Tienda de Cafés La Mexicana en la calle Preciados de Madrid
Tienda de Cafés La Mexicana en la calle Preciados de Madrid - BELÉN RODRIGO
Comercios centenarios

La tienda que más café vende del mundo está en Madrid

El aroma a café recién molido de La Mexicana invade la calle Preciados y atrae a todo tipo de clientela: a los de toda la vida y a los jóvenes degustadores

MadridActualizado:

Un intenso aroma a café sale de la puerta de una pequeña tienda en la calle Preciados, en el número 24, llamada La Mexicana. Su nombre es en homenaje a su fundadora, Dolores Levil Biel, una mexicana de padres españoles que vino a Madrid a finales del siglo XIX para conocer la tierra de sus progenitores. Enamorada de la capital decidió instalarse en ella y montar un negocio de venta de café en 1890. «No se sabe muy bien cómo conoció a mi abuelo, José Rodríguez», explica a ABC Álvaro Rodríguez, responsable de las tiendas de Cafés La Mexicana. «Pero contaban que Dolores Levil preguntó quién hacía el mejor café de Madrid y le remitieron a José Rodríguez, comenzando así la colaboración entre ambos». José (1904) era un joven huérfano, el mayor de nueve hermanos, todo chicas excepto él. «Se ganaba la vida como podía. Compraba judías en El Barco de Ávila y las vendía en Madrid, traía vino de Arganda y se lo compraban los curas para la misa», recuerda su nieto. En un Madrid en el que todavía existía el trueque, hubo un cliente que no le pudo pagar y optó por darle a cambio un saco de café. «Y así empezó en este negocio, tostó el café en el patio y lo vendía en cucuruchos de papel a sus vecinos».

José Rodríguez fue un hombre trabajador e ingenioso que incluso llegó a crear su propia marca de café, Joroko. Dolores Levil expresó su deseo de que fuera él quien continuara con su labor en la tienda una vez ella no estuviera, tal y como ocurrió a finales de la década de los 20. «No sabemos muy bien si falleció o se volvió a México», aclara Álvaro. De esta forma José Rodríguez adquirió el local que posteriormente compró y registró la marca comercial La Mexicana, en honor a su fundadora. Por aquel entonces, el café era comercio de Estado que se distribuía en tres calidades (A, B y C). «Mi abuelo vendía sus cantidades de la calidad B y C más baratas y adquiría la A para el café de La Mexicana que siempre ha sido el mejor», puntualiza el responsable de las tiendas.

Expansión

Con la ayuda de sus dos hijos logró superar los años difíciles de la guerra y de la postguerra. «En esos años vendían caramelos y malta, sucedáneo del café. Lo que hizo fue poner a sus hijos a jugar con los caramelos y ellos los mezclaban y preparaban bolsas de surtidos». Tuvieron además que sufrir varias expropiaciones de sus propiedades. Problemas de salud apartaron a José Rodríguez al frente del negocio y tras la temprana muerte de su hijo mayor fue el menor de ellos, Juan Carlos, quien tomó las riendas a finales de los 70, con 25 años. «Fue el momento de la expansión, con la apertura de otros locales y de distribuidores exclusivos, lo que hoy se llaman franquicias». Hoy cuentan con 17 establecimientos repartidos por Madrid, León, Salamanca y Toledo, todos ellos con el mismo olor inconfundible a café recién tostado.

El trabajo de todos ellos, año tras año, ha permitido que esta pequeña tienda siga viviendo de la venta del café y es más, en 1991 fue reconocida en el Libro Guiness de los Récords como la que más café vende del mundo. Ahora vende por día una media de 1.000 paquetes de café (250 kilos) pero en alguna ocasión han llegado a duplicar esta cifra.

Clientela habitual y jóvenes cafeteros

Por La Mexicana pasan clientes de toda la vida, que en ningún momento han dejado de beber este café. Padres, hijos y nietos que comparten esa pasión. «Y cada vez más viene gente joven, entre 30 y 40 años, que entienden de café y prefieren pagar un poco más y tener un café mejor» explica Álvaro Rodríguez. El paquete de 250 gramos cuesta 4 euros y sube a los 6,10 si se trata de uno de los cafés especiales, como el de Kenia. «Nadie vende un café de calidad a precios tan buenos, somos muy competitivos». En La Mexicana se utiliza únicamente la variedad arábica y en ningún caso la robusta. Tienen la fábrica en Alcalá 500 donde llega el café y se tuesta a diario, se envasa y se envía a las tiendas. «Trabajamos sobre todo con café de Colombia, Etiopía, Guatemala y Kenia, orígenes puros y algunas mezclas», destaca Álvaro. El café más conocido de La Mexicana es el de Colombia, «el que más pide la clientela de más edad» mientras que los otros sabores los piden los más jóvenes. Navidad es la época del año en la que más se vende este café, «porque hace frío y porque es un habitual regalo». Álvaro cree que en España no existe cultura de café pero que poco a poco las personas van aprendiendo. «Se han dado cuenta que el café que se vende en España es malo y buscan los lugares donde se sirve mejor café, que poco a poco van apareciendo», comenta.

Lo consejos de La Mexicana para disfrutar del café
Lo consejos de La Mexicana para disfrutar del café - B.RODRIGO

Por este café pasan todo tipo de personajes, muchos de ellos del mundo del cine y de las letras, pero prefieren mantener su anonimato. También hay muchos turistas que aprovechan para probar el café en una pequeña máquina de degustación. «Hay quien nos ha hecho pedidos para fuera, porque les gusta mucho el café», comentan en la tienda. E incluso en algunas ocasiones entra algún mexicano pidiendo café de su país y se extraña que no lo vendan. «Hemos intentado tener café de México pero no tienen la calidad que nosotros buscamos», aclara Álvaro. Él trabaja junto a una hermana en el negocio y tiene otros dos hermanos. Lleva en esta tarea seis años y medio aunque tal y como suele decir, «a mis hermanos y a mí nos daban café en el biberón». Consciente de que los tiempos han cambiado, planea nuevos proyectos para la marca. Llevan dos años con la tienda online y de momento el café en cápsulas está fuera de sus planes porque «lo que diferencia a nuestro café es su frescura, que se nota en el aroma y en la calidad». En Cafés La Mexicana «realizamos un producto artesanal y queremos que siga siendo así». Para ser conocidos nunca les ha hecho falta otra publicidad que no sea el boca a boca, y el aroma del café, irresistible para quien pasa por delante de la tienda.