Jesús, desde el ángulo de cámara de la película - josé alfonso

Sí hay bar para los malvados

La cinta ganadora de los Goya empieza en un local de la calle Cartagena. Su dueño lamentó no compartir plano con Coronado

MADRID Actualizado:

«En un bar de toda la vida, de los que se barren con serrín ...». Así comienza el guión de la primera escena de la película triunfadora de los Goya «No habrá paz para los malvados». Necesitaban una tasca antigua, sombría, un ambiente tórrido de los bajos fondos de Madrid. Una de las productoras del film que se ha hecho con seis galardones puso el ojo en el bar de Jesús Sierra, un local ubicado en la calle Cartagena 99, cerca de Avenida de América y próximo al extinto Rock-ola. Este local, abierto por el padre de Jesús en 1955, teletransporta hasta esa fecha.

Desde que comenzó a funcionar a mediados del siglo XX poco ha variado su decoración: ni los azulejos ni los saneamientos del baño, ni el suelo, ni la caja registradora... ni casi su clientela, que más que malvada es, ante todo, fiel. «Les doy mucho cariño», explica su dueño, quien con una tímida sonrisa desvela el orgullo de que su bar sea el punto de partida del «thriller» policíaco de Urbizu.

800 euros por 12 horas

En abril de 2010 un hombre entró al establecimiento de Jesús y le comentó que les gustaría contar con su bar para rodar una película. Le dejó una tarjeta de La Zona Films, una de las productoras, y pasadas unas semanas a ese mismo hombre le acompañaba otro tipo que dio el aprobado definitivo para echar a rodar: «Perfecto», sentenció.

El 2 de junio de 2010 el pequeño bar se convirtió en escenario de una película. «La primera oferta que me hacían de este tipo. El primer hombre que vino conocía el local de alguna vez que había venido. Me ofrecieron 800 euros por disponer de él de seis de la tarde a seis de la madrugada más los gastos de la comida que dejé en barra», explica Jesús mientras prepara una tortilla de patata; él es el único camarero y cocinero.

Más de 20 tomas sonaron en la claqueta para 16 frases que se reflejan en dos minutos de película. Para ello fueron necesarias casi 12 horas de rodaje. Pero fue «una experiencia inolvidable». «Estuve presente en todo momento. ¡No pensaba que se tardase tanto para dos minutos!». Modificaron un poco el atrezzo incorporando una máquina de juego, sacando algunas mesas y metiendo todo el arsenal filmográfico («travelling» de cámara, focos, etc.), pero el resto quedó tal cual.

Jesús, que parece un tipo serio, sólo guardó de recuerdo el guión que le entregó la productora. Lo muestra: «No me hice ninguna foto con Coronado. Hablamos de cosas de la vida, pero tampoco mucho. Él estaba muy centrado. Es todo un profesional». La única espinita que le queda de esta vivencia es no haber representado el papel de camarero. Ahora, revela, su bar puede que vuelva a ser escenario de un anuncio de una entidad bancaria.