Pesadilla en el fondo de un pozo
Interior del pozo en el que fueron arrojados los niños

Pesadilla en el fondo de un pozo

Los dos hermanos secuestrados en Torrelaguna fueron arrojados por su captor a un pozo de diez metros de profundidad como si fueran bultos

MADRID Actualizado:

El calvario que les hizo atravesar J. J. A., el hombre arrestado por la Guardia Civil como presunto autor de los hechos, fue tan salvaje, que les llevó a perder la noción del tiempo real. Los datos que maneja ABC sobre los hechos son espeluznantes y refuerzan la tesis de la investigación que apunta a que el sospechoso habría intentado acabar con la vida de los dos niños, de 8 y 10 años, al saberse acorralado por la Guardia Civil. Incluso les llegó a amenazar con una pistola. Ayer, el juez le envió a prisión.

A. y F. salieron a jugar a un parque cercano a su casa aquella tarde del domingo 12 de junio. Son dos críos de origen rumano que no se separan casi nunca. Cuando un desconocido se apeó de un coche verde y les dijo que si iban con él a su casa les regalaría un perro, el niño, en su inocencia, estuvo dispuesto a acceder. Sin embargo, la hermana, más consciente del riesgo, le dijo que no irían a ningún sitio con él. Entonces, J. J. A., dispuesto a salirse con la suya por cualquier medio, les amenazó con una pistola, según el relato de los pequeños. Los subió al asiento trasero del turismo y se los llevó de allí. Eran las ocho y media de la tarde.

María, la madre, enseguida se alarmó al no dar con sus hijos. En un principio, sospechó de su exmarido, que reside en Alemania y con el que litigaba por la custodia de ambos. A las diez de la mañana del día siguiente, María interpuso la denuncia en el puesto de la Guardia Civil de Torrelaguna y comenzó la búsqueda.

El secuestrador los encerró en una casa. Allí volvió a amenazarles. La ubicación de la vivienda no ha trascendido, pero el hombre conoce bien la zona, pese a vivir en Valdepeñas de la Sierra (Guadalajara): tras pasar 15 años en la cárcel por dos agresiones sexuales, había trabajado como vigilante en algunas obras de municipios cercanos al eje de la carretera de Burgos (A-1).

Los hermanos pasaron poco tiempo en esa vivienda y no vieron a nadie más que a su captor. Este punto resta aún más veracidad al testimonio posterior del acusado a su pareja, a la que le confesó por teléfono que había cometido un secuestro por dinero junto «a unos moros», pero que les «había salido todo mal».

Batida policial

Pero la Guardia Civil, con patrullas del Seprona, motos, perros y un helicóptero, estaba peinando la zona donde se escondían. El raptor, al oír cómo sobrevolaban los agentes sobre ellos, se puso muy nervioso y fue entonces cuando decidió deshacerse de los hermanitos a cualquier precio.

De nuevo a la fuerza, los llevó hasta una caseta de obra que ya conocía, en un descampado entre una carretera y la urbanización Valderrey, en Algete. Dentro hay un pozo de poco más de un metro de diámetro y diez de profundidad. Allí, como si de bultos sin alma se tratara, los arrojó. No utilizó escalera o cualquier otra cosa para bajarlos. Los tiró. Y, por si no tenían poco, les lanzó piedras y los restos de una vieja puerta de madera. Se marchó a su casa.

Las criaturas, que no bebieron ni comieron nada en todo su cautiverio y que estaban heridos por los golpes, llegaron a perder la conciencia. Por suerte, el pozo tenía poca agua, aunque les llegaba por los tobillos. Se desvanecieron, se despertaron, lloraban, gritaban, pedían auxilio. Así hasta el martes, día 14, a las dos de la tarde, cuando dos jóvenes vecinos de la zona escucharon los alaridos de socorro. «¡Uf, menos mal, llevamos una semana aquí!», llegó a resoplar el niño en el momento en que la Guardia Civil y los Bomberos les rescataban con arneses y una camilla especial.

Ha pasado más de medio mes, pero A. y F. aún sufren pesadillas por la noche con su torturador. Duermen mal. La niña ha tenido problemas con la herida de su pie, de la que la han tenido que operar. También con el golpe que le llegó a levantar parte del cuero cabelludo. Es la que está peor. La noticia de la detención en Ciudad Real de J. J. A. les ha aliviado, dice su madre, que espera que el juicio no tarde en celebrarse.

Mientras llega la hora de la verdad, el sospechoso ya está entre rejas. Según informó ayer el Tribunal Superior de Castilla-La Mancha, el juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Ciudad Real ha decretado su ingreso en prisión sin fianza y comunicada. Se enfrenta a siete delitos: dos de detención ilegal (secuestro), dos de homicidio en grado de tentativa, uno contra la libertad sexual y dos más de lesiones.

El caso, que sigue bajo secreto de sumario, será remitido de nuevo al juzgado de Torrelaguna que lo instruye.