El policía que evitó una tragedia

Un agente nacional fuera de servicio evita que un hombre prenda fuego a una discoteca y un bloque de viviendas

MADRID Actualizado:

Con modestia de la de verdad, Arturo (nombre ficticio), agente del Cuerpo Nacional de Policía, asevera que no se siente para nada un héroe. A muchos otros, por menos, le han llenado la cabeza de hojas de laurel. Pero lo cierto es que su reciente intervención, fuera de servicio, evitó que un local y las viviendas que lo coronan salieran en llamas a horas intempestivas y en pleno fin de semana. Arturo, de 30 años (lleva en la Policía desde 2006), nos cuenta en primera persona lo que ocurrió la madrugada del 2 de enero.

«Eran sobre las 6.30 o 6.45 de la mañana. Salía de trabajar está destinado en el Grupo de Atención al Ciudadano de la comisaría de Arganzuela y, antes de llegar a casa, paré a repostar en la gasolinera de Antonio López con la calle de Baleares». En la estación de servicio, hubo dos hombres, jóvenes, cuya actitud le llamó la atención: «Discutían, hablando en un idioma que no era el nuestro, aunque pronunciaban alguna frase en español: “¡No puedes hacer eso!”. “¡Cómo vas a quemar la discoteca!”, le decía uno al otro».

El agente sospechó de los hombres y no se lo pensó dos veces: «Llamé a la sala del 091 y expliqué que creía que tenían verdadera intención de hacer lo que estaban diciendo». No en vano, los sospechosos portaban dos garrafas que estaban llenando de gasolina en el establecimiento, y no era para ningún vehículo, pues iban a pie. Concretamente, uno de los hombres era el que mostraba su disposición a cometer esa locura, mientras que su compañero, muy nervioso, intentaba quitarle la idea de la cabeza, de ahí la discusión.

El policía, que estaba terminando de repostar, tomó su coche y sigilosamente los fue siguiendo. «Ellos iban caminando, mientras que yo indicaba a mis compañeros, por teléfono, la ruta por la que se dirigían». Finalmente, los sospechosos llegaron a la puerta de la discoteca Fantasy, situada en el número 5 de la avenida de la Emperatriz Isabel, en el mismo distrito, Carabanchel. Se trata de un local de ambiente latino, conocida por la música de salsa que pincha. «Uno de ellos, rumano de 28 años, entonces, se puso a echar gasolina por la puerta», pero, justo antes de que prendiera el combustible, aparecieron dos agentes en un coche patrulla de la comisaría. Así se evitó un incendio que habría afectado a las cuatro plantas de viviendas situadas sobre el local.

«Si hay que actuar, se actúa —dice Arturo sobre su diligencia policial, pese a que no iba armado—, que para eso eres policía. Además, me gusta ayudar a la gente. Eso sí, no me siento un héroe. Con todos las intervenciones que se hacen a diario, esto es importante, pero no tanto como los compañeros que se juegan su vida y no salen a la luz».

Pero no es la primera vez que Arturo se encuentra con una tesitura delicada. Unos días antes, jugando al pádel con unos amigos, vio cómo un individuo agredía a su madre en el balcón de su domicilio. «Le increpamos, y el hombre bajó con un cuchillo directo a nosotros. Me identifiqué como policía y le detuve».

Con modestia de la de verdad, Arturo (nombre ficticio), agente del Cuerpo Nacional de Policía, asevera que no se siente para nada un héroe. A muchos otros, por menos, le han llenado la cabeza de hojas de laurel. Pero lo cierto es que su reciente intervención, fuera de servicio, evitó que un local y las viviendas que lo coronan salieran en llamas a horas intempestivas y en pleno fin de semana. Arturo, de 30 años (lleva en la Policía desde 2006), nos cuenta en primera persona lo que ocurrió la madrugada del 2 de enero.

«Eran sobre las 6.30 o 6.45 de la mañana. Salía de trabajar está destinado en el Grupo de Atención al Ciudadano de la comisaría de Arganzuela y, antes de llegar a casa, paré a repostar en la gasolinera de Antonio López con la calle de Baleares». En la estación de servicio, hubo dos hombres, jóvenes, cuya actitud le llamó la atención: «Discutían, hablando en un idioma que no era el nuestro, aunque pronunciaban alguna frase en español: “¡No puedes hacer eso!”. “¡Cómo vas a quemar la discoteca!”, le decía uno al otro».

El agente sospechó de los hombres y no se lo pensó dos veces: «Llamé a la sala del 091 y expliqué que creía que tenían verdadera intención de hacer lo que estaban diciendo». No en vano, los sospechosos portaban dos garrafas que estaban llenando de gasolina en el establecimiento, y no era para ningún vehículo, pues iban a pie. Concretamente, uno de los hombres era el que mostraba su disposición a cometer esa locura, mientras que su compañero, muy nervioso, intentaba quitarle la idea de la cabeza, de ahí la discusión.

El policía, que estaba terminando de repostar, tomó su coche y sigilosamente los fue siguiendo. «Ellos iban caminando, mientras que yo indicaba a mis compañeros, por teléfono, la ruta por la que se dirigían». Finalmente, los sospechosos llegaron a la puerta de la discoteca Fantasy, situada en el número 5 de la avenida de la Emperatriz Isabel, en el mismo distrito, Carabanchel. Se trata de un local de ambiente latino, conocida por la música de salsa que pincha. «Uno de ellos, rumano de 28 años, entonces, se puso a echar gasolina por la puerta», pero, justo antes de que prendiera el combustible, aparecieron dos agentes en un coche patrulla de la comisaría. Así se evitó un incendio que habría afectado a las cuatro plantas de viviendas situadas sobre el local.

«Si hay que actuar, se actúa —dice Arturo sobre su diligencia policial, pese a que no iba armado—, que para eso eres policía. Además, me gusta ayudar a la gente. Eso sí, no me siento un héroe. Con todos las intervenciones que se hacen a diario, esto es importante, pero no tanto como los compañeros que se juegan su vida y no salen a la luz».

Pero no es la primera vez que Arturo se encuentra con una tesitura delicada. Unos días antes, jugando al pádel con unos amigos, vio cómo un individuo agredía a su madre en el balcón de su domicilio. «Le increpamos, y el hombre bajó con un cuchillo directo a nosotros. Me identifiqué como policía y le detuve».