Interior de la parroquia de Santa Inés, en Villaverde Alto
Interior de la parroquia de Santa Inés, en Villaverde Alto - Belén Díaz

Santa Inés: la Iglesia en las periferias

La entrada a pie de calle es vecina de un gimnasio y de un garaje y está protegida por ropa tendida en los balcones superiores

MADRIDActualizado:

He llegado al límite. Al límite parroquial, al límite de las parroquias de la diócesis de Madrid por ese sur que también existe aunque no se vea. En algo más de media hora desde el metro Embajadores se acaba la diócesis de Madrid y comienza la diócesis de Getafe. La periferia de la Iglesia también existe y se llama parroquia de Santa Inés, Agnes, cordero de Dios, virgen y mártir, calle avenida Real de Pinto, 71, centro sur de Adif, olor a ácido y hierba agreste de verano que se las sabe todas. He llegado a una parroquia donde la entrada a pie de calle es vecina de un gimnasio y de un garaje y está protegida por ropa tendida en los balcones superiores. Si el Papa Francisco viniera a Madrid, tendría que acercarse a la parroquia de Santa Inés, que es Iglesia de periferia, en salida y con mucha vida. Templo que ha ido añadiendo locales cuya entrada son dos almacenes de comida para las casi trescientas familias que, semana tras semana, se acercan a pedir los alimentos básicos de su subsistencia.

He llegado bordeando el polígono Marconi, territorio también de esta parroquia, y atravesando ese Madrid multicultural en el que se mezcla la gente de toda la vida de Villaverde Alto, los hijos de la gente de toda la vida de Villaverde Alto, que son también de Villaverde, y las sumadas oleadas deinmigrantesestablecidas en la zona. Mayoritariamente procedentes de Perú, Ecuador, y ahora de Brasil y Venezuela. Y también población árabe y musulmana, y africana.

En esta parroquia de periferia el párroco es Pedro Muñoz, bonhomía, atención y servicio, y el vicario parroquial Alex Okiror, de nacionalidad ugandesa, licenciado en derecho canónico y estudiante de la Universidad Eclesiástica San Dámaso. Hay que aclarar que la parroquia de Santa Inés no es solo una parroquia. Es parte de la constelación de comunión efectiva con las otras parroquias de Villaverde Alto, la de San Andrés y la de Nuestra Señora del Pino, celebraciones comunes de Adviento, Pentecostés, e iniciativas varias. Pedro Muñoz lleva doce años en la parroquia y a cada paso que da en el templo se le enciende la mirada. Si habla de las luces, que acaba de cambiar con la ayuda de un grupo de fieles, recuerda los años de penumbra; si habla del nuevo local, dedicado a los tres santos del siglo XX, Juan Pablo II, Madre Teresa y el padre Pío, rememora cuando daba catequesis casi en la acera. Por cierto, nuestro párroco también es capellán del colegio Edith Stein, de la Fundación Chesterton con el bueno de J. A. Perteguer.

Pero la clave de esta parroquia es su gente, sus laicos, los hombres y las mujeres que, también en los años duros de los sesenta, setenta y ochenta, y después en las crisis económica de la gran depresión, llevaron las riendas de la fe del pueblo sencillo y de quienes se acercaban a la parroquia. Por ejemplo, el grupo de la Legión de María, que visita a los enfermos y atiende la soledad, esa enfermedad contemporánea. Y ayuda en la devoción popular que es muy importante en ese barrio, como lo demuestran las multitudinarias procesiones del Rosario, en octubre, y de la Virgen del Carmen, en julio. El grupo de Cáritas, con más de veinte voluntarios, es el que más trabajo tiene. Y no solo por la acogida y el reparto de alimentos, sino por el seguimiento de los casos de pobreza extrema, los conflictos personales y sociales, los problemas de integración y formación, el acompañamiento en la búsqueda de empleo. Cáritas trabaja en estrecha colaboración con la Vicaría. También están los grupos de adultos, el de Vida ascendente, y los catequistas. La catequesis, siempre cuidada, de iniciación cristiana y de confirmación. Y los sacramentos. Y esa oración con el Santísimo de los jueves, que coincide con el momento de más trasiego en los locales de Cáritas, como si la eucaristía fuera el imán de la caridad, alimento del desarrollo humano integral y la solución a la pobreza. También en la periferia de Madrid.