Interior de la parroquia
Interior de la parroquia - Isabel Permuy

Una respuesta humilde y eficaz

Los franciscanos de han apostado por el desarrollo integral de unos mil niños

MADRIDActualizado:

Pegado a la parroquia de San Diego, en la vallecana avenida de San Diego, se encuentra el imponente edificio del Colegio Raimundo Lulio, también obra de los franciscanos de la Orden Tercera Regular, que por cierto ahora están celebrando los 125 años de su restauración en España, una fiesta que hace de estos humildes servidores del Evangelio, grandes, muy grandes. Vamos a ver la parroquia desde el inmenso patio del colegio, parroquia y colegio, colegio y parroquia, dos factores que contribuyen al producto de humanización de un barrio en el que las casas de juego, las sectas y el abandono escolar están haciendo su agosto.

Aquí, los franciscanos han apostado por el desarrollo integral de unos mil niños, tres líneas, una treintena de nacionalidades de origen, vamos, la ONU. En la entrada del colegio, una foto de Fray Antonio Bauzà Gayà, artífice de la historia del colegio. En una pequeña leyenda leemos que Fray Antonio, siendo ministro provincial, alentó la construcción del colegio, obra del arquitecto José Ferragut, un edificio con planta en forma de T, tan franciscana ella. En la bendición e inauguración oficial del centro, el día 12 de junio de 1966, presidida por don Maximino Romero de Lema, Secretario de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Obispo Auxiliar de Madrid, Fray Antonio Bauzà dijo: «Al empezar las obras, sabíamos que la construcción del colegio era para nosotros, económicamente, una mala inversión, pues rendía mucho más, por ejemplo, prestar dinero en Mallorca para nuevos hoteles o en Madrid para casa baratas; pero lo emprendimos de muy buen grado, convencidos de que el colegio sería el mejor obsequio que nosotros podíamos ofrecer a Puente Vallecas».

Del colegio habla con pasión el padre Manuel Romero Jiménez, que no en vano está encargado de las pastoral del centro educativo, y que nos ayuda a desentrañar la realidad del servicio que la educación concertada presta a los más necesitados. El colegio Raimundo Lulio es un centro concertado, ese modelo milagro de gestión educativa, que sale adelante gracias a la generosidad de los titulares y de los profesores vocacionados hasta extremos no imaginables. El padre Manuel también trabaja con el párroco, el padre Blas Gómez, al que se suma en las labores pastorales el padre Andrés Fidencio Valdés. Todos ellos forman la comunidad de franciscanos. Hasta hace bien poco había una comunidad para la parroquia y otra para el colegio. Ahora está unidas. Y el espacio de la parroquial lo ocupan las Oblatas de María Inmaculada. Una de las notas más destacables de la vida de la Iglesia en Vallecas es el trabajo conjunto entre sacerdotes y comunidades de religiosos y religiosas, una delicia de misión compartida, vamos.

Pero ya que estamos en la parroquia, una vez más. Y ya que estamos en Vallecas, una vez más, de lo que tenemos que hablar es de Cáritas, que es la actividad principal de la parroquia, más de un centenar de familias atendidas semana tras semana gracias a las ayudas, entre otras instituciones, del Banco de Alimentos. También en esta casa de caridad tenemos el SOIE, el Servicio de Orientación e Información para el Empleo, que atiende la desarrollo integral de las personas que buscan trabajo. Confiesa el padre Blas, al borde de una impotencia que se traduce en rictus, que no sabe qué hacer ante la avalancha de necesidades en el barrio. Y, ahora, de personas procedentes de Venezuela y Honduras, que llegan extendiendo su mano. Por cierto, que un tercio de la población de esta zona es inmigrante, de mayoritaria procedencia magrebí e hispanoamericana. Los hispanos, una vez más, se han integrado perfectamente en la parroquia.

La parroquia, que ha celebrado esta semana de forma sencilla la festividad de San Diego de Alcalá, un ejemplo de caridad, cuenta con un interesante proyecto de atención a los mayores y enfermos. La soledad es una enfermedad social que se extiende por el barrio y el padre Blas, que ha estado encargado de la pastoral de la salud en la zona, quiere dedicar tiempo y recursos a atender a las personas mayores y enfermas. Sin lugar a dudas, la avenida de San Diego no sería la misma sin esa presencia franciscana, humilde y fecunda, como el Evangelio.