Tony Leblanc: «Nací dentro de la Sala de Goya del Prado»

MADRID. Rosa María Echeverría
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Se llama Ignacio Fernández Sánchez Leblanc, pero es conocido en el mundo mundial como Tony Leblanc. Forma parte de esos personajes que han anidado en el subconsciente colectivo de los españoles y en ellos se piensa con amor, extraña paradoja en un país sembrado de resentimientos. Y su historia, su luminosa historia, resulta tan entrañable como él mismo.

-¿Cómo ha conseguido convertirse en el único ser humano del universo que ha nacido en un museo?

-Mi padre era portero del Museo del Prado de la entrada de Velázquez y mi madre fue a verle. En ese momento se puso de parto, la llevaron corriendo al Salón de tapices de Goya y en aquel sillón vine al mundo el 7 de mayo de 1922. A la misma hora que yo nacía, a las 5,15 de la tarde en la Plaza de toros vieja de Madrid, moría el torero Granero.

-Luces y señales anunciaron su llegada a la tierra protegido por los sueños y los caprichos de Goya. ¿De qué color era la vida en aquellos momentos?

-Después de aquella guerra horrible a mi padre le nombraron conserje jefe del museo del Padro y ya vivíamos allí . Jugábamos al fútbol donde ahora Moneo está haciendo el nuevo proyecto y veraneábamos en el barrio de Usera. Aquello era una gloria, porque veranear en San Sebastán es una vulgaridad. Pero se trataba de una casita de papel y con la primera bomba que cayó en Usera se deshizo la casa.

-Ha intervenido en 106 películas, 57 revistas y 300 horas de televisión. ¿Cómo se inició en el mundo del arte?

-Una profesora que estuvo en Nueva York me enseñó a bailar claqué y me pasé toda la guerra bailando. Con siete años actué como protagonista en un teatro. Mi maestra me recitaba los textos y yo me los aprendía de memoria porque me costaba leer.

-Los recuerdos le desbordan, ¿pero cuál es aquel que nunca olvida?

-Me emocionó mucho conseguir hace 2 años el Goya con “Torrente”.Y tengo el recuerdo de una dedicatoria de José María Pemán aludiendo a que en las revistas hacía de pobrecito: «Para Toni Leblanc, “el pobre hombre” más rico de humor de la escena española». Mi vida ha sido maravillosa y eso que con 60 años me atropellaron y he sufrido nada menos que 32 operaciones.