El triste verano del Jarama

No hace muchos años podían verse nutrias en el río Jarama, a la altura de Torremocha. El Jarama era entonces un río con agua en ese tramo y con peces, lo que en estos tiempos de sequía y contaminación

TEXTO: M. CALLEJA. MADRID.
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No hace muchos años podían verse nutrias en el río Jarama, a la altura de Torremocha. El Jarama era entonces un río con agua en ese tramo y con peces, lo que en estos tiempos de sequía y contaminación no es poco. Pero cualquiera que se acerque hoy a este afluente del Tajo, inmortalizado en la literatura gracias a Rafael Sánchez Ferlosio, cerca de Torremocha o Patones podrá ver una de las imágenes más desoladoras del verano madrileño: no queda ni gota del río. El cauce que sirve de límite entre las provincias de Madrid y Guadalajara se ha convertido, desde el mes de julio, en un camino seco de piedras con alguna que otra charca aislada.

La imagen del río seco no es nueva, se repite cada verano. Más tarde, en los meses del otoño, recupera su caudal. Según la coordinadora «Jarama vivo», este desastre es habitual desde 1993, con la excepción de los veranos de 2002 y 2003. El portavoz de esta coordinadora, Raúl Urquiaga, subrayó que esta situación no se debe a la sequía y a la falta de lluvias, sino a que «el Canal de Isabel II no suelta agua desde los embalses del Atazar y del Vado. Mantiene las compuertas cerradas sin justificación y no se respeta siquiera el caudal ecológico que debe tener el río».

El Canal rechaza esta acusación. Un portavoz de esta empresa pública aseguró que se «está soltando el agua que marca la normativa, tanto del Atazar como del Vado, y no se ha producido ninguna sanción ni requerimiento por parte de la Confederación Hidrográfica del Tajo -Ministerio de Medio Ambiente-, que es el organismo del que dependen los dominios públicos hidráulicos». Según comentó, es lógico y normal que ante una situación de sequía todo esté seco, algo que no ocurre solamente en el río Jarama, sino en otros ríos de la región.

En una situación de sequía, según el Canal, la prioridad es el abastecimiento humano. En todo caso, el Canal no está usando los pozos de la zona para extraer agua, según la misma fuente.

La coordinadora «Jarama vivo» admitió que otros años se ha sacado más agua de los pozos, aunque este verano se sigue bombeando en Valdentales y Patones.

«Jarama vivo» destaca que desde el Pontón de la Oliva sale un «hilillo de agua» que es lo que nutre el cauce del río. «A partir de ahí pueden verse grandes charcas aisladas, peces agonizando en ellas, y un tramo totalmente seco hasta Torrelaguna. Desde ese punto el río tiene agua, pero es la que recibe de las depuradoras», señaló su portavoz, quien añadió que hace unos años se hizo una prueba para comprobar que el caudal que necesita el Jarama en los tres meses de verano equivale únicamente al consumo de tres días en la ciudad de Madrid.

Vertederos incontrolados

La desecación del río está acompañada además de la pérdida de árboles y vegetación en parte de la ribera. Y no son los únicos problemas del Jarama: vertidos ilegales de polígonos industriales, vertederos incontrolados en las proximidades, crecimiento urbanístico desaforado, extracciones abusivas de los pozos en determinadas épocas en Torremocha y Patones, la desviación del cauce por las obras de la ampliación de Barajas o graveras en zonas prohibidas son algunas de las denuncias de «Jarama vivo». La coordinadora recuerda aquellas nutrias que poblaban el río: «No sabemos qué ha podido pasar con ellas». En la ribera tampoco se ven ya los niños que aprovechaban sus vacaciones para darse un chapuzón en un río que en verano, sencillamente, ha dejado de existir.