«Sergio nació para hacer daño»

Los padres de Ivana claman en el juicio contra su ex novio, que la acuchilló 82 veces

CARLOS HIDALGO
MADRID Actualizado:

«Creía que a mi hija le dio 30 puñaladas, no 82», se lamentaba ayer Ana María Fanego, la madre de Ivana Sanz, la vecina de Brunete de 37 años que falleció a manos de su ex novio el 21 de enero de 2010. Sus padres no pudieron reprimir las lágrimas ayer en el juicio, tras un biombo, para que sus miradas no se cruzasen con la de Sergio González Moreno. «Ese sujeto ha nacido para hacer daño. No debería salir nunca de la cárcel», insisten.

Uno de los momentos más emotivos que se vivieron en la segunda jornada de juicio fue, precisamente, cuando el padre de Ivana, Raimundo Sanz, recordó cómo, apenas hora y media antes de que se conociera el crimen, su hija le telefoneó para una cuestión cotidiana. «No me podía imaginar que estaría con su asesino», dijo. Varios testimonios pusieron de relieve el «historial» de Sergio, condenado anteriormente por maltrato a su ex mujer. Llegó a colocar pasquines con su foto y número de teléfono por las calles. También hizo públicas imágenes de la mujer desnuda, cuando estaba embarazada de los dos mellizos del presunto asesino de Ivana. Sobre aquella condena por malos tratos, el acusado se refirió así: «No fue maltrato, fue un altercado».

Y habló de la madre de sus hijos y sus padres: «Hacía cosas de magia y brujería y mis ex suegros se metían mucho en la relación». Hasta que se separaron y Sergio intentó atropellarlos en la misma puerta de un cuartel de la Guardia Civil. Adujo que se le habían enganchado al pedal del coche los cordones de sus zapatos.

Sobre Ivana, negó que hubiesen roto su relación (algo en lo que los padres de la chica y todas las acusaciones le contradijeron). Sostuvo que el día del crimen consumieron droga y que, ya en el domicilio de la mujer, «ella quiso hacer el amor». «Yo me negué, le dio un arrebato, llamó a otro chico y le dijo que yo era un mierda, un pichafloja, y yo quería morirme, suicidarme». Pero, sin embargo, lo que encontró la Guardia Civil después fue a Ivana cosida a puñaladas y a Sergio durmiendo. Cuando se despertó, le espetó al cadáver: «¿Ves? Ahora se va a enterar todo el mundo», según la acusación, y pidió a los guardias: «Tengan cuidado al esposarme, que me duele el hombro». Acababa de propinar 82 puñaladas. «Me despertaron los agentes. Creí que venían a detenerme por drogas y vi a Ivana tirada, pero no vi sangre. No recuerdo nada. No la agredí, la quería mucho», aseveró el maltratador.

Las hirientes preguntas del abogado de la defensa provocaron una reprimenda del juez: «Está en el límite de lo pertinente, señor letrado. Tenga presente quién es la víctima y quién el acusado».