La horma de nuestro zapato

Este jueves moría en Madrid Dolores Rey, fundadora de Zapaterías Lola Rey

MADRID Actualizado:

En estos tiempos en los que todo pasa y casi nada queda, resulta gratificante (además de casi un milagro) que un pequeño comercio fundado en los años 30 en estos nuestros Madriles no sólo sobreviva, sino que se haya convertido en símbolo de la ciudad, en una de sus firmas más prestigiosas y populares, y que haya sembrado la capital con sus establecimientos. Hace ochenta años, un hombre y una mujer emprendedores, Salustiano Martínez Asensio y su esposa Dolores Rey, comenzaban con buen pie su andadura comercial fundando lo que era su primera zapatería en el 26 de la Corredera Alta de San Pedro. Por nombre le pusieron un saleroso «La Reina del Calzado», que resultó premonitorio, porque la tienda, absolutamente puntera en su época, pronto se convirtió en uno de los comercios madrileños con más clientela, ávida de acercarse a los zapatos y las firmas más señeras que se mostraban absolutamente seductores en los escaparates.

En aquel Madrid que pugnaba por incorporarse a la modernidad, aunque en algún barrio aún se calzasen alpargatas, un par de buenos zapatos era un lujo que muchos no podían permitirse. Pero desde el principio, Salustiano y Dolores, sin olvidarse de la calidad de su género, también fueron muy comedidos y ajustados con sus precios, de manera que pronto la demanda de calzado en su tienda fue generalizada. Comercios de antaño, comercios de barrio donde te llamaban por tu nombre y, nunca mejor dicho, te ofrecían un producto que era la horma de tu zapato.

La expansión

Pronto, el matrimonio vio con alegría, aunque tras denodados esfuerzos, que su comercio prosperaba. Ni la Guerra Civil pudo con la empresa, que ya en los años cincuenta comenzó su próspera expansión. Calzados Rumbo y Los Mallorquines fueran las nuevas sucursales levantadas por Salustiano y Dolores, dos nuevos establecimientos que pronto figuraron entre los más conocidos de la capital. Calles como la de Carretas, de la Montera, del Paseo de las Delicias, de Bravo Murillo, del Arenal... serían algunas de las vías madrileñas que tendrían el honor de albergar alguna tienda de la próspera cadena.

Los años sesenta, los años de la prosperidad y del optimismo desarrollista, vieron cómo aquel pequeño comercio de la Corredera veía nacer un hermano muy especial, el Gran Supermercado del Calzado.

En 1975, moría Salustiano Martínez Asensio, y los ochenta supusieron un relevo generacional hasta llegar a Salustiano Martínez Rey, hijo del fundador, que hoy en día rige los destinos de la empresa, siempre con paso firme, y bajo una denominación de origen, Zapaterías Lola Rey, que también ha llegado a los nuevos centros comerciales como La Vaguada y Plenilunio, pero que no han perdido el espíritu que les inculcaron don Salustiano y doña Lola. Atendiendo a los cambios que ha experimentado nuestra sociedad y a las nuevas formas de regentar un negocio, la marca está en internet (www.lolarey.com), y aplica las nuevas tecnologías a una experiencia comercial adquirida durante casi un siglo.

Dolores, Lola, doña Lola Rey, artífice junto a su marido Salustiano de la creación de la firma y de esta dinastía de zapateros, ha fallecido en Madrid este pasado jueves. Pero lo ha hecho con el deber absolutamente cumplido y sabiendo que su nombre y su saga continúan calzando a medio Madrid. Un éxito casi centenario, un éxito fruto del esfuerzo, la tenacidad y el buen hacer. Zapatero, a tus zapatos. Muchas veces la sencillez es el camino más corto para llegar a lo más alto.