Las escenas de dolor se repitieron a lo largo de la tarde de ayer entre amigos de las víctimas
Las escenas de dolor se repitieron a lo largo de la tarde de ayer entre amigos de las víctimas - INMA FLORES
Tragedia en el Barrio de Salamanca

«¡Ha sido el cristal!»: las dos hipótesis sobre la muerte de los jóvenes que cayeron por el hueco del ascensor

La Policía Científica analiza si una de las mamparas se rompió y arrastró a la plataforma del aparato o si fue esta la que cedió

MADRIDActualizado:

«Dime que no es verdad. Dímelo, por favor.No pueden haber muerto. ¡Es horrible!». Eso preguntaban ayer dos chicas, entre sollozos, cuando se dirigían al número 4 de la calle de los Hermanos Bécquer (Barrio de Salamanca, Madrid). Estaba cortada por la Policía Nacional, había un hospital de campaña del Samur y varias dotaciones de este servicio de emergencias, de la Policía Municipal y de los Bomberos del Ayuntamiento. Ahí se enteraron de la terrible noticia. Dos de sus amigos, «una pareja de novios» de 17 años, habían perdido la vida cuando pretendían bajar a la calle en ascensor desde un octavo piso, donde se encuentra el ático. En el edificio vivía la chica.

El extraño accidente ocurrió a las 16.45 horas. Por causas que están siendo investigadas, el suelo del ascensor se vino abajo y, con él, los dos jóvenes cayeron al vacío y acabaron en el foso, muriendo en el acto, precisaron fuentes policiales y de Emergencias Madrid. «¡Ha sido el cristal, ha sido el cristal, que se ha roto!», recalcaban en estado de shock y muy alterados algunos amigos de las víctimas.

El inmueble tiene dos elevadores: el de servicio y el principal, y el siniestro ocurrió en este último, de vidrio, así lo aseguraron varios trabajadores de la finca, que no pudieron precisar si el suelo también lo era ya que no lo utilizan.

Por ello, otra de las hipótesis que se manejaban era la de que, tal y como explicaban algunos compañeros, se hubiera roto una o parte de una mampara y esta arrastrara la plataforma, con lo que los dos chicos cayeron al vacío. Las causas del accidente, que investiga la Policía Científica, son una incógnita por el momento.

Una fiesta que acabó en drama

Los fallecidos habían quedado con un nutrido grupo de compañeros de 2º de Bachillerato del Colegio de Nuestra Señora del Recuerdo, de la Compañía de los Jesuitas, situado en el distrito de Chamartín, para celebrar el fin de los exámenes antes de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Estaban en el ático del inmueble, de ocho plantas –con una altura de nueve–, haciendo los preparativos para la fiesta. La pareja salió a buscar o comprar algo e, inopinadamente, la tragedia segó sus vidas.

La celebración se tornó en una tragedia. La noticia corrió como la pólvora. Los chavales que estaban en la finca salieron a la calle, se abrazaban, se echaban las manos a la cabeza, lloraban sin consuelo... Hasta el lugar comenzaron a llegar más jóvenes para la celebración y padres de muchos de ellos, que a duras penas contenían la emoción. Las escenas de dolor se repetían.

Los psicólogos del Samur tuvieron que atender a más de una veintena de chicos. Estos fueron trasladados hasta la BNP Paribas, situada en la acera de enfrente, junto a la embajada de EE.UU., donde fueron recogidos por sus padres y siguieron auxiliándoles. La calle permaneció cortada hasta que el juez autorizó el levantamiento de los cadáveres, a las 19.20 horas. Fueron trasladados hasta el Tanatorio Norte.

«No me lo explico. El inmueble ha sido reformado íntegramente hace un año o año y medio, aproximadamente; solo se ha mantenido la fachada. No sé si han cambiado los ascensores», decía un vecino de la zona. Así lo aseguraban otros residentes. «No están aún todos los pisos ocupados. Eso sí, los inquilinos son todos nuevos», decían otros.

«¡No me lo puedo creer!. La chica era majísima, guapa, lista y muy buena estudiante», comentaba la mujer de la limpieza que acudió a trabajar al piso de los padres de la víctima sin saber el drama que se había desencadenado de forma brusca y repentina.

«¡No me he despedido de ellos! ¡No me he despedido!», repetía, de forma incoherente, una amiga de la pareja, llorando sin cesar. El director del centro educativo mandó una nota a los alumnos de la clase de los fallecidos pidiendo que rezaran por ellos.