Estado actual, nada más comenzar 2019, de las obras en la estación de Metro de Gran Vía
Estado actual, nada más comenzar 2019, de las obras en la estación de Metro de Gran Vía - ISABEL PERMUY

La protección de restos y el riesgo de colapso ralentizan las obras del Metro en Gran Vía

Los trabajos unirán la estación con Sol por un túnel peatonal, y acabarán en verano

MADRIDActualizado:

Riesgo grave de colapso en lo que fue el pozo del ascensor que conducía a los andenes del Metro de Gran Vía, en caso de fuertes lluvias; y riesgo «muy grave» de afección a las edificaciones. Son dos de las advertencias que realizaba meses atrás la empresa SANDO , adjudicataria de las obras de mejora del Metro de Gran Vía, ante la posibilidad de que los trabajos quedaran paralizados por largo tiempo tras el hallazgo de restos arqueológicos. La toma en consideración de estos peligros ha supuesto cambiar el método de trabajo y ralentizar el final de las obras, que no estarán, se calcula, hasta casi el verano de 2019, bordeando las próximas elecciones.

El verano pasado se descubrieron restos del pozo por el que bajaba el ascensor primitivo de la estación de Metro de Gran Vía. La Dirección General de Patrimonio pidió ralentizar las obras –adjudicadas en diciembre de 2017 por 18 millones de euros y que abrirá un paso peatonal subterráneo hasta Sol– para replantearlas y proteger los hallazgos.

La empresa encargada de los trabajos, SANDO, no tardó en alertar de lo peligroso de mantener este compás de espera, con las «tripas» de la estación abiertas y expuestas a las condiciones meteorológicas. Concretamente, avisaba que si se producían lluvias, la filtración de agua podría conducir a colapsos de los rellenos sobre los que se apoyan parte de las estructuras subterráneas, algo que podría repercutir sobre la estación de Gran Vía de la línea 1 y el corredor peatonal de la zona, pero también sobre edificios próximos.

Antiguas estructuras

En el informe elaborado por SANDO, que solicitó formalmente la diputada de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid Dolores González, la empresa comenta los imprevistos hallados durante el desarrollo de los trabajos. Nada más iniciar las obras, se encontraron con anteriores estructuras, de las escaleras y el ascensor original de la estación, cuya existencia «era desconocida» o de la que se sospechaba una ubicación que la realidad demostró errónea. Es lo que ocurrió con el acceso mediante pozo «con un núcleo central de ascensor y escalera perimetral», que remataba el famoso templete de Antonio Palacios. o con una caverna que pudo ser la bodega de la antigua Casa de Astrearena, demolida en su día para ampliar la calle Montera y crear la Red de San Luis.

Actuaciones posteriores utilizaron la técnica de la caverna subterránea para construir un nuevo vestíbulo encima de los andenes para la línea 1, y esto pudo dar lugar a algún problema que hizo necesario, señala el informe, «un recalce mediante pozos en la fachada lado Red de San Luis, de los actuales números 47-49 deMontera», donde ahora se sitúa una conocida hamburguesería.

Aunque se pensaba que el acceso en pozo donde estuvo el templete se encontraba demolido en su totalidad, o relleno de hormigón en las zonas que aún existieran, y sería por tanto irrecuperable, la realidad ha demostrado otra cosa. Pero sobre el estado de esta estructura, aseguran en el informe que es «impredecible», por lo que existe riesgo de «colapso en el pozo».

Que las obras quedaran descubiertas no facilitaba las labores, sino que por el contrario, aumentaba los riesgos, dado que en caso de lluvia, el agua podría infiltrarse y provocar «un colapso parcial» en las cavidades que aún quedan bajo tierra.

Excavar «por rebanadas»

Aconsejaban, para preservar los restos de valor arqueológico, hacer primero un exhaustivo reconocimiento de la bajada del acceso, y luego decidir qué elementos se pueden restaurar o reconstruir. Sólo después podría entrar maquinaria pesada para demoler. También proponían construir una pantalla de micropilotes e ir excavando a la misma cota en el interior y exterior del pozo del antiguo acceso, para «mantener la misma altura de tierras a ambos lados de la pared» y evitar que una diferencia de presión derrumbe la estructura.

«Son imprevisibles las condiciones del pozo y no se descarta que colapse si se elimina su relleno interno», insiste el documento. Por eso, sugerían la excavación «por rebanadas a la misma cota en ambos lados, aunque esto obligue a una excavación semiartesanal» para evitar «riesgo grave de colapso del propio pozo», de otras cavidades o de afección a edificaciones.

El Gobierno regional ya explicó, por boca de su portavoz Pedro Rollán, que los trabajos se iban a «templar», utilizando máquinas de menor tamaño para no dañar los restos arqueológicos y, de paso, atender al resto de consideraciones de los técnicos. Esto obligará a alargar un par de meses más las obras de la estación: aunque iban a terminar en abril, no lo harán probablemente hasta junio, tras las elecciones del 26-M.