Suma y sigue

No era cuestión de llegar a cuartos, de quedarse ahí o pasar de cuartos. Lo más importante consiste en «no dar tres cuartos al pregonero», pero ya se sabe que la prudencia no es lo mejor que se gasta

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No era cuestión de llegar a cuartos, de quedarse ahí o pasar de cuartos. Lo más importante consiste en «no dar tres cuartos al pregonero», pero ya se sabe que la prudencia no es lo mejor que se gasta; vender la burra antes de conocerla, sí. Lo que no resulta posible es el ejercicio de la objetividad serena. Cada debate termina imponiendo los intereses particulares, tanto para destacar éxitos propios (aunque sean mentira) como para hurgar en los fracasos de los demás (sin que tampoco sean verdad). «Antes muertos que sencillos...» y al precio que sea. Los ejemplos de pasarse de rosca, o no llegar, se repiten con tanta frecuencia como la necesidad de buscar algún ejemplar que no se limite a pregonar su espíritu de servicio (la declaración más repetida), sino que verdaderamente lo demuestre. Vive la clase general tan pendiente de su propaganda, que apenas apuesta por la verdad auténtica y las obligaciones que habrían de mejorarse. Ya dijo alguien que prometer es más a fácil que cumplir, e incluso insinuó que para ilusionar campañas electorales no suponen compromiso las palabras que se lleva el viento.

Nadie se escandaliza de los derroches de presupuestos ni de la intervención directa en beneficios, a cambio de las facilidades que se «legalizan» con la utilización del suelo. Todos quieren tener una torre para sí, «como llovida del cielo» -ya me entienden- y no hay más que abrir los ojos para comprobar que algunas instituciones públicas se inclinan más por «lo suyo» que por la defensa de los ciudadanos. El número de alcaldes que son más partidarios de ellos mismos que de sus contribuyentes (y Estepona es la última desvergüenza dada a conocer) viene siendo una lamentable costumbre que produce menos atención que los conflictos del transporte, la crisis, el zarandeo de los palabros o palabrotas a cuenta de «la igualdad», la droga, las puñaladas de la inseguridad, la coña que se trae el personal de los parquímetros que iban «a solucionar el estacionamiento en Madrid...». Suma y sigue. A la gente parece que sólo le interesa, en los trajes de luces, no el color de la seda, sino que el brillo y oro acabe rebozado en sangre y arena, con Tyrone Power, Rita Hayworth, Linda Darnell y toda la pesca.