AL DÍA

Ética a la española

Ahora que vienen cuatro partidos con el Barcelona, vamos a tener que repasar a Kant

IGNACIO RUIZ QUINTANO
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El domingo, en Las Ventas, vestido como en los felices años sesenta, apareció en el ruedo un novillero de Tlaxcala, México, que se llamaba Angelino y que venía acompañado de una peña muy bien surtida de Villalpando, Zamora. Las cosas que hacía Angelino no eran del otro mundo, pero en la fila de delante unos cuantos caballeros con aspecto de gente castellana recia aplaudían cada movimiento como quien bate tablones de obra, que así gastaban las manos. Cuando Angelino fue a matar, se perfiló mal. «Está por fuera», comentó alguien de los nuestros. Entonces, el caballero de mayor báscula de los de delante, se volvió para afearnos a todos el comentario: «¡Pero, hombre, por Dios! ¿Pero no ven que está empezando? ¿Cómo se puede ser así con los pobres que empiezan?». Y sacó un pañuelo enorme para exigir las orejas para Angelino. El presidente no las concedió y el caballero de la recia figura, con mohín de haberse llevado un berrinche, se abrió a sus cosas. En el quinto, que era el segundo de Angelino, reapareció. El muchacho tlaxcalteco no mejoró mucho, y en el tercio de varas otro novillero se fue a los medios para hacerle un quite al toro. La que lió, dentro de un orden (en los toros no hay nada que no sea de orden), el caballero de la recia figura fue parda. ¡Qué silbatina! «¡Qué gran serrano en la sierra! / ¡Qué blando con las espigas! / ¡Qué duro con las espuelas! ¡Qué tierno con el rocío! ¡Qué deslumbrante en la feria!». Y es que ya se le había olvidado que ese novillero que intentaba «quitar» (muy mal, por cierto) al toro de Angelino también estaba empezando. «¿Cómo se pude ser así con los pobres que empiezan?». No era cosa de discutir con él (no se te iban sus manos de tu cabeza), pero estaba claro que ese hombre era un español de toda la vida, que es el español que va por la vida con una ética universal aplicada a su industria particular. Ahora que vienen cuatro partidos con el Barcelona, vamos a tener que repasar a Kant.