Imágen del «túnel del terror» en el que se agolparon centenares de chicos - ABC
tragedia de halloween

Un joven que sufrió la avalancha del Madrid Arena: «No me sueltes que me muero»

La pandilla de amigas de Rocío y Cristina, dos de las víctimas, reconstruyen en primera persona para ABC cómo transcurrió la noche más terrible de sus vidas

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Paula, Patricia, Gabriela, Claudia, Marta M., Marta J... Son los nombres de seis de las supervivientes. Pero saben que podrían ser los de sus dos amigas fallecidas, Rocío y Cristina. «Les tocó a ellas como nos podía haber tocado a nosotras». Así de fácil y así de dramático. Lo cuentan con la neblina de quien no quiere creer que algo tan terrible haya podido pasarles. A sus amigas. Que llevaban como ellas más de un mes soñando con una noche que terminó convirtiéndose en una auténtica pesadilla. «Caos», «descontrol», «agobio». Son tres de las palabras que más se repiten a lo largo de una conversación que navega entre la rabia, la incomprensión, la tristeza y muchas lágrimas.

Están en estado de shock. Cómo no estarlo. Pero sacan fuerzas para relatar lo que vivieron, porque quieren defender a sus amigas y dejar claro que «no les ocurrió esto por ser unas inconscientes. Ellas no lo eran. Ha ocurrido porque alguien ha hecho las cosas mal y lo tiene que pagar». Apenas tienen 17 años, pero hablan con mucha entereza. Pocas personas mejor que ellas seis para darnos idea de cómo ocurrió la tragedia. Testigos directos y amigas de dos de las víctimas. Reconstruyen, en primera persona, para ABC la historia de la fiesta que terminó en catástrofe.

Venta de entradas

«Había mucha más gente que en otras fiestas. Nos advirtieron que iba a haber entradas falsas»

«Desde hace más de un mes, todo el mundo hablaba de esta fiesta. La gente de nuestra edad, y gente un poco más mayor, estaba como loca con Steve Aoki. Es uno de los Dj’s más conocidos. Todo nuestro barrio (la Alameda de Osuna) iba a acudir a la ‘clubber’ (fiesta multitudinaria con música electrónica). Era la fiesta más esperada. Por eso compramos la entrada con tiempo. A algunas nos costó 15 euros, a otras 18, incluso 22. El precio iba aumentando según se acercaba la fecha de la fiesta. La mayoría la adquirimos a través de uno de los distribuidores. Son chavales que vienen a los lugares donde solemos estar y nos las ofrecen. Ya nos advirtieron que esta vez podía haber entradas falsas. No nos extraña, porque ayer había muchísima más gente que en otras ‘clubbers’. Te daban una consumición si ibas disfrazado. Nosotras no íbamos ninguna disfrazada, pero era Halloween y lo íbamos a pasar muy bien».

Camino a la fiesta

«Ya hubo avalanchas en el metro. Saltamos una valla y nos colamos en el parking»

«Fuimos juntas en el metro. Antes de llegar, hicimos transbordo en la estación de Alonso Martínez, que estaba hasta los topes. Entramos todo el mundo a empujones. En Príncipe Pío, hubo una pelea en un vagón y el tren estuvo parado mucho tiempo con las puertas cerradas. Toda la gente se iba cayendo. Creíamos que nos asfixiábamos. Salimos de la estación de Lago también en avalancha, todo el mundo dándose empujones. Fuera, en el aparcamiento, no había seguridad ni nada. Saltamos una valla y nos colamos. Estaba lleno de gente haciendo botellón. Algunos empezaron a tirar bengalas. Como Steve Aoki no empezaba a actuar hasta las tres, la mayoría esperamos hasta esa hora para entrar en el pabellón».

Los accesos

«Somos menores pero nadie nos pidió el carnet, nadie nos revisó las mochilas»

«En otras ‘clubbers’ anteriores, nos registraban las mochilas y nos pedían el DNI. Pero esta vez ni una cosa ni la otra. No hubo ningún control. Una de nosotras metió en la mochila una botella de ginebra, de cristal. Simplemente, dabas la entrada y pasabas. Todas nosotras, como tenemos 17 años, nos habíamos hecho con carnets de hermanas mayores o de amigas que tienen 18. Fíjate si no controlaron el acceso de menores, que uno de los chavales con los que íbamos tiene cara de niño y es muy bajito. Ni de coña aparenta los 18. Pero pasó sin ningún problema. Había muy pocos ‘seguratas’ y una cola increíble».

En la pista

«Era una odisea incluso ir al baño. A una amiga le dieron un puñetazo»

«Después de mucho rato en la cola, entramos por fin a mogollón y lo primero que hicimos dentro fue ir al baño. Resultó ser una odisea. Eran auténticas mareas de chicas apelotonadas para entrar. Tuvimos que cogernos de la mano para salir del aseo porque si no, nos perdíamos las unas de las otras. Está claro que había muchísima más gente que el año pasado. Estaban llenas incluso las plantas superiores, que el año pasado estaban vacías. Al principio, se nos ocurrió acercarnos al escenario, pero fue terrible. Te empujaba todo el mundo y la gente estaba haciendo ‘pogos’ (grupos de espectadores empujándose los unos a los otros por diversión). A una de nuestras amigas le dieron en ese momento un puñetazo y la hicieron mucho daño».

Poca seguridad

«No había nadie poniendo orden. Nos agobiamos, no se podía respirar»

«En las avalanchas junto al escenario no había nadie de seguridad poniendo orden. De hecho, no vimos a ninguno de seguridad hasta que ya había pasado todo. Como nos agobiábamos, decidimos irnos a la parte trasera de la pista, que al menos allí se podía respirar un poco mejor. Pero también estaba todo lleno. Eran colas y colas de gente para todo. Cuatro de nosotras nos salvamos de la avalancha en la que murieron Rocío y Cristina porque nos subimos al segundo piso a comprar un bocadillo».

La tragedia

«La marea te llevaba en volandas. Nos dijeron que había muerto una persona»

«Una de nosotras salió de la pista hacia uno de los pasillos y, tal era la aglomeración, que en algunos momentos no tenía los pies en el suelo. La marea te llevaba en volandas. Una de nuestras hermanas dice que lo vio todo. Que vio al que tiró la bengala y a la gente pisándose una a la otra... Aún está en estado shock. Sin embargo, nosotros no fuimos plenamente conscientes en ningún momento de que habían muerto nuestras amigas. Alguien dijo que se había muerto una persona, pero pensamos que estaba borracho o que era una broma. ¿Quién iba a imaginar que les había ocurrido algo a Rocío y a Cristina? De hecho, no nos hemos enterado hasta esta mañana. Eso sí, durante una hora, no dejaban a nadie entrar ni salir de la pista. Pero la fiesta continuó».

Confusión

«Enviamos un mensaje a Rocío para saber si estaba bien. Nadie contestaba»

«Una de nosotras envió un mensaje de móvil a Rocío, pero allí nadie contestaba al teléfono. Ni siquiera su novio se enteró de lo que había ocurrido. Todos terminamos desperdigados. La música continuó como si nada hasta las seis de la mañana. Entonces se acabó la música y encendieron las luces. Las avalanchas se sucedieron también cuando nos íbamos a casa. Al salir del recinto y al entrar al metro, siguieron los empujones. Estuvimos media hora para pasar a la estación. Llegamos a casa a las ocho de la mañana. Es una hora normal. Esta fiesta nos apetecía mucho y llevábamos mucho tiempo esperándola y no nos íbamos a ir pronto».

El amanecer

«No nos lo podíamos creer. Esto ha ocurrido porque estaba mal organizado»

«Cuando esta mañana nos han dicho que habían muerto tres chicas, no nos lo podíamos creer. Es terrible. Luego hemos sabido lo peor, que dos de ellas eran Rocío y Cristina. Queremos que se sepa que esto no les ha ocurrido a ellas porque se lo hayan buscado. Ellas no se lo han buscado. Ellas fueron como nosotras a disfrutar de una fiesta. Esto ha ocurrido porque estaba mal organizado».

«Ruido, chispas y humo»

La llamarada y el posible ruido de petardos, otro extremo que analiza el Grupo V de Homicidios de Madrid, provocaron una escalada de pánico entre los jóvenes. «Oímos ruido, luego chispas y empezamos a ver mucho humo. Era un caos. Había muchos que querían salir a la pista central. La gente estaba desbocada. No había posibilidad de moverse», explican algunos testigos.

Hubo empujones, carreras y hasta mordiscos

Hubo empujones, carreras y hasta mordiscos se dieron entre los aterrorizados jóvenes, que pensaron en un primer momento que se había declarado un incendio. «Todo se fue de las manos, no se podía ni respirar», añadían otros asistentes.

El personal de seguridad luchaba para evitar que más gente, sobre todo por curiosidad, se arremolinara en torno al epicentro de la tragedia.

Cinco chicas yacían en parada cardiorrespiratoria, provocada de manera traumática por los golpes y pisotones recibidos. «No me sueltes, que me estoy muriendo», decía uno de los atrapados, según los testigos.