral.
Si los madrileños tienen a la Paloma como su Virgen popular, la Almudena es la que nos acerca al cielo de nuestras leyendas. No paró quieta porque en Madrid no paran ni los santos, así que permaneció en la iglesia de Santa María, en la Calle Mayor, hasta que la llevaron el 25 de octubre de 1865 a la del Santísimo Sacramento de las Madres Bernardas. Lo acojonante es que, durante la Guerra Civil, ni unos ni otros tuvieron como objetivo la imagen. Al final, era la patrona de todos, por mucho que se mataran entre ellos, lo que demuestra que lo mismo pienses de una forma u otra, hay cosas que son de todos. Y no se tocan.
Su catedral, la nuestra, tiene las piedras todavía blancas y el aspecto de un granito de la sierra del Guadarrama que no quiere ensuciarse. Me gusta que así sea, porque tiene el mismo gen que la ciudad de Madrid: medio nuevo pero viejo del todo, como si estuviera demasiado cansada de llevar tanto tiempo pero que se renueva a diario, constantemente, de forma un tanto vertiginosa.
Ha sido musa de Calderón de la Barca y de Lope de vega, que escribió: «Madrid, por tradición de sus mayores, busca su imagen con devota pena, donde los africanos vencedores tenían de su trigo la Almudena»; o del inolvidable Francisco Umbral, que se refirió a ella diciendo que «han cambiado la entretenida por la Almudena y el guacamayo anda por ahí, hecho un golfo, alternando con los viejos gorriones de Madrid, que son un lumpen». Porque, cuando atardece, vencejos y gorriones sobrevuelan ese trozo de Madrid que parece estar esperando algo. Y no deja de ser paradójico que, cruzando el viaducto de la pena por la calle de Bailén, uno se tope de frente con los muros pacientes de esta catedral, última imagen de los muchos que no pudieron resistirlo más.
Hoy, Madrid se echa a la calle para celebrar a la Almudena. Lo hace en forma de procesión, pero de fiesta. Porque en esta ciudad lo solemne y lo festivo son muchas veces la mejor forma de seguir quemando rueda, de celebrar, de gastarse, de recordar y levantarse. El centro estará copado de fieles y turistas, mezclando rezos y visitas, como si pisar Madrid por la Almudena fuera entrar en el museo más antiguo de la ciudad. Uno en el que las tabernas se pintan de rojo, las señoras se ponen mantilla y los parroquianos, ya sean de bar o de catedral, se dan la mano para seguir viviendo entre el bien y el mal.
Madrid es cristiana y musulmana. Nuestra historia lo demuestra. El reto de hoy es dejar de lado sables y espadas y seguir adelante como hemos hecho hasta ahora. Entre los churros de San Ginés y la penúltima copa en El Amante, cabe una mañana como esta, en la que Madrid luce su historia con el compromiso de no tomarse la última copa hasta que el sol vuelva a salir. Mil años contigo, Almudena.
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