SOL Y SOMBRA

por IGNACIO RUIZ QUINTANO/
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De España se ha dicho siempre que es continuidad épica: Aragonés contra Lituania (¿o era Estonia?), Nadal contra Puerta, y así. De aquí su original y permanente fisonomía: castrense, impulsiva. Ésa de la que Pemán decía que está siempre más dispuesta a la estridencia de un dos de mayo que a la ciudadana convivencia del tres, del cuatro o del cinco. Ocurre, más bien, que España se mueve, como los mansos, a base de arreones. Y el arreón popular del sábado en Madrid fue espectacular. «El pueblo español está acostumbrado a ver los toros desde la barrera, a camorrear en los tendidos, y de aquí no pasa... -escribe Pérez de Ayala en `Don Tancredo´-. No creo que haya ningún español partidario de la intervención armada en la guerra europea.» Y llevaba razón. En contra de todas las apariencias, España no es brava; es mansa, y por tanto, arreona. El sábado, en Madrid, España pegó un soberano arreón en memoria de los muertos, y en las calles atestadas no se oyó una voz más alta que otra. La falta de ruido, de Bono y de los Bardem llevó a Angelito Méndez o Constantino Galarza a calcular el número de manifestantes en unos doscientos mil. Los ingleses definieron una vez la yarda como la distancia entre la punta de la nariz y el dedo pulgar de la mano extendida de Enrique VIII. La unidad de medida de los progres para cuantificar una manifestación es el «bardem», que se puede definir como el número de manifestantes que caben entre usted y lo que a mí se me ponga en la punta de los compañones. Ya antes, cuando la moruchada organizada por el hijo de Pepe, el de la tienda, el mismo comisario político había previsto una concentración de doscientas personas que luego resultaron ser treinta mil. Saber sumar era lo único que pedía Aristóteles para considerar racional a un animal, y lo del sábado en Madrid escapó a los alcances de un señorín de Pontecesures, contra quien, sin embargo, no se escuchó ni un reproche. Tampoco contra Savater, cuya coherencia es intachable: estuvo con González y con Aznar, está con Zapatero y estará... De más, el sábado, sólo estuvo el número de «la chica de la prensa», que parece una tradición de la manifestación española: Rosa María, Gemma, y ahora, Isabel. La política es otra cosa.