Los hombres de trono portan al Señor de Madrid, antes de su salida
Los hombres de trono portan al Señor de Madrid, antes de su salida - Isabel Permuy

Viernes Santo: La lluvia obliga a retrasar la salida del Señor de Madrid

Miles de fieles se concentraron en las calles, a pesar de que la climatología tan solo permitió la celebración del Cristo de Medinaceli y Los Alabarderos

MADRIDActualizado:

Rogando al cielo encapotado que la lluvia diese una tregua y paraguas en mano miles de personas se congregaron en las calles de la capital para disfrutar de las cinco grandes procesiones del Viernes Santo. La esperanza de las cofradías, como si escuchasen las súplicas de los fieles delante de los portones de las iglesias, se mantuvo hasta último momento a la espera de que un claro en el cielo se abriese. Y aunque con más de dos horas de retraso, las plegarias se escucharon, aunque tan solo para dos de los pasos. La Basílica de Jesús de Medinaceli abrió su portón a las 21.54 horas para dar paso a Nuestro Padre Jesús Nazareno, conocido como el Señor de Madrid, que procesionó portado por 180 mujeres y hombres de trono, desde la plaza de Jesús hasta Neptuno, obligado por la lluvia a acortar su recorrido.

«El que manda es Él. Saldremos cuando así lo quiera», afirmó minutos antes el capataz, venido desde Málaga, desde donde llegaron también cien anderos para ayudar a cargar el Cristo. Por primera vez en la historia, una cuadrilla se situó debajo del paso, creando eso que en el diccionaro cofrade se denomina «submarino».

Las damas de mantilla abrieron camino a la procesión que más devotos reúne de toda la Semana Santa y, sobre todo, de la penúltima estación de la penitencia. El año pasado, como ya viene siendo habitual, se concentraron en las calles aledañas a la iglesia 800.000 personas según datos del Consejo de Cofradías de Madrid, para sentir el fervor del Señor de Madrid. La calle estalló en aplausos, y algunos llantos provocados por la espera, la emoción y la pasión, cuando empezó a sonar el himno de España y, tras él, una saeta. La talla anónima de Nuestro Padre Jesús Nazareno, del siglo XVII, al fin procesionó. «Llevo esperando desde las 10.30 para verlo, aunque sea detrás de una valla. Tantas horas han merecido la pena. Esto no se ve nunca. No se puede describir», dijo María, vecina de Las Rozas.

Acompañado por Nuestra Señora de los Dolores en su Mayor Soledad, obra de Rafael García Ururozqui (1948), la Asociación Musical de La Lira de Pozuelo puso música al paso para hacer la procesión más emotiva gracias al sonido solemne de sus cornetas y tambores.

«Vine el mes pasado para asistir al besapiés. Esto no me lo podía perder. Llueva o truena, la fe nos mantiene aquí para verlo. Es milagroso», aseguró Encarni después de que saliese el paso.

El Crucificado

El otro momento más emotivo de la jornada se vivió a las puertas del Palacio Real. Eran las 20.22 de la tarde y la procesión «más seria, austera y castellana» de Madrid se atrevió a desafiar la lluvia, aunque acortando su recorrido. La cruz de guía se posó a esa hora en la Puerta del Príncipe. Frente a ella, se hizo el silencio. Con hora y media de retraso, los pífanos y tambores de la Guardia Real comenzaron a resonar. Detrás de ellos, los nazarenos, ataviados con sus tradicionales capirotes, abrieron paso al Santísimo Cristo de la Fe, obra de Felipe Torres Villarejo. Con los brazos cruzados, 43 anderos -entre los que se encontraban dos mujeres- portaron al Crucificado, adornado con 7.500 claveles rojos y 400 rosas.

Por calle de Bailén, el Cristo llegó hasta la catedral castrense, donde tuvo lugar el momento más espectacular de la procesión: su recogida. Los anderos portaron la talla de rodillas y lateralmente para conseguir que entrase en el templo.

La lluvia obligó a cancelar la salida del Santo Entierro, María Santísima de los Siete Dolores y Nuestro Padre Jesús del Perdón, que tendrán que esperar un año más para llevar su fe por las calles de Madrid a los devotos.