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Casas encantadas

El «poltergeist» de la calle Embajadores

Ruidos misteriosos, desplazamientos de objetos, olores extraños que surgen de la nada, voces que susurran nuestro nombre, visiones espectrales... de todo ello habla Clara Tahoces en su nuevo libro

Madrid Actualizado: Guardar
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A lo largo de la historia han existido numerosos casos que describen una serie de perturbaciones inexplicables en multitud de hogares de todo el mundo. Ruidos misteriosos, desplazamientos de objetos, olores extraños que surgen de la nada, voces que susurran nuestro nombre, visiones espectrales... Estas experiencias son las que se describen en el libro «El gran libro de las casas encantadas», de Clara Tahoces, diplomada en Grafopsicología y colaboradora de Cuarto Milenio y Milenio 3. En su duodécima obra se abordan una serie de casos recogidos directamente a partir de las declaraciones de sus protagonistas. El caso de Embajadores es uno de los más perturbadores que recoge Tahoces:

Año 1991. Madrid. Una familia numerosa –padres, dos hijos, la mujer de uno de ellos y su bebé, además de la mascota– que vive en un piso de 80 metros de la calle Embajadores empieza a notar presencias en la vivienda. Todo empezó, según su propio relato, cuando hicieron una ouija y en un momento de la sesión un tablón apoyado en la puerta, salió disparado, produciendo un terrible golpe en el suelo.

A partir de ahí, comenzó lo que consideraron una verdadera pesadilla. Empezaron a notar una fuerza que le oprimía el pecho, escuchaba voces que lo llamaban, el gas que se abría mientras dormían, la lavadora se encendía incluso estando desenchufada, objetos que salían volando... En esas circunstancias se despertaba asustado y agarraba fuertemente una biblia. Los habitantes estaban tan asustados que llegaron a dormir durante más de un mes en el comedor.

Con todo esto, deciden ir a una vidente para buscar respuestas, pero esto perjudica más las cosas. Los golpes se vuelven más frecuentes, los claveles de los jarrones aparecen tirados por el suelo, el frío se intensifica. En ocasiones el bebe se quedaba mirando fijamente a un punto de la casa y empezaba a llorar, al igual que el perro, que también ladraba al mirar allí y, justo después, empezaban los fenómenos, como si ellos dos fueran testigos de lo que la mayoría no podemos ver.

Pese a todos estos sucesos, lo único constatable es que solamente una vez, vieron cruzar una sombra, distinguiendo que solo tenía tres dedos en la mano. Para Tahoces es un caso de «poltergeist» y el generador podría ser uno de los hijos que había tenido un trauma importante de niño que no había digerido y al hacer la ouija se despertó ese recuerdo. La familia quería abandonar la casa, pero su historia pronto se hizo muy conocida y esto propició que no la pudieran vender.