La gran vida de Bryan y Fabbri

La Guardia Civil detiene en Madrid a dos ciberestafadores de elite que vivían a todo lujo: jets privados, suites, limusinas y grandes fiestas en Ibiza

MADRID Actualizado:

Aquella mañana de mediados de junio, Fabbri bajó del avión privado como otras tantas veces, procedente de Valencia. Comenzó a cruzar la pista, a pie, en dirección a la limusina Hummer que debía sacarle del aeropuerto de Torrejón de Ardoz, en busca de su novio, al que habían detenido en plena fiesta de cumpleaños una semana atrás. «Bebé». Así es como llamaba cariñosamente a Bryan, su pareja en la vida privada, pero también en el delito: esas estafas millonarias por media Europa que les habían reportado en el último año y medio una vida de marajás que jamás habrían soñado. En cierto modo, sí que iban a reunirse. Pero, en esta ocasión, no sería en una suite de a mil euros la noche en un hotel de la capital. No. Sería en un calabozo.

Fabbri, italiano de 41 años, lo quería todo. Un chaval joven, veinte años menor que él, de buen aspecto, colombiano, con el que compartir la vida de desenfreno con la que inauguró su fichero policial en su país de origen. No tenían domicilio conocido, tampoco profesión legal. Iban y venían de Lisboa, Amsterdam, Londres, Valencia, Sevilla, Barcelona, Ibiza... Siempre en aviones privados y limusinas de las mejores marcas. Todo de alquiler. Y todo a cuenta de personas adineradas a las que ni conocía pero cuyos datos bancarios utilizaban fraudulentamente en beneficio propio.

Hace dos meses, una empresa de alquiler de coches de primeras marcas, con sede social en Rivas Vaciamadrid, interpuso la denuncia que haría saltar las alarmas. Surten a sus clientes de Rolls Royce, Ferrari, Maserati, Porsche... Y uno de ellos había sido Fabbri. Paralelamente, a la Guardia Civil le llegó un aviso de que una joven, «striper» de profesión, había sido denunciada por el Hotel Eurostars, de cinco estrellas y situado en la Torre Sacyr, una de las cuatro de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid. La acusaban de haber estafado 4.000 euros de su estancia. Pero la mujer negaba haber realizado ella el pago: «Hice un trabajo en una fiesta para unos clientes y me abonaron en especies, con varios noches de hotel», explicó. Echando mano de los datos con que contaba el hotel, se dio con la identidad de los sospechosos.

Hasta 65 estafas en Europa

Los investigadores fueron recopilando denuncias similares. El Instituto Armado habla de 11 estafas consumadas y seis intentos más, por un valor de 400.000 euros. Aunque la cantidad es mucho mayor, «millonaria», según las fuentes consultadas. Por un lado, por todas los casos que previsiblemente saldrán ahora a la luz; también porque operaban en otras provincias y países, por lo que también está implicada en el caso Interpol. Por ahora, se han recopilado 65 hechos delictivos.

Uno de los más llamativos tuvo lugar en el Castillo de Viñelas, en Tres Cantos. Allí contrataron los servicios de un hotel de lujo, una orquesta en vivo y barra libre para celebrar el 21 cumpleaños de Bryan, con todos sus amigos: 24.000 euros. Cuando salía de la fiesta, el joven colombiano fue detenido. No era la primera vez que montaban algo así. Ya habían alquilado una discoteca en Ibiza y, en otra ocasión, un vuelo privado que llevó desde Torrejón a un grupo de amigos hasta la isla pitiusa, donde se habían hecho con una casa con embarcadero y un barco-discoteca.

Cuando Fabbri se enteró del arresto, telefoneó a la Guardia Civil: «No le hagan nada a mi bebé», pidió. Estaba en Valencia. Dejando atrás otro «pufo», éste de 4.000 euros por una limusina y otro avión, regresó a Madrid, donde nada más aterrizar fue detenido. Luego, estafó a cuatro de los abogados que quiso contratar.