Santos González Rollán, enfermo por amianto, esta mañana en la Asamblea de Madrid
Santos González Rollán, enfermo por amianto, esta mañana en la Asamblea de Madrid - MAYA BALANYÁ
Comisión de Investigación

Un trabajador de Metro enfermo por amianto: «En 40 años solo he recibido una charla de dos horas»

Santos Gonzále Rollán, diagnosticado en 2016 de asbestosis, asegura sentirse «maltratado» por la compañía, a la que acusa de haber actuado «con negligencia»

MADRIDActualizado:

No por breve la comparecencia fue menos elocuente. Uno de los tres trabajadores de Metro con una enfermedad profesional reconocida a consecuencia de la exposición continuada al amianto ha asegurado esta mañana sentirse «maltratado» por parte de la empresa, a la que acusó de haber actuado «con negligencia». Santos González Rollán, diagnosticado de asbestosis en 2016, ha negado en la Asamblea de Madrid haber recibido el material adecuado para abordar su manipulación.

En el marco de la comisión de investigación sobre la presencia de este mineral en el suburbano, el empleado ha sido tajante al aseverar que tampoco a partir de 2003 -año en que el responsable de Salud Laboral, Pablo Arranz, firmó un informe que advertía de la presencia de fibras nocivas en 115 vehículos (50 auxiliares y 65 para uso de viajeros) y en 65 estaciones de la red- recibió ningún tipo de formación acerca de los riesgos que entraña esta actividad. «Solo he ido a una charla de dos horas que dieron en marzo de este año», ha sentenciado tras una carrera en el suburbano de más de 40 años.

A los 16 años, González Rollán entró como aprendiz en el antiguo Taller de Material Fijo, y, una vez terminada su formación, pasó a formar parte en 1978 del equipo encargado del mantenimiento de las escaleras mecánicas, función que desarrolló hasta el año 2007. Durante todo ese tiempo, el operario ha recordado que «era común taladrar, cortar, lijar y barrer materiales con amianto» propios de las zapatas de freno o los pasamanos de las escaleras, y que el «polvillo desprendido resultaba casi imperceptible».

El asalariado, que desde hace una década desempeña su labor en la Sección de Multifuncionales -encargada de la conservación de las estaciones-, fue diagnosticado de asbestosis dos años atrás. «A raíz de una operación de rodilla en 2014, me practicaron una radiografía de tórax y los médicos vieron algo en el pulmón que no sabían lo que era», ha relatado sin comprender la falta de apoyo por parte de Metro. Ante la posibilidad de que padeciera asbestosis, se le derivó al servicio de neumología de La Paz, donde tal extremo fue confirmado en 2016. Pese a que el afectado remitió entonces el informe a la empresa, no fue hasta este año cuando se le reconoció oficialmente la enfermedad. «No sé por qué tardaron dos años», ha subrayado.

González Rollán ha advertido, además, que la dirección de la compañía le ha ofrecido en los últimos cinco años la posibilidad de someterse a dos revisiones médicas relacionadas con el amianto. Y ha recalcado que, dependiendo del año, podían llegar a ser 110 trabajadores los que lidiasen con este riesgo en sus quehaceres diarios.

Cambio de zapatas en 1992

Previamente, el que fuera director de Ingeniería, Mantenimiento e I+D de Material Móvil e Instalaciones de Metro en el año 2003, Francisco Javier González Fernández, ha acudido a la comisión a instancia del PSOE. Allí, ha reconocido la existencia de amianto en 1992, cuando era jefe de servicio de mantenimiento, y se «cambiaron las zapatas de disco de freno por otras sintéticas, a recomendación de la Autoridad Internacional del Transporte Público (UITP por sus siglas en inglés)».

En ese sentido, ha reseñado que si bien ya se comenzaba a comentar que este material «podía ser nocivo o peligroso para la salud si se disgregaba o friccionaba», las actuaciones acometidas en aquella época no atendían a «ninguna normativa específica».

El antiguo responsable, que ha respondido durante casi dos horas a las preguntas de los cuatro grupos parlamentarios, ha explicado que no fue hasta once años después de cambiar esas piezas cuando los técnicos de Metro contactaron con el fabricante de material ferroviario CAF para conocer si otras partes de material móvil también contenían amianto. «Nos indicaron que los trenes de la serie 2000 y 5000 albergaban elementos nocivos, que fueron encapsulados por la compañía», ha desgranado a través del uso de un barniz específico para evitar que se desprendieran fibras de unos componentes eléctricos llamados apagachispas.

González Fernández ha asegurado también que se dio la orden de paralizar los trenes clásicos. En 2005, la Unión Europea prohibió el uso de esta sustancia potencialmente cancerígena.