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Bicicletas

Ni con las modernas bicicletas con cambios de marcha es Madrid un apetecible lugar para el pedaleo cotidiano

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Hubo un tiempo muy lejano, tanto que su imagen se engolfa en el fondo de la gama del gris, en que los pueblos de España parecían los precursores de la China de Mao por el enjambre de bicicletas que hendía sus calles. Las cadenas de las «orbeas» y el pedaleo cansino anunciaban al ciclista como el látigo al arriero. Los escasos automóviles circulaban con aprensión entre la aglomeración de hierros que se revelaban los auténticos dueños de la carretera. No así en el Madrid de las siete colinas. El exceso de cuestas, al decir del anterior alcalde Álvarez del Manzano, y la ausencia de marchas en las bicicletas convertían en fatigoso lo que en ciudades como Barcelona, Valencia, Murcia o Sevilla resultaba si no placentero al menos llevadero.

Los elementos que se comparan deben ser homogéneos. Es más adecuado cotejar el Madrid de las siete colinas y abruptos repechos con la Roma de las siete colinas y calles atestadas de «motorinos» como enjambres de avispas que hacerlo con el Londres donde dicen que su alcalde acude en bicicleta a su trabajo. Qué decir de las capitales del Benelux con sus inmensos llanos preparados para rodar: pura provocación para urgir a los cargos públicos a desplazarse en bicicleta. En 1972, en los estertores del franquismo, la imagen de Laureano López Rodó, a la sazón ministro comisario del Plan de Desarrollo, pedaleando por las calles de Estocolmo, con su terno gris y su bombín, fue la principal imagen en España de una Conferencia del Clima que ya por entonces vivía de las disensiones. Si bien en llegando a Madrid se atrincheraba en su coche oficial, como entonces hacían todos y siguen haciendo ahora.

Ni con las modernas bicicletas con cambios de marcha e incluso con motorcillo eléctrico es Madrid un apetecible lugar para el pedaleo cotidiano a no ser que se consideren atractivas la contaminación de la boina y su calima mortal y la barahúnda de automóviles 4x4 de calandras agresivas que desde su concepción en la fábrica están adiestrados para considerar a la bicicleta en Madrid el enemigo a batir. Es lo que hay.