Un intenso debate a pie de calle

La liberalización de los horarios desata una oleada de reacciones entre comerciantes y consumidores

ADRIÁN DELGADO
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MADRID

La decisión del Ejecutivo madrileño de aplicar la libertad absoluta de horarios a todo tipo de comercios ha motivado una cadena de reacciones a pie de calle que no ha dejado indiferente a nadie. En apenas un kilómetro de radio, en plena fiebre de compras navideñas en el centro de Madrid, ABC pudo comprobar cómo ha afectado la noticia a consumidores, empleados y empresarios. María es una de ellas y regenta una conocida tienda de discos de la calle Postigo de San Martín. A esta norteamericana afincada en la capital desde 1970, la noticia no le ha sorprendido. Es más, le parece que la liberalización de los horarios comerciales es una medida positiva. Habla desde la experiencia de su país, del que dice que la flexibilidad de los comercios no ha ido en detrimento de la calidad del empleo y de la «competencia sana». «Si sirve para algo, es para generar puestos de trabajo. Algo que hace mucha falta en Madrid», asegura.

Casi puerta con puerta se encuentra una perfumería «de las de toda la vida» en la que sus empleadas cuestionan «a priori» la eficacia de la medida liberal. «A mi ya me parece mal que se abran los domingos, como para que encima tengamos que trabajar hasta las tantas», afirma Gema. Además, cree que esta decisión «lo único que va a hacer es cargarse al pequeño negocio de toda la vida, porque si ya es difícil competir contra los centros comerciales, ahora, sin límites en los horarios, va a ser prácticamente imposible», concluye.

Sin embargo, Ángela, una empleada de una tienda de decoración cercana a Callao, espera que sí se generen puestos de trabajo «máxime cuando la gente está tan desesperada».

Un pensamiento «egoísta»

De camino a la calle Arenal, Tomás, en plenas compras navideñas, reconoce haberse alegrado «egoístamente» por la noticia como consumidor. Eso sí, «siempre y cuando tenga una repercusión positiva y recíproca entre los empresarios y los trabajadores», apunta. «Si la carga de trabajo no se reparte entre los desempleados, mucho me temo que los grandes beneficiados serán sólo las grandes superficies», opina.

Pero hay algunos, que ni siquiera dejan el margen de la duda. Es el caso de Emilio, un joyero que «se niega» a abrir más horas: «No quiero hacer de mi negocio una tienda de “chinos”». Otros, van mucho más allá de la crítica, como Antonio, un librero de una papelería de Arenal. que cree que la medida —en sus palabras— es «completamente innecesaria»: «En nuestro establecimiento cada vez somos más propensos a cerrar antes, he descubierto que mis empleados rinden mejor y las ventas han mejorado».