Vídeo: Aumentan de forma descontrolada los narcopisos en las grandes ciudades españolas - Guillermo Navarro

Tesoro, 28: el «narcopiso» que atemoriza Malasaña

Una vivienda okupa es el mayor punto de venta de droga del barrio y también se ejerce allí la prostitución. Los robos en los comercios se han multiplicado

MADRIDActualizado:

El tipo se baja de la moto, se quita el casco y, pese a que cae el sol de plomo, se encamina con su chupa de marca hacia el segundo portal a la izquierda. No llama al teléfonillo por dos razones: porque lo han arrancado de cuajo y porque también han robado la cerradura. Cualquiera puede entrar en el número 28 de la calle del Tesoro, considerada por vecinos y comerciantes la más peligrosa de Malasaña, como dicen los que la sufren. Tiene unos 45 años, cara de muy mala leche pero no parece toxicómano. Hasta que atraviesa el pequeño patio de luces, hediondo de tanta mala vida, baja unos escalones mellados y llama a la puerta más escondida y frecuentada del barrio. No hay timbre. Golpea con los nudillos. Una vez. Otra. Y otra. Nadie contesta. Pero se oye la televisión dentro. Silba como solo silban los que trapichean. Y, al final, a la desesperada, grita: «¡Que vengo a por coca!». Con más cara de pocos amigos de con la que entró, se marcha. En su moto y con su chupa de 500 euros.

Es solo uno de la treintena de drogodependientes que, en una tarde, puede acercarse a este «narcopiso», el punto de delincuencia más activo, probablemente, en toda la zona. Los pocos vecinos del bloque que se atreven a hablar lo hacen en tono quieto y con la cadena de la puerta entreabierta puesta. Un matrimonio octogenario lo tiene claro: «Nos vamos a ir de aquí, a vivir a otro sitio. Tenemos una nieta de 12 años y esto es un infierno. Tememos que nos peguen. Esto es un trasiego constante de gente, que se pelean entre ellos. Han robado todo lo que han podido del edificio y siempre están con broncas».

La anciana explica que todo empezó cuando Ana, la que era la portera, se quedó sin el trabajo y tenían que desahuciarla. «La dejamos vivir en el piso, por caridad. Pero empezó a meter a gente en el piso y esto va a peor, sobre todo en los dos o tres últimos meses. Aquí ya no se puede vivir».

Las denuncias son constantes. Hasta el punto de que este martes, a eso de las cuatro de la tarde, la Policía Nacional se presentó en el «narcopiso» y realizó una redada. Fuentes de la investigación indicaron a ABC que los agentes de la comisaría de Centro llegaron con la preceptiva orden judicial. Cuando entraron en la vivienda, había nada menos que once personas dentro. Dos de ellas son las que mueven el negocio; el resto eran toxicómanos que habían acudido a comprar y «meterse». El miércoles volvió el trapicheo.

«Habíamos comprobado que desde hacía tiempo entraba y salía mucha gente de ese sótano y hemos detenido a dos de ellos», explican fuentes del caso. El cabecilla es un nigeriano de 42 años, con un historial por delitos contra la salud pública y malos tratos. El otro es un español con nada menos que 40 antecedentes policiales, por delitos patrimoniales (robos con fuerza, robos con violencia y hurtos), pero también por tráfico de drogas. Hacía de «aguador» (el que avisaba cuando se acercaba la Policía) para el nigeriano. Los agentes, además, se incautaron de 100 gramos de cocaína, dos básculas de precisión, dos botes de amoníaco y 150 euros en efectivo.

La presencia policial es constante, pero los problemas superan el trapicheo del «narcopiso». En el inmueble reside una mujer transexual, toxicómana, a la que su pareja, de origen rumano, la muele a palos. Y la obliga a prostituirse. La meretriz se muestra agresiva con quienes le plantan cara. La penúltima víctima de este grupo marginal ha sido una vecina del barrio, que se enfrentó a ellos. Al día siguiente, le quemaron su coche.

Hace meses le metieron fuego a varias motos y otro okupa cayó al vacío cuando iba de balcón en balcón en el número 7 de Tesoro. En el número 28, donde el «narcopiso», hace solo unos días dos personas fueron heridas graves a cuchilladas en una reyerta por drogas. La situación es insostenible.

Pero también para los comerciantes del barrio. Porque son las otras víctimas de estos drogodependientes. Los robos en establecimientos están a la orden del día. Existe una tienda (que prefiere no dar su nombre) en la que en los últimos meses roban por el método del hurto al menos una vez en semana, explica su propietario. Pero lo peor fue una madrugada en la que tres jóvenes entraron reventando la puerta del portal anejo. Rompieron la alarma, esperaron, vieron que no acudía nadie y estuvieron dos horas en el interior llevándose todo lo que quisieron: unos 5.000 euros en mercancía. «Llevaban las caras tapadas y debían de ser jóvenes, porque corrían a mucha velocidad», explica el pequeño empresario.

María regenta la prestigiosa galería de arte La Fiambrera. Pero también vive en la calle del Tesoro, así que es víctima por partida doble. El último robo lo sufrió el viernes pasado, a las cuatro y cinco de la tarde, cuando su compañera acababa de abrir. Entraron dos hombres y luego una pareja italiana. Cuando estos preguntaron a la dependienta por un artista, los dos sujetos, que presuntamente son los que detuvieron el martes en el «narcopiso», aprovecharon para llevarse dos bolsos mexicanos de 250 euros cada uno, además del teléfono móvil de la empleada. Una de las cámaras de seguridad los grabó.

«¡Me matan!»

«Todos días tenemos que llamar a la Policía. Ese piso es un foco de delincuencia. El lunes por la noche, estábamos toda la familia en casa cuando comenzaron a oírse gritos. Un chico, completamente drogado, chillaba: ‘¡Socorro, socorro, me quieren matar!’». Había acudido al «narcopiso» y le habían intentado acuchillar.