De La Pedriza a la Sierra Norte

Tras casi dos siglos de ausencia, la cabra montés ha completado con éxito su reintroducción en Madrid. Se ha adaptado tan bien que en pocos años se ha reproducido hasta niveles insospechados. La Comunidad planea su traslado a otras áreas de la región

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TEXTO MIGUEL OLIVER ILUSTRACIÓN E. SEGURA/ CG. SIMÓN

MADRID. La caza furtiva y la presión humana provocaron a principios del siglo XIX la desaparición de la cabra montés de la región. Fue en 1990 cuando, el Ejecutivo regional decidió reintroducirla al trasladar a veinticinco ejemplares procedentes de la Sierra de Gredos al Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. En los años siguientes, incluso, se hicieron repoblaciones con ejemplares de la Reserva de las Batuecas para mejorar las líneas de sangre.

La ausencia de predadores naturales y cazadores, y su elevada actividad reproductiva han permitido que, en la actualidad, la colonia de La Pedriza cuente con unos 800 ejemplares, lo que los técnicos consideran un número «demasiado elevado». Con este volumen la Comunidad ha decidido desarrollar un control de la población, para una correcta gestión del espacio y, también, de la propia especie. De fondo late una cuestión sanitaria. Y es que, tal y como indica Miguel Allué, director general de Medio Natural de la Consejería de Medio Ambiente, la concentración de numerosos ejemplares en reducidos espacios puede provocar enfermedades entre los animales como la sarna.

Perfecta adaptación

«La cabra montés -apunta- se ha adaptado perfectamente a nuestro ecosistema. Antes de introducirlas ya teníamos referencias de que anteriormente había vivido en zonas de la región, por lo que no teníamos ninguna duda del éxito de la operación». Los técnicos están convencidos de que en el nuevo hogar del animal, la Sierra Norte, también se adaptará perfectamente a sus necesidades. La Consejería ha decidido trasladar, por ello, un grupo de 30 ejemplares para crear una nueva colonia en esta zona.

Para llevar a cabo las capturas, primero se hizo un estudio completo de la zona para determinar las áreas más idóneas. Para ello se procedió al «cebado» de diferentes puntos para colocar los llamados «capturaderos» en el lugar más adecuado. Una vez enjaulados, los animales se trasladarán a un cerramiento de aclimatación donde permanecerán hasta que, mediante los análisis necesarios, se confirme que están en perfecto estado de salud. «Sólo cuando tengamos la absoluta seguridad de que el animal está sano -comenta Allué- los soltaremos en su nuevo hábitat».

La previsión de la Dirección General de Medio Natural es soltar los primeros ejemplares capturados en distintos espacios de la Sierra, entre el embalse de El Atazar y Somosierra, donde los estudios ya realizados confirman que en esta área vivieron cabras monteses antaño y que, por lo tanto, constituye una zona ideal para su establecimiento.

«Exportarla» a otras regiones

Además de La Pedriza, también se ha detectado la presencia de este animal en el Parque Natural de Peñalara. En concreto, en este año se han contabilizado 65 ejemplares en la zona de los Hoyos de la Alameda (Alameda del Valle). Dichos ejemplares proceden de la expansión de una reintroducción en Castilla y León. Tal cantidad de ejemplares ha llevado a los responsables autonómicos a estudiar la conveniencia de ofrecer esta especie a otras Comunidades.

El Ejecutivo regional, en este caso, se ha marcado como objetivo «exportar» unos doscientos ejemplares a espacios adecuados de otros territorios de España. Para ello, han mantenido ya varios contactos con otras administraciones regionales.

Somosierra y La Pedriza llevaban casi dos siglos sin contar con la presencia de la cabra montés en su ecosistema. La ganadería excesiva y la sobrecaza fueron las causas principales que provocaron la extinción de una especie tradicional en la Comunidad de Madrid. De hecho, en la Cueva de El Reguerillo (Patones), cerca de la zona que la Consejería de Medio Ambiente ha elegido para la reintroducción, se han encontrado restos de «Capra ibex», especie antecesora de la «Capra pyrenaica» que data del Pleistoceno Superior.

En general, la cabra montés es propia de la Península Ibérica. En la actualidad, además de la «Capra pyrenaica victoriae» sobrevive la «Capra pyrenaica hispanica». La distribución de esta última se concentra en la parte meridional y oriental de España y tiene especial arraigo en las provincias de Granada, Málaga y Almería. Su desaparición en las poblaciones de Portugal y Pirineos ha provocado el declive de dos subespecies ibéricas, como son la «Capra pyrenaica pyrenaica» y la «Capra pyrenaica lusitanica».

Aunque viven en manada, machos y hembras permanecen separados durante todo el año, a excepción de las épocas de celo. Los ejemplares más fuertes desarrollan, entonces, espectaculares combates por el control del resto de la manada, lo que también les da prioridad para reproducirse. Los grupos más estables los forman aquellos que tienen una o dos hembras con su descendencia anual. Las manadas de machos, por su parte, pueden llegar a los 150 individuos, mientras que su esperanza de vida, a los veinte años.