Ana sostiene en brazos a su hijo Daniel, de 2 años, con Pedro, de 100, detrás de ellos; son el más joven y el más viejo de Piñúecar
Ana sostiene en brazos a su hijo Daniel, de 2 años, con Pedro, de 100, detrás de ellos; son el más joven y el más viejo de Piñúecar - Guillermo Navarro
La «siberia» demográfica madrileña

El «SOS» de la Sierra Norte de Madrid: un semidesierto cada vez más envejecido

La mayoría de los 42 municipios tiene una densidad de población inferior a 20 habitantes por kilómetro cuadrado, con una media de edad cada vez mayor

Madrid Actualizado: Guardar
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Poco más de setenta kilómetros separan la capital de la Sierra Norte, antípodas a apenas una hora por carretera. La comarca, compuesta por 42 municipios y frontera con las dos Castillas, representa la despoblación rural en la Comunidad de Madrid; una suerte de «siberia» demográfica con la densidad de población más baja de la región y una media de edad cada vez más envejecida. Salvo contadas excepciones, la mayoría de estos pueblos no supera los veinte habitantes por kilómetro cuadrado -similar a Suecia (22) o Finlandia (16)- y sus vecinos, por lo general, están al borde de los 60 años.

–Y aquí, ¿cómo es la vida?

–Bueno... -sonríe irónico- la verdad es que aquí vida no hay mucha.

La sinceridad de Gregorio, un vecino de La Acebeda, resume el día a día en esta zona serrana. Lo explica en el bar más frecuentado del lugar, donde solo están él, otro hombre y el camarero. Este pueblo, con 66 habitantes censados (según los datos de 2017 del INE), posee una densidad de población de 2,6 habitantes por kilómetro cuadrado, prácticamente la misma dispersión que Islandia. «El problema es que los jóvenes ya no quieren vivir aquí», añade, esta vez con resignación.

Si bien hay municipios que son el motor de la comarca, como Buitrago del Lozoya (1.854 habitantes), resulta complicado determinar cuál es la actividad económica principal. El turismo ha ganado enteros y la ganadería, la agricultura o la apicultura se mantienen, pero el envejecimiento revela otra realidad. «Si te digo la verdad, aquí ya no trabaja nadie, todos estamos jubilados», valora este vecino.

Del total de los municipios, 33 están por debajo de los mil habitantes y diez no llegan al centenar. El padrón, no obstante, no se ajusta a la realidad: en la mayoría de los casos, apenas viven veinte personas durante todo el año. El censo se mantiene estable en algunas localidades, pero en otras ha bajado notablemente. En Puebla de la Sierra, por ejemplo, en una década se ha pasado de 107 vecinos a 61; mientras que Madarcos, con un pico de 55 habitantes en el año 2013, tiene ahora 46, por los 47 de 2008. Patones, por su parte, incluso ha crecido: sube de 517 a 553 censados en la actualidad.

Es fácil ir de un pueblo a otro por las carreteras interiores y no cruzarte con ningún coche, a excepción de la autovía de Burgos (A-1). Sin embargo, la vida que pueda generarse pasa por estas vías, a menudo abandonadas y desvencijadas, e interactuar con los núcleos cercanos. «Si quieres estar en contacto con el mundo tienes que moverte sí o sí», explica Sandra, que vive en Robregordo pero trabaja en Madarcos, los dos municipios con menos habitantes de la región. Esta joven, lejos de los clichés del despoblamiento, lleva años viviendo en la Sierra Norte porque es justamente lo que buscaba: «Es otra mentalidad y otro ritmo, pero ganas mucho en calidad de vida».

Presencia de niños

Un grupo de jubilados juega a las cartas en Aoslos, donde aún predomina la ganadería como actividad principal
Un grupo de jubilados juega a las cartas en Aoslos, donde aún predomina la ganadería como actividad principal - Guillermo Navarro

Un grupo de críos que celebra un cumpleaños en Aoslos representa esta conexión. Aunque no todos viven en el pueblo, sí van juntos al colegio en Buitrago; la ruta escolar pasa por varios municipios y conforma una especie de comunidad a pequeña escala. «Hace años sí que no había un solo niño, pero de un tiempo a esta parte cada vez hay más, mucha gente trabaja en Madrid pero va y viene todos los días», explica a ABC una de las madres.

La necesidad del coche, no obstante, dificulta la cobertura de ciertos servicios básicos, como la educación o la sanidad, y ahonda en la problemática demográfica. La población de la Sierra Norte, con 28.902 habitantes, no daría para llenar ni la mitad del estadio Santiago Bernabéu; completar una sola fila con niños es casi imposible en algunos casos. En La Acebeda, por ejemplo, solo hay cuatro menores, de 3, 5, 11 y 14 años, mientras que en Robregordo, directamente, solo hay un niño de 3 años, según el censo del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Pero incluso en un mismo pueblo se representan las dos cara de la misma moneda. En Piñuécar-Gandullas, con 183 vecinos, viven Pedro y Daniel, el hombre más longevo del lugar, con 100 años, y el más pequeño, con solo 2. «La cosa va cambiando», apunta Ana, la madre del pequeño.

Horizonte confuso

El futuro de la comarca, como informó ABC, será abordada próximamente. La Comunidad ha detallado un plan para atraer nuevos vecinos y, en la medida de lo posible, mejorar la estancia de los actuales, tanto en la sierra como en otras áreas despobladas. La consejería de Medio Ambiente, Administración Local y Ordenación del Territorio, que dirige Pedro Rollán, tiene listo un programa con 60 medidas y una inversión de 130 millones de euros hasta 2021. Entre las actuaciones está el Wifi gratuito, teleasistencia y videoconsultas con especialistas médicos.

Un hombre camina por una calle deshabitada de Madarcos
Un hombre camina por una calle deshabitada de Madarcos - Guillermo Navarro

La cercanía con la capital y su área metropolitana, pese a todo, la ha convertido en un refugio vacacional. Lo cierto es que el contraste entre ambas zonas, justificado en las estadísticas y en intangibles como el ruido y el ritmo de vida, es mayúsculo. Si la comarca tiene una media de densidad de población de entre 20 y 30 habitantes por kilómetro cuadrado, la gran ciudad supera los 5.000 y la región los 800. La propia sierra también muestra realidades contrarias: Puebla de la Sierra tiene una densidad de un solo habitante por kilómetro cuadrado, mientras que Buitrago registra una de las mayores de la comarca, con 78.

Pese a las consideraciones opuestas de los vecinos, es inevitable el temor a que algún día los pueblos se deshabiten por completo. «Los mayores no lo dicen, pero yo sí lo percibo; es inevitable», señala Carlos, del bar El Tasca, en La Serna del Monte. Acaso por la falta de costumbre o por esta inquietud, no es fácil armar una conversación sobre este tema con los más viejos del lugar. «Y yo qué quieres que te diga, pues trae gente», espeta un vecino. Otros, sin más, aluden a «tareas por hacer» para regatear el tabú.