El sombrerero

IGNACIO RUIZ QUINTANO
Actualizado:

El Sombrerero ataca con una estaca la oficina sindical -de clase, por supuesto- que le niega la póliza para torear en Madrid. «Irrumpido en la oficina ante cuatro señoritas rompiendo todo», decía la noticia. ¿Ese Sombrerero está loco? En casa del Sombrerero Loco siempre eran las cinco de la tarde, pero para tomar el té, no para estoquear a un novillo. Con cuatro millones de parados, y lo que cuesta torear en Madrid, ¿por qué los sindicalistas de clase la toman con El Sombrerero? Al Sombrerero le firman en Madrid y, cuando va a hacer el paseíllo en las Ventas, los sindicalistas de clase le dicen que le falta una póliza. ¿Y por aquí dicen que pasó el tiempo? ¿Qué tiempo? ¿Dónde está la diferencia del «¡Adiós, Madrid!» de Antonio Sánchez «El Tato» -proferido cuando el cirujano le cortaba la pierna gangrenada por una cornada- y el ¡«Adiós, Madrid!» de El Sombrerero? Está visto que El Sombrerero no tiene un flautista que le chifle. Y yo creo que esos sindicalistas de clase estarían mejor acompañando al furgón de Seur que transporta las medallas devueltas de Camino y Tomás. ¿No son las medallas de «la vergüenza torera»? Y mejor que acompañando al furgón, llevando ellos mismos las medallas a hombros hasta la casa del notario que las espera en Madrid. Ahora al Sombrerero le ha dado un aire y, al estilo de Emilio el de Lazcano con su maza, ha roto una oficina. ¡Pobre Sombrerero, sin enchufes para pillar una p... póliza en esta Corte de los Milagros donde Gallardón pasa por virtuoso dispuesto a sacrificarse porque siga habiendo «chic» en la vida! Claro que, para defenderse de lo de la oficina, El Sombrerero siempre puede aducir la Doctrina Garzón de la Mala Fe. «Sí, irrumpí en la oficina ante cuatro señoritas rompiendo todo, pero lo hice sin mala fe.» Y a prescribir un cuento. ¿Se acuerdan del de Chesterton sobre el correr tras el propio sombrero? «Un hombre que corre tras su propio sombrero no es ni la mitad de ridículo que uno que corre tras su mujer.» Hay que seguir al Sombrerero.

AL DÍA