Crítica

El Señor Martín: apuesta por el pescado

Se ha trasladado al barrio de las Salesas, casi enfrente de la Audiencia Nacional

MadridActualizado:

Un restaurante que surge de una pescadería, El Señor Martín, que lleva una década funcionando en el Mercado de San Miguel. Sus propietarios abrieron un restaurante, El Chiringuito del Señor Martín, en la calle Mayor, muy cerca del mercado. Pero no era ese el lugar más adecuado para una taberna marinera que presumía, con razón, de manejar un excelente producto del mar. Así que ahora se ha trasladado al barrio de las Salesas, casi enfrente de la Audiencia Nacional. Del pequeño local de la calle Mayor a un enorme espacio en la esquina de General Castaños con Orellana, dividido en tres plantas, donde ya no podemos hablar de una informal taberna marinera sino de un restaurante en toda regla.

En la planta de entrada, una gran barra tras la cual pueden verse algunas de las piezas llegadas en el día desde distintos puertos. Desde una enorme urta hasta unas caballas o el sobrevalorado virrey. Al fondo, la cocina, que cuenta con una parrilla en la que se hacen a la brasa algunos de esos pescados. En la barra, con carta propia, apetecibles tapas que van desde una gildas con sardina hasta boquerones en vinagre o empanada gallega. Al frente de este Señor Martín se ha situado un veterano cocinero, bien conocido en Madrid, Alfonso Castellano, que dirige la parte culinaria de este ambicioso proyecto centrado en la cocina del mar. No hay nada en la carta, salvo los postres, que se aleje del producto marino. Producto bien seleccionado y muy cuidado a la hora de tratarlo para respetar los puntos de cocción o de brasas. La oferta cambia a diario en función de los pescados que se reciben.

El comedor principal se sitúa en el sótano. Para empezar, salmón ahumado (13,50 €) de uno de los mejores artesanos que hay en España, la Ahumadería de Uga, de Lanzarote. Probamos también borriquete (15). Se ve poco en Madrid este pescado del Estrecho, muy sabroso, que suele comerse asado o frito. Castellano lo presenta aliñado, con tomate seco, y está francamente bueno. Ricos también el bonito en semi conserva con ensalada de tomate (10,50) y la ensaladilla marinera con langostino y mayonesa de caviar de centollo (12). Para terminar este surtido de entradas, perfecto el punto de unos langostinos de Sanlúcar cocidos (9 € los 100 gramos). Como plato principal nos inclinamos por una urta (80 el kilo) que habíamos visto, tentadora, en el expositor de la barra. Una pieza para dos personas que llega, entera, con el toque perfecto de parrilla. El cocinero nos disecciona la cabeza en la mesa para extraer todos esos pequeños bocados que contiene y que son una exquisitez. Falla estrepitosamente la guarnición, unas patatas a la importancia (3,50) completamente resecas. Lástima porque son pequeños detalles que ensombrecen el buen nivel general.

Postres clásicos como el flan de yemas con nata (5,80) o la tarta al whisky (7,20). Para los menos golosos, una selección de quesos (16 € seis piezas), breve pero atractiva, y bien explicados en la carta. Bodega en formación pero ya con cosas muy interesantes. Comienza bien esta casa, llamada a ser una referencia para los aficionados al pescado.

Lo mejor: La calidad del pescado.

Precio medio: 70 €.

Calificación: 7,5.