Usuarios haciendo cola para coger un taxi en Atocha
Usuarios haciendo cola para coger un taxi en Atocha - JOSÉ RAMÓN LADRA

Primer día tras el paro: «Muchos taxistas deseábamos que terminara ya la huelga»

Confiaban en llegar a un acuerdo y no «en la falta de diálogo». Afirman que deben seguir luchando de otro modo

MadridActualizado:

Decepcionados, con menos dinero en el bolsillo y sin resolver ninguna de sus reivindicaciones: la regularización de los Vehículos de Transporte con Conductor (VTC). Así volvieron ayer a las calles de Madrid los taxistas después la huelga más larga que ha vivido un sector que aglutina a 22.000 conductores en la capital. Su temor:que plataformas como Uber y Cabify les arrebaten parte del mercado sigue en pie. Tanto o más si cabe. Porque ahora está por ver si el pulso que han mantenido con el Gobierno regional del PP y que han perdido les haya acarreado también una pérdida de clientela.

«Lo peor ha sido la falta de ingresos, la impotencia y la incertidumbre» «Nos lo hemos jugado todo a una carta. Habrá que esperar con otro gobierno»

Después de dieciséis días de paro patronal y con un agujero diario de «entre 120 y 170 euros brutos por barba, eso sin descontar gastos como la gasolina, aunque los dueños de las licencias han perdido más», los ánimos de los conductores que volvieron a bajar bandera ayer no eran muy buenos. Eran muchos los que deseaban volver a trabajar.

« La huelga no ha servido para nada. Ha sido un fiasco. Nos han tomado el pelo, tanto los políticos como las asociaciones del sector con falsas esperanzas. Estamos igual que antes, por no decir peor. El banco no espera y los recibos tampoco». Eso dice Lenin Meneses, de 42 años, casado y con tres hijos. Llegó a España con 13 años y lleva una década al volante, los dos últimos años como propietario. «Bueno, estoy hipotecado», sostiene. «Es imposible que se cumpla la normativa estatal de una VTC por cada 30 taxis. Ahora estamos en 2 por cada 3. Nos han ido comiendo el terreno aprovechando el vacío legal y ahora ninguna administración madrileña quiere poner el cascabel al gato. No es de recibo que en algunas Comunidades estén reguladas y en otras no», reprocha al volante, en Puente de Vallecas.

En la bolsa de la Estación de Atocha, mientras la larga fila que acaba en Méndez Álvaro avanzaba a buen ritmo, los conductores no hablaban de otra cosa. «Soy autónomo. Si no facturo, no como. Esto no es un monopolio. Tengo una microempresa –mi coche– desde hace doce años. Este sector está muy controlado por el Ayuntamiento de Madrid. No podemos trabajar más de 16 horas al día, tenemos que descansar dos a la semana, las tarifas están marcadas... Ellos trabajan las 24 horas, no libran e inflan los precios en función de la demanda... Lo único que pedimos es que la Comunidad regule a las VTC, que están en manos de empresas», recalca Miguel Pollán, de 51 años. Asegura que hay más de 6.000 licencias en Madrid y casi la mitad en trámite, lo que saturará el mercado, un extremo que hay que «vigilar y controlar, de lo contrario, serán más que nosotros».

«El paro no ha servido para nada. Nos han tomado el pelo. Hemos perdido entre 120 y 170 euros brutos al día», afirma Lenin Meneses

Él, junto a César Sancho, de 52 años, incide en que Uber y Cabify deben cumplir la ley y el Gobierno regional no puede mirar hacia otro lado. «Hay espacio para todos. No vamos en contra de las VTC, pero ellos no pueden ir por libre, coger a la gente en la calle y no ir a las bases». Junto a otros compañeros indicaban que no era oro todo lo que relucía en las «app». «No son profesionales, les basta el carné para conducir coches (el B) y los empresarios los tienen explotados, trabajando 12 horas por 900 y mil euros y a comisión». Tanto Pollán como Sancho precisaban que esta patata caliente la heredarán los próximos gobiernos: «Lo que nos fastidia es habernos dado cabezazos contra la pared, ya que no esperábamos esa cerrazón y falta de diálogo».

Rubén Benítez, de 29 años, es otro de los que estaba deseando volver a recorrer la ciudad: «Lo peor ha sido la falta de ingresos, y eso que no tengo hijos, y la incertidumbre de no saber qué iba a suceder». Él se turna con su padre, el dueño del coche, y hacen ocho horas cada uno. «Hoy había más taxis de lo habitual. Se notaba que había ganas de empezar. Estábamos estancados. No se puede parar una ciudad y hay que ir poco a poco. Habrá que esperar otro momento», dice, en alusión a los políticos. Afirma que había hecho pocas carreras desde las 8 horas. «Solo cuatro, pero es normal en febrero, el peor mes del año. La gente nos ha recibido muy bien. Nos echaban de menos». Ese era el comentario generalizado que les satisfacía.

Jesús Mora, de 56 años, nieto, hijo y hermano de taxistas (seis de siete lo son), es de los que votó que siguiera la huelga si bien reconocía que «nos lo hemos jugado todo a una carta y hemos tirado piedras contra nuestro tejado». Con todo, insistía, junto a su compañero Gregorio Serrano, de 50 años, que «la Comunidad se empeña en decir que queremos hundir a las VTC, cuando es falso, y son unos y otros ellos los que están acabado con nosotros». Serrano reflexionaba:«¿ Quién aporta más a la Seguridad Social? Atentan contra nosotros, que estamos hipotecados hasta las cejas y hemos acabado en el taxi debido a la crisis».

«Perder una batalla»

Javier Hernández, asalariado desde hace 11 años, estaba angustiado. «Al final, nosotros acabaremos uberizándonos. Tiempo al tiempo». Rosa Martín era de las que opinaban «que hemos perdido una batalla, pero no la guerra». Y destacaba, como otros compañeros, la unidad que han tenido.

Entre los clientes, algunos decían que no iban a subirse a un taxi en su vida, como Pedro García. «Eso me he prometido a mí mismo», decía. Otros, como, Ignasi de Llorens, apostaba por liberalizar el mercado y que sea el cliente en que elija, siguiendo el modelo de Austrialia. «Han enfocado mal su lucha», decía Nelda, que ha visto el conflicto desde su quiosco de prensa. «Soy usuaria y tienen derecho a defender lo suyo, pero no con un paro salvaje».