Varios carruajes olvidados en el antiguo depósito de cadáveres
Varios carruajes olvidados en el antiguo depósito de cadáveres - JOSÉ RAMÓN LADRA

El tesoro oculto del cementerio de La Almudena

Una decena de bellos carruajes de principios del siglo XX permanecen olvidados en el antiguo depósito de cadáveres del camposanto

MadridActualizado:

En el antiguo depósito de cadáveres del cementerio de La Almudena una viuda, de madera y acero, llora desconsolada sobre el esqueleto de un vehículo adornado con cuero, cristal y caucho. Se trata del carruaje fúnebre conocido como «La Llorona», que engalana uno de los nueve coches mortuorios —antes, tirados por caballos; y, después, por motores estadounidenses e italianos— que datan de principios del siglo XX. Estas joyas permanecen en el olvido en una pequeña nave, con goteras, desde 1994. Ni la luz, ni el entorno deplorable donde se encuentran realzan estas piezas, que son verdaderas obras de arte y que un día transportaron hasta su destino final a grandes personalidades de la política y la cultura española.

La calidad y originalidad de estas creaciones de ornamentación barroca, que pesan hasta tres toneladas y están talladas a mano, las convertían en objetos de uso exclusivo, solo al alcance de familias adineradas. El alquiler, que incluía el desplazamiento del ataúd desde hasta el camposanto, entonces en el extrarradio de la capital, era de unas 3.000 pesetas (más de 10.000 euros actuales). Desde que comenzaron a funcionar en 1884, Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset, además de alcaldes, políticos, toreros y cupletistas del siglo pasado viajaron sobre sus urnas hasta su lugar de descanso eterno.

Todavía se puede ver en el chasis frontal de estos vehículos un indicador de la temperatura del motor. Esta era una referencia muy necesaria para el conductor, ya que debido a su gran peso y envergadura, se recalentaran en exceso. Éste fue el problema que obligó a jubilar antes de tiempo a la carroza que estaba destinada a llevar por las calles de Madrid el cuerpo del exalcade socialista Enrique Tierno Galván. En enero de 1986, poco antes de la multitudinaria despedida en la capital, el motor dejó de funcionar cuando sólo había logrado transportar el féretro del Viejo Profesor hasta el cortejo que enlazaba la Plaza de la Villa con Cibeles. Por eso, tal y como consta en la hemeroteca de ABC, una «carroza de estilo barroco procedente de Vich pedida al Museo de carruajes de Barcelona» es la que finalmente transporto su cuerpo hasta el cementerio. Desde que ocurrió aquel fallo, se comenzaron a sustituir por las actuales berlinas.

Restauración y museo

«Durante muchos años, estos vehículos estuvieron cogiendo polvo, abandonados, en las antiguas cocheras de la Funeraria (cuando estaba en la calle Galileo), por eso quise que los trajeran aquí, con el objetivo de que los madrileños puedan algún día disfrutar de estas maravillas», explica a ABC el director de la Empresa de Servicios Funerarios, José Luis Andrés, que relata con orgullo el pasado glorioso de estas piezas. Unas obras que hay que mirar con detenimiento para apreciar su valor: los artesonados de los techos, las cariátides... Todo ello en madera labrada. La mayoría son negras o marrones con detalles dorados, pero también las hay de color blanco, reservadas para las doncellas y los niños.

En los años 90, unos estudiantes de Bellas Artes se encargaron de restaurarlas y ponerlas a punto, pero «por falta de presupuesto y voluntad política», según denuncia el director de los camposantos madrileños, aún continúan sin lugar dónde exhibirse. «Si yo pudiera concienciar a alguien para que se organizaran visitas guiadas al cementerio, para ver la capilla modernista, hacer una ruta por algunos sepulcros de personajes célebres, y que se terminara con una exposición para ver estas obras, desmitificamos el tema de la muerte y los cementerios», insiste. Mientras tanto, estas carrozas permanecen alzadas sobre troncos de madera para preservarlas de humedades y proteger sus neumáticos. Junto a ellas, también aguarda su momento de gloria una diligencia tirada por caballos donde viajaban los empleados del cementerio y tres muebles archiveros repletos de actas de defunción escritos a plumilla. Un tesoro oculto postergado, en tiempo y forma, que José Luis Andrés sueña con resucitar.

1.- Diligencia. Una diligencia recogía todos los días a los empleados del camposanto en la plaza de toros de Las Ventas, ya que el cementerio estaba situado en el extrarradio, en medio del campo.

JOSÉ RAMÓN LADRA
JOSÉ RAMÓN LADRA

2.- Archiveros. José Luis Andrés rescató los antiguos archiveros que albergan actas de defunción desde finales del siglo XIX.

Actas de defunción de finales del siglo XIX
Actas de defunción de finales del siglo XIX - JOSÉ RAMÓN LADRA

3.- Cariátides. Detalle de una de de las seis figuras aladas que adornan «La Verónica». Todas tienen rostros distintos.

Detalle de «La Verónica»
Detalle de «La Verónica» - JOSÉ RAMÓN LADRA

4.- «El Gloria». El color blanco de este carruaje indica que sólo podía ser utilizado por doncellas y «párbulos».

Dos vehículos de la colección del cementerio
Dos vehículos de la colección del cementerio - JOSÉ RAMÓN LADRA

5.- Motor extranjero. Los carruajes eran originalmente tirados por caballos, que se sustituyeron por motores extranjeros: estadounidense (Studebaker y Lincoln) y francesa (Latil).

Detella de uno de los primeros carruajes a motor
Detella de uno de los primeros carruajes a motor - JOSÉ RAMÓN LADRA

6.- «La Llorona». La expresividad del rostro de la mujer y la riqueza de los pliegues de la ropa convierten esta carroza en una de las más sencillas y bellas de la colección

Detalle de un «La Llorona»
Detalle de un «La Llorona» - JOSÉ RAMÓN LADRA

7.-Tierno Galván. El carruaje fúnebre traído de Barcelona que finalmente transportó el féretro de Tierno Galván a su paso por Cibeles el 22 de enero de 1986

El carruaje que transportó el féretro de Tierno Galván
El carruaje que transportó el féretro de Tierno Galván - JOSÉ RAMÓN LADRA