Viaje de agua de Fuencarral. Al fondo, en azul, la nueva tubería que se montó cuando lo encontraron
Viaje de agua de Fuencarral. Al fondo, en azul, la nueva tubería que se montó cuando lo encontraron - GUILLERMO NAVARRO

Un viaje de agua en pleno centro

El conducto, en muy buen estado, es parte de la red de suministro que funcionó hasta el siglo XIX en la capital

MADRIDActualizado:

La conexión entre dos grandes tuberías del suministro de agua del Canal de Isabel II en el centro de Madrid –en el cruce de las calles Fuencarral y San Mateo– sacó a la luz a comienzos de mes una antigua canalización. Los técnicos de la DirecciónGeneral de Patrimonio han concluido que se trata de un viaje de agua del siglo XVII, procedente de los de Fuente Castellana y La Alcubilla, bastante bien conservado, como ha podido comprobar ABC durante una visita al interior de la infraestructura. Ahora, una vez documentado, se clausurará para poder reabrir la calle al tráfico en días, aunque quedará un registro dispuesto para que expertos e investigadores puedan visitarlo.

Los viajes de agua se desarrollaron en Madrid, para garantizar el abastecimiento de agua a la población, desde los tiempos de la ocupación musulmana. Y estuvieron en marcha hasta el siglo XIX: justo hasta que el Canal de Isabel II comenzó a desarrollar su red de conducciones por toda la ciudad.

Control arqueológico

Los principales viajes de agua fueron los de Amaniel, Fuente Castellana y Abroñigal Alto y Bajo. Este que aún permanece bajo el corazón de Madrid pertenece al que en su día se llamó Fuente Castellana.

La directora general de Patrimonio, Paloma Sobrini, recuerda que aunque cualquier obra que se haga en el casco histórico de Madrid debe tener un control arqueológico, mediante una autorización de su departamento, en este caso no se pidió, aunque «en cuanto detectaron el viaje de agua nos llamaron y se paró la obra. Todos estamos por el cuidado del patrimonio».

Ya se intuía la presencia en la zona de esta galería de saneamiento, ya que la mayor parte de ellas están documentadas. «En Madrid hay muchas: la M-30 era un viaje de agua, el de Abroñigal; la fuente de la Cibeles se alimentaba de otro viaje de agua situado bajo el monumento; y también el sistema de seguridad de las cajas fuertes del Banco de España», relata Sobrini. Esta se proyecta entre las calles Fuencarral y San Mateo, en muy buen estado, aunque en su interior pueden verse algunos tubos de comunicaciones que las cruzan con total impunidad en algún punto. El ladrillo forma bóvedas estrechas y alargadas, y del techo cuelgan numerosas raíces.

Una vez documentado, se clausurará para poder reabrir la calle Fuencarral al tráfico en pocos días

El arqueólogo Manuel Silvestre y su equipo han realizado en su interior un exhaustivo trabajo de documentación: a través de miles de fotografías, han realizado una fotometría en 3D, con el recorrido del viaje y donde se recogen particularidades como el arca de repartición, perfectamente visible en su interior.

El director de Innovación del Canal de Isabel II, Juan Sánchez, explica que en los trabajos sobre tuberías habitualmente no se tropiezan con estos hallazgos, porque se realizan a poca profundidad. En este caso, fue necesario hormigonar los anclajes de las nuevas instalaciones, y entonces fue cuando dieron con el viaje de agua, en cuyo suelo aún pueden verse fragmentos de la antigua tubería de cerámica por la que corría el agua varios siglos atrás.

Sobrini insiste en la riqueza arqueológica del subsuelo madrileño: «Allí vive la historia». De ahí la necesidad de que, en las zonas del corazón de la ciudad, «cada vez que se intervenga en el subsuelo, se necesite la autorización de Patrimonio y se realice un control arqueológico permanente», señala la responsable de Patrimonio, de la consejería de Cultura. Incluso, advierte, «cuando hablamos de un foso de un ascensor, puede aparecer un hallazgo».

Reponer el pavimento

De momento, el viaje de agua se tapará, quedando protegido con geotextil. El espacio volverá a rellenarse con tierra y se repondrá el pavimento. «Urge cerrarlo para no tener paralizada más tiempo del imprescindible una arteria como esta», explica. Los comerciantes de la zona no ven el momento en que la calle se reabra al tráfico y vuelva la normalidad a su clientela. A principios de la semana que viene, se prevé que la calle esté de nuevo abierta.

Lo ideal, en opinión de la directora general de Patrimonio de la Comunidad madrileña, es que este tipo de hallazgos no supongan «paralizar la ciudad, sino que es fundamental darle un uso compatible». Hace mención a las posibilidades que los avances tecnológicos abrirán en este campo. Quién sabe, señala, si en el futuro no se habrán desarrollado –ya se trabaja sobre ellos, indicó– hormigones traslúcidos que permitan ver el subsuelo y los tesoros que oculta...