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El tonto rodado

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Como descubriera Marañón allá por el año 37, el terror de la guapa gente de derechas es que le digan «facha». Por no oírlo, hace cualquier cosa. Gallardón, por ejemplo, va a hacer cien kilómetros más de ciclocarriles y ciclocalles, obra tan absurda como (ahora que no se fusila) las tapias de los cementerios, pues los que están dentro no van a salir y los que están fuera no quieren entrar. Sin embargo, estamos hablando de un dineral. «¿Sindicatos? Quite, quite. Lo que los obreros necesitan es bicicletas para ir a trabajar», le contestó Franco a Ridruejo. Lo que necesitan los parados es una bicicleta, para que no estén quietos. Al parado que pedalea lo sacan de la lista del Inem. En Sevilla, el ciclourbanismo es la cuarta vía mística del régimen laico, que dura ya más años que el de Franco, y se reparten pegatinas para decir que pedalear por la acera es luchar contra el fascismo. ¡A Gallardón lo van a pillar en ésa! ¿Qué es para él, que ha acabado con los automovilistas, acabar con los peatones a base de echar bicis a las aceras, si con eso no le llaman «facha» y le pasa la mano por el lomo a Rajoy, cuya única pasión conocida es el ciclismo? Marchando, pues, cien kilómetros de bici por donde correrán, no los ciclistas, sino los euros. Como toda la nobleza del XIX procedía de los financieros de los caminos de hierro para el tren, podemos imaginar la de marqueses de Serafín que van salir de la financiación de la M-10 de la bicicleta, Icono Emblemático del Tonto Rodado de la Democracia Municipal a la Española. Marqueses de Serafín… y ganaderos de bravo, las dos aspiraciones del español con dinero amasado en la hormigonera. Derecha e izquierda no conciben otro ideal para la ciudadanía que subirla a una bicicleta. Con la derecha, en 10 o 15 años de trabajo duro podrás comprarte una. Con la izquierda, en cambio, al no haber trabajo, tendrás que robarla. Esto y nada más que esto es lo que se dirime en las urnas el 22 de mayo.