Pedro Rollán, vicepresidente de la Comunidad y muy pronto presidente en funciones
Pedro Rollán, vicepresidente de la Comunidad y muy pronto presidente en funciones - MAYA BALANYÀ
Perfil

Pedro Rollán, el presidente más desconocido de la Comunidad de Madrid

De origen humilde, este político curtido en los retos guarda celosamente su intimidad y huye de las redes sociales

MADRIDActualizado:

A Pedro Rollán (Madrid, 1969) se le pueden aplicar muchos refranes, pero uno de los que mejor le cuadra es el que dice aquello de nadar y guardar la ropa. Y es que si algo caracteriza al vicepresidente, pronto presidente en funciones del Gobierno regional, es su capacidad para adaptarse al medio. Ahora, acaba una legislatura que comenzó recién llegado de una Alcaldía y en la que ha pasado por tres áreas diferentes, siendo nada menos que el jefe del Ejecutivo, aunque sea en funciones y sólo por unos meses. Y lo hace marcando territorio: estará «funcionando» desde el minuto uno, y le quedarán por gestionar «más de 3.500 millones de euros» , como ha recordado.

Entre las habilidades de este político está la de conseguir mantener un relativo anonimato: a pesar de sus largos años en política, y de haberse pasado el último año en el centro del foco mediático, como portavoz del Gobierno regional, sigue guardando celosamente su intimidad. Se sabe que procede de una familia muy humilde: su padre se dedicaba al comercio en la zona del Henares, y su infancia la pasó entre Madrid y Torrejón. Tiene un hermano.

Entró en el PP en 1994, aunque mantuvo su actividad laboral en la empresa privada, como gerente de la división comercial del área centro en Schweppes España. De allí salió en 2003 para participar en la lista popular por Torrejón. Durante cuatro años estuvo en la oposición, pero en 2007 ganó por mayoría absoluta, y así continuó, barriendo en las elecciones de su municipio, en 2011 y 2015, convirtiéndose en el alcalde más votado de la Comunidad de Madrid.

No sin polémicas, por cierto: por su modificación de las normas que impedía empadronarse a inmigrantes sin papeles o extranjeros con visado de turistas -que terminó cambiando por un informe de la Abogacía del Estado-, o su muy popular Mágica Navidad que fue recibida de uñas por la oposición -que le acusaba de despilfarro por gastar 300.000 euros en la Cabalgata y regalar 8.000 kilos de caramelos- pero se ha terminado convirtiendo en uno de los fenómenos de masas de esas fiestas en la Comunidad.

De la mano de Cifuentes llegó al Gobierno regional, donde ha ido dejando huella: puso en marcha el abono joven a 20 euros, que ya disfrutan un millón de madrileños, y abrió el Metro 24 horas por el World Pride, por primera vez en la historia de este transporte.

Es extravertido, simpático y buen comunicador. Y a la vez, discreto hasta el extremo: se sabe que está casado y tiene dos hijas, que vive en Torrejón y que le gusta salir al campo a pasear. Y poco más: no es activo en redes sociales, así que ese recorrido que mezcla, a golpe de tuit o de Instagram, la confidencia con el cotilleo es imposible de seguir en su caso.

Cómo ha conseguido ese equilibrio entre ser popular y pasar desapercibido casi a voluntad es uno de sus secretos. Ahora sin embargo, el foco le va a caer de lleno. Y eso que, fiel a su estilo, ya ha dicho que no se va a «mudar» al despacho que deja Garrido, y que antes fue de Cifuentes. Lo que es seguro es que continuará trabajando de sol a sol en lo que sin duda es su gran vocación, la política. Como no podía ser de otro modo.