Carducho regresa a El Paular

Sus 52 obras sobre la historia de los Cartujos vuelven dos siglos después al lugar para el que fueron creadas

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MADRID

Los muros del Real Monasterio de Nuestra Señora del Paular en Rascafría han recuperado el calor que hasta 1835 le daban las más de 50 escenas que decoraban su claustro. Las obras fueron creadas por el pintor más importante de la corte de Felipe IV, Vicente Carducho, para ilustrar la historia de los Cartujos. Ayer, la Ministra de Cultura presentó los cuadros restaurados en el lugar para el que fueron concebidos.

Arrancados de sus paredes tras la desamortización de Mendizábal, fueron trasladadas al convento madrileño de la Trinidad, donde pasaron a formar parte del Museo Nacional de Pintura y Escultura en 1838. Treinta años más tarde dicho museo cerró y sus fondos pasaron al Prado, que ha sido propietario hasta la actualidad. Las grandes dimensiones de los cuadros del ciclo cartujano imposibilitaban su exhibición e incluso su almacenamiento, por lo que fueron dispersadas por toda la geografía española entre La Coruña, Valladolid, Jaca, Burgos, Sevilla, Córdoba, Zamora, Tortosa y Poblet.

Ahora, después de 177 años fuera del lugar para el que fueron encargadas por el prior Juan de Baeza en 1626, las pinturas vuelven a servir de guía espiritual para los monjes benedictinos que habitan el monasterio. El que fuera el programa iconográfico más importante de la orden cartuja estaba formado por 54 escenas de las que se han recuperado 52. Las otras dos desaparecieron, junto con dos escudos reales de Felipe IV, durante la Guerra Civil en Tortosa.

A pesar del éxito de la operación, el proceso de recuperación de los lienzos —que comenzó en 2000— ha sido largo y muy costoso. Pero, según Leticia Ruiz, conservadora del Prado y responsable del proyecto, también ha sido apasionante. Junto con las obras de rehabilitación del Monasterio para que pudiera acoger esta exposición, se han invertido más de 12 millones de euros.

Con esa larga intervención se ha conseguido terminar con el deterioro material del conjunto, al tiempo que se han recuperado los formatos originales de los lienzos, rematados en arco de medio punto para poder adaptarse a la arquería gótica del claustro.

Una de las intervenciones más complejas se llevó a cabo en «El éxtasis de Jean Birelle» —encontrado en la catedral de Córdoba—, que presentaba amplias zonas de pérdidas cromáticas que se han recuperado gracias a la colaboración del Louvre que cedió el boceto preparatorio del lienzo.

Gracias a esto, quien se acerque hasta El Paular podrá disfrutar de la secuencia narrativa casi al completo. Las 52 telas se dividen en dos grupos: las 27 primeras ilustran la vida del fundador, San Bruno de Colonia, hasta su muerte y su primer milagro póstumo; el segundo grupo refleja la parte heroica de los martirios de los cartujos y su temor al Imperio Otomano.

Recogimiento y oración

«La restitución de las 52 obras suponen para la comunidad benedictina del Paular una fuente de pensamiento religioso que favorecerá el recogimiento interior, la contemplación y la oración tal y como dispuso nuestro padre fundador, San Bruno de Colonia», explicó Miguel Muñoz, padre prior del Monasterio.

Su favorito es «La Virgen María y San Pedro se aparecen a los primeros cartujos». Según él, se trata de una de las obras más llamativas de esta exposición. «De ahora en adelante estos cuadros nos servirán como “medicina” contra los temores de la soledad que sufrimos aquí». Aunque durante este verano se sentirán acompañados por aquellos que deseen visitar la gran exposición, que este fin de semana —desde hoy y hasta el domingo— será gratuita para todo el público.