Tres años para el kamikaze de la M-30

El bombero al que dejó incapacitado denuncia un pacto con la fiscal para reducir la pena

MADRID Actualizado:

Cabizbajo y contrariado. Así salió ayer del juzgado Gonzalo L. —la víctima de un kamikaze que circuló en sentido contrario durante 15 kilómetros por la M-30 en 2007— tras verse obligado a aceptar un acuerdo por el que se rebaja siete años la pena de cárcel a su agresor, Miguel G.A. En el juicio, la fiscal ha dejado en tres años la petición de condena para el conductor que le ocasionó graves lesiones que le han impedido volver a ejercer su profesión de bombero.

De ese modo, se le ha retirado la acusación de intento de homicidio y la fiscal sólo ha pedido que se le condene por lesiones a dos años de cárcel y por un delito contra la seguridad vial a un año de prisión. Además, se le ha aplicado el atenuante de reparación del daño por haber pagado ya parte de la indemnización que se le pedía. Sólo tendrá que pagar una multa de 2.160 euros y no podrá conducir durante diez años. Algo que para Gonzalo y su familia no es suficiente. Su pierna derecha sufrió una fractura múltiple cuyas consecuencias tendrá que arrastrar el resto de su vida.

El afectado, que el día de los hechos se dirigía al trabajo, se mostró visiblemente emocionado durante el juicio y recibió el ánimo de varios policías que estaban citados a declarar. «Estoy limitado de por vida. No hay justicia en este país», comentó a uno de los testigos en el pasillo. Ismael es uno de ellos y aunque tuvo la suerte de esquivar al kamikaze, también manifestó su disconformidad con la resolución. «Me parece muy mal, una vergüenza, deberían de haberle puesto más años de prisión» comentó.

Tanto Ismael como otros testigos, que al no celebrarse el juicio no tuvieron que declarar, recordaron en los pasillos de la Audiencia el «miedo» que pasaron al cruzarse con el kamikaze.

Según el escrito provisional del Ministerio Público, los hechos sucedieron la mañana del 25 de noviembre de 2007, cuando Miguel, que conducía por la M-30, aprovechó que confluían ambos sentidos de circulación a la altura del estadio Vicente Calderón para meterse en sentido contrario.

Desde ese momento, circuló seis kilómetros por los túneles de la M-30 y otros nueve por el exterior hasta toparse con Gonzalo que, en una curva, no se dio cuenta de lo que ocurría y chocó «violenta y frontalmente» contra el coche del procesado.