Sara Lezana recibe hoy el homenaje de su ciudad
Sara Lezana, en una escena de «Carmen» | ABC

Sara Lezana recibe hoy el homenaje de su ciudad

JULIO BRAVO | MADRID
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Sara Lezana fue uno de los más populares rostros del flamenco en la época en que este arte no gozaba de la aceptación y respeto que ahora. Del escenario saltó al cine: fue Juana en «Los tarantos», la película que dirigió Rovira Beleta con Carmen Amaya y Antonio Gades, y después incluso protagonizó películas que nada tenían que ver con el baile. En los años ochenta protagonizó «Las furias», creada por Paco Suárez, Manuel Canseco y José Granero, y creó después «Las cuatro esquinas», un trabajo inspirado en la pintura de Julio Romero de Torres.

Desde hace unos años dirige artísticamente el Ballet Flamenco de Madrid, una compañía con la que ha montado espectáculos como «Carmina Burana», «Antología de la danza española», «España baila flamenco» o «Carmen», que ha llenado durante las últimas semanas el teatro Reina Victoria. Allí precisamente recibirá un homenaje al cumplir la compañía 1.400 representaciones en la capital. La presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, y el empresario teatral Enrique Cornejo, responsable del Reina Victoria, intervendrán en el homenaje.

Para la bailaora y coreógrafa madrileña, el flamenco ha experimentado una gran transformación en los últimos años. «Fue Antonio Gades quien le dio entidad a las compañías flamencas. Antes hubo grandes nombres, como La Argentina, Pilar López, Antonio... Pero en sus compañías el baile clásico español tenía un mayor protagonismo, y fue Gades quien le dio al flamenco esa categoría de la que hemos bebido todos después».

Para la artista madrileña el flamenco es una de las máximas expresiones de la cultura española, y como tal debe de ser tratado. Embarcada en una compañía independiente, y con su larga experiencia como maestra, trata de inculcar a sus bailarines el respeto por la profesión, por los maestros y por el arte. «Hoy en día existe demasiada prisa, y en el baile también ocurre. Los chicos quieren triunfar desde el momento mismo en que pisan el escenario, y ésta es una profesión que pide calma, en la que nunca se deja de aprender. Bailar no sólo es cuestión de técnica y de pasos, hay mucho más que no se ve y tiene que ver con el corazón».